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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Diente de Alba (3136 m) por luiso -- 10/07/1995
Vía: (De la Renclusa a Puen de Coronas, por Alba y Cregüeña.) --
(4298 visitas)
  • Desnivel: 1350
  • Hora de salida: 0
  • Hora de llegada: 0
  • Meteorología: Mixto
  • Dificultad: Bastante facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Diente de Alba  (3136 metros)
De la Renclusa a Vallibierna, por Alba, Cregüeña y Coronas.
De la Renclusa a Vallibierna, por Alba, Cregüeña y Coronas.
Cruzar el Macizo de la Maladeta de norte a sur permite tocar un puñado de tresmiles, al tiempo que se recorren algunos de los parajes más espectaculares de la cordillera. Los picos a visitar dependerán de los collados elegidos y las opciones son numerosas. Para esta vez, escogí dos cimas poco notorias, el Diente de Alba y Le Bondidier, junto con el Aragüells, gran pirámide que culmina la cresta más desarrollada de la vertiente sur. Además, para los curiosos, la ruta casi coincide con la aproximación de la primera ascensión al Aneto: pasaron por los mismos collados hasta que, al entrar en la cuenca de Coronas, se fueron hacia arriba.

El texto y fotos de las cuatro ascensiones en cresta (Diente y Muela de Alba, Le Bondidier y Aragüells) son los mismos, siendo una única ruta. Si el contenido está guardado varias veces es sólo para facilitar las búsquedas.

SITUACIÓN:
  • Unidad: Macizo de la Maladeta.
  • Base de partida: Benasque (Huesca).
  • Cartografía: Ed. Alpina, hoja digital “MALADETA”.

FICHA TÉCNICA:
  • Desnivel acumulado : 1.300 m de subida y 1.500 de bajada.
  • Cota mínima / máxima: 1.970 / 3.146
  • Tiempo en movimiento: 9h15
  • Dificultad: PD. Trepada por cresta de bloques con poca exposición (II). Travesía por neveros muy inclinados y posible presencia de hielo sobre Cregüeña.
  • Material: Piolet y crampones.
ACCESO: Benasque está a 140 km de Huesca, por Barbastro y Graus; puedes calcular un itinerario desde tu lugar de partida en el siguiente link a la Guía Michelin. La carretera que remonta el Valle del Ésera está cortada durante el verano unos 5 km antes de la Besurta, pero hay autobuses que llegan allí. Por otro lado, al Puente de Coronas se llega también saliendo por la carretera del valle y desviándose a los 6 km, en el Plan de Senarta, a tomar la pista de Vallibierna que, al cabo de unos 12 km de piedras y baches asumibles, nos deja junto al pequeño refugio abierto. Pero, en julio y agosto, sólo se puede subir el valle en autobús. Claro que esta doble restricción tiene una ventaja: permite enlazar ambos extremos de la ruta sin tener que volver a cruzar el macizo, caminar durante kilómetros por carretera o disponer de dos coches. En el siguiente link a la web de la empresa concesionaria puedes encontrar información de horarios y precios.

ITINERARIO: Refugio de La Renclusa - Lagos de Paderna - Glaciar de Alba - Diente de Alba - Collado de Alba - Collado Cordier - Pico Le Bondidier - Collado Cordier - Ibonet Cordier - Collado de Cregüeña - pico Aragüells - Collado de Cregüeña - Lagos de Coronas - Puente de Coronas.

COMENTARIOS: La ruta en sí es una caminata considerable pero sin otra dificultad reseñable que la poquita de la cresta al Le Bondidier. El flanqueo de la parte superior del Circo de Cregüeña no tiene desperdicio y suele hacerse en la más absoluta soledad... la sensación es bestial. Respecto al paso por los picos, no sería imprescindible pero quedan tan a mano... Pasé la cresta por el Diente de Alba porque es el que tiene acceso más fácil por las dos vertientes. Subí Aragüells porque no lo había hecho antes y pillaba de paso. Y toqué en Le Bondidier... no sé por qué... quizá por usar un poco las manos (ya lo conocía de antes y ni la subida ni las vistas son gran cosa).
Esta ruta es la segunda parte de un bonito itinerario circular en dos etapas, que, aparte de ser fascinante en conjunto, resuelve la cuestión de unir los puntos de salida y llegada. El día anterior había salido del Puente de Coronas y atravesado el macizo, subiendo la arista sur del Aneto, que incluye las agujas Escudier y Daviú, y visitando la Espalda, además de la cúspide del Pirineo; la bajada a la Renclusa la efectué por la vía normal. En el siguiente enlace, puede verse una descripción de esa etapa previa de esta ruta.

DETALLES: Para ir al Diente de Alba, salí del Refugio de la Renclusa hacia el oeste, por un sendero estrecho pero muy marcado que remonta el torrente que baja de los Lagos de Paderna por su orilla derecha (S). Tras sobrepasar los lagos por su orilla meridional, entré en un pequeño caos de rocas, que pasé siguiendo hitos, y fui girando poco a poco hacia el suroeste al tiempo que atravesaba un terreno de prados pedregosos en suave pendiente. Habiendo salido temprano de la Renclusa, como impone lo largo del camino, por aquí me alcanzó el sol, que llevaba rato haciendo brillar las nieves del Glaciar de La Maladeta, a mi izquierda, y las Paredes de la cresta de Paderna al otro lado.
A la altura del Pico de Paderna, la pendiente se acentúa para remontar una loma poco marcada que proyecta el Diente de Alba al norte. Al llegar a lo alto de la misma, busqué a mi izquierda (S), y encontré, una hilera de hitos que se aparta de la que iba siguiendo. Los seguí, remontando la lomita mencionada por terreno cómodo, alternado hierba, lajas de roca y algunos neveros, que se fueron haciendo más frecuentes y extensos a medida que ganaba altura. En esta zona, la vista queda limitada por la forma del terreno y, de las grandes cumbres de los alrededores, sólo el Tercer Occidental se deja ver, mientras que el Glaciar y las crestas de La Maladeta quedaron ocultos hace rato por su espolón norte y, por otra parte, la propia rasante del monte impide distinguir las cumbres de Alba, hacia donde dirigía mis pasos.
Al rato, cuando empieza a reaparecer el Diente de Alba, pude ver en su cara norte, a la izquierda de la cumbre, una rampa de tierra y piedras que sube en diagonal a una horcada en cresta. Tras ascender hasta ella, gané la cumbre, pocos metros a la derecha, caminando por la cresta amplia y pedregosa. La vista hacia el oeste es magnífica aunque no tan espectacular como desde el Pico de Alba, que tapa los valles, dejando ver sólo las crestas del vecino Macizo del Perdiguero. Al este, estando muy cerrada por los Occidentales y la cresta del Pico Le Bondidier, es corta pero “de ambiente”, como todo en la ruta de hoy.
Desde el Diente de Alba, llegué a la vecina Muela volviendo hasta la horcada donde había ganada cresta y siguiendo unos pocos metros más allá, siempre caminando por el ancho lomo pedregoso. No invertí más de cinco minutos en la hazaña.
Desde la Muela de Alba, puede verse al sur y un poco al este el siguiente objetivo del día, el Pico Le Bondidier, destacado a la derecha de la cresta principal del macizo, y todo el camino hasta alcanzarlo. Para ello, primeramente bajé al rellano que se extiende al sur de la divisoria, hacia los 3.000 m. de altitud, siguiendo la ancha cresta al sureste y derivando a la derecha, cuando el terreno lo permite, para terminar la bajada por una rampa pedregosa, sin llegar a alcanzar el Collado de Alba. Una vez en dicha plataforma, caminé en derechura hacia el Collado Cordier, encontrando enseguida los hitos que se dirigen a él desde el de Alba. El terreno es uniforme y llano, mezcla de pedrera y neveros, y da igual pasar por uno u otro sitio pero los cairns no son mala compañía en estas soledades. Antes de llegar al pie del collado, me desvié a la izquierda para ganar altura suavemente por la ladera de ese lado y dulcificar la subida a la horcada que acabé alcanzando en diagonal, con menos trabajo que si me hubiera metido en la vaguada.
Una vez en el Collado Cordier, me dirigí al Pico le Bondidier por el obvio camino que marca la arista horizontal en cuyo extremo se levanta. Concretamente, pasé por su vertiente occidental, donde una cornisa estrecha me condujo hasta la vertical de cumbre. Fui todo el rato apoyando las manos pero es muy fácil. Finalmente, gané la cima con una corta trepada (II- / 8 m.) por bloques. Lo peor, que la roca es muy insegura.
Desde el Pico Le Bondidier, volví al Collado Cordier por el mismo camino. Una vez en la horcada, bajé al suroeste, por un nevero de suave pendiente, al Lago Cordier, íntegramente helado ese día. Este es un lugar poco visitado e impresionante: a la izquierda, la cara más agreste de La Maladeta; al frente y a la derecha, el gran agujero de Cregüeña abrazado por la cresta que va de Estatás al Maldito... magnífico... ¡Y para mí solo!
Bien, empieza la parte más salvaje de la ruta. En primer lugar, se trata de cruzar el Circo de Cregüeña hasta alcanzar el collado del mismo nombre, bien visible al otro lado del gran hueco, procurando perder la mínima altura posible. Empecé remontando una morrena hacia la izquierda, hasta alcanzar una pequeña cubeta glaciar que hay entre los picos Cordier y de La Maladeta. Desde ese lugar, avancé en horizontal hacia la base del espolón que tira ese último pico al suroeste. Aquí, un Nevero inclinado me permitió rodear con comodidad, entre la pared y unas lajas muy inclinadas, el espolón citado. Fui a salir al pie de la pared que cae del Collado Maldito... No tengo palabras: hay que ir. Desde ahí, atravesé prácticamente en horizontal el gran cuenco que me separaba del Collado de Cregüeña, recorriendo neveros inclinados entre la roca y el agua. Tras un buen rato de ir hundiendo medio pie en la nieve, bajo el Pico Maldito pisé en duro y pegué un patinazo que, si no llega a ser por el piolet, no paro hasta el lago... Cuando me recuperé del susto, me puse los crampones por si acaso. Ojo a las placas de hielo en este tipo de sitios.
Llegando al Collado de Cregüeña, me cerró el paso un espolón rocoso que baja de la Aguja Juncadella. Lo rodeé por abajo, caminando junto a la roca, ya por pedrera. Desde la horcada, unos hitos recorren la cresta, ancha y pedregosa, hacia el oeste. Siguiéndolos alcancé la cumbre del Aragüells sin apoyar para nada las manos. Una vez arriba, volví al collado por el mismo camino.
Para llegar al Puente de Coronas desde el Collado de Cregüeña, no tuve más que seguir los hitos que marcan la ruta normal del pico por ese lado. Empecé bajando al sureste por una canal de pendiente media, rodeé el Lago del Medio por el sur y seguí el torrente, por una zona algo más estrecha, hasta alcanzar el Ibón inferior. A partir de aquí, sólo hube de continuar junto al agua, mientras la pintura empieza a acompañar a los hitos para marcar el camino. Poco más abajo, aparece ya la hierba y, con ella, la senda se marca más aún. Llegando al Ibonet de Coronas, aparecen los árboles y la cosa adquiere la categoría de camino. En suma, que no hay pérdida, a poca atención que se ponga a hitos y marcas. Y así llegué al Puente de Coronas y al coche (entonces aún se podía subir en vehículo particular) justito, justito para que por minutos no me pillara al descubierto el tormentón que llevaba formándose un buen rato sobre el Aneto.

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