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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Aguja Cadier (3022 m) por Bucuesa -- 28/06/1992
Vía: (Cima de la Frondiella Norte, Collado Cadier, Arista Sur Cima del Anónimo. Vuelta a Frondiellas, Cara Noroeste, Ibones de Arriel, Barranco de Arriel y Llano Cheto.) --
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  • Hora de salida: 11
  • Hora de llegada: 17
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Bastante facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Aguja Cadier  (3022 metros)
Mapa del Anónimo procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
Mapa del Anónimo procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
ANONIMO O AGUJA CADIER.

Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Estamos en la Cima de la Frondiella Norte a 3068 metros de altitud y son las once de una mañana espléndida.
Yo quiero ir hasta el Anónimo pero a Rosa no le apetece, lo conoce y no quiere perder tiempo por lo que se queda allí mientras que yo me voy sin nada en busca de la Aguja Cadier.
Rodeo un gendarme por mi derecha o este, e inicio un destrepe mixto para tomar una laja lisa cubierta de nieve en la que clavo pies y brazos hasta el codo como forma de asegurar el paso, lo que me permite acceder al collado de separación, vestido de nieve blanda tras pasar la parte inferior de la misma cubierta con algo de hielo.
Recorro incómodamente el collado fuera de la cresta pues no he podido localizar las posibles cornisas ni tampoco llevo piolet para tantear y me incorporo a la cresta para rodear un pequeño gendarme, también por mi derecha y hacer sin piolet el finísimo tramo de cresta que queda para terminar con el collado.
De allí para arriba queda una trepada corta y conocida que permite acceder a la Cima del Pico Anónimo o Aguja Cadier a 3022 metros de altitud.
Se me ha ido media hora y otro tanto se me irá de vuelta. En la cima me tomo un descansillo a la vez que contemplo la movida sobre el Balaitus desde este incomparable pináculo.
Deshago exactamente el mismo camino y a las doce estoy de nuevo con Rosa que se ha quedado con intención de descansar al sol, pero al final se le ha hecho fresquillo. El día está estupendo pero no para tomar el sol en las crestas.
Nos vamos inmediatamente para abajo por el mismo camino que hemos traído a la ida hasta el estrangulamiento. Nada más pasar este, nos vamos en horizontal por nieve profunda en la que enseguida nos hundimos casi hasta la cintura, en busca de un acceso adecuado para alcanzar de nuevo la cresta y alcanzar el Pico Sudoeste de las Frondiellas pero el asunto no está nada fácil.
La cresta está defendida a lo largo de un buen tramo por un resalte liso y vertical, no excesivamente potente pero si suficientemente disuasorio. Por tanto, continuamos hacia adelante en horizontal, paralelos a la pared en busca de acceso, sobre una cada vez más inclinada pala
de nieve.
Rosa refunfuña un poco más que al principio: “Para qué queremos ir hasta allí.”
El Límite sur de la pala nevada se yergue decididamente pero es precisamente por allí, por su extremo oeste, por donde parece posible el ascenso.
La pared está tan inclinada y la nieve es tan profunda que difícilmente podríamos ganar altura pues en horizontal avanzamos haciendo trinchera más que huella y para colmo alcanzamos una zona de lajas lisas que complican definitivamente el asunto.
Me adelanto para alcanzar una especie de fino risco para ver si nos permite la trepada hasta la cresta y me encuentro con que se trata del lateral de un estrecho corredor cubierto en su fondo por hielo que igual nos permitía el ascenso, pero hay un par de problemillas: primero que para alcanzarlo hay que atravesar cuatro metros sobre una laja imponentemente tiesa, desnuda, húmeda y sin presas seguras, por el risco no se puede subir y segundo, el corredor que no tendrá más allá de 30 metros se corta bruscamente en su parte inferior ofreciendo un pasaje de primera clase para el cielo.
La decisión es por tanto ineludible, me vuelvo para atrás sin ni siquiera darme la vuelta, con infinitos cuidados sobre la laja pues puedo tomar un peligroso camino en el caso de que me ceda la nieve en bloque provocando un pequeño alud, algo que parece anunciarse delicadamente, o así me lo parece a mí.
Acabo la historia al salirme de la placa y nos volvemos sobre nuestros propios pasos hasta abandonar la zona más inclinada de la pared. A partir de allí nos vamos para abajo un poco de frente, fuera de la huella, en busca de una larga pala que se inicia poco más abajo para bajarla sobre un saco de plástico pues a mi esposa le empiezan a gustar estas lindezas.
Hacemos un “culembajen” de alrededor de 300 metros y dos bastante más cortos para terminar hartos de agua. Cuando la cosa ya no va más estamos en el Collado Wallot.
Nos embarcamos un poco pues queremos alcanzarlo un poco más arriba de lo conveniente y después de dar alguna vueltecilla alcanzamos el Barranco de las Frondiellas bajando por el corredor paralelo al que hemos utilizado a la subida.
A buen ritmo nos sumergimos en la Cubeta de Arriel contemplando un par de tiendas acampadas que suponemos serán de los que han subido a Balaitus y deducimos que el perro que oíamos a la subida sobre el Collado de Arremoulit debía ser de ellos y que lo habían dejado atado para que no los siguiera.
El cielo se ha ido cargando poco a poco y se ha levantado algo de viento frescacho. En un pequeño abrigo junto al camino, en medio de la cubeta lacustre, nos paramos a comer pues son las dos y media.
Le dedicamos al asunto media hora, tiempo que empleará el tiempo para arreglarse tan rápidamente como se ha estropeado.
Continuamos para abajo a buen ritmo y alcanzamos el Llano Cheto bajando por el Lecho del Barranco de Arriel. Se trata de un descenso de aproximadamente 100 metros de desnivel, que inician bastantes por lo que se deduce y del que desertan también bastantes por lo que se ve sobre la marcha. Se trata de un destrepe bastante vertical, mixto de tierra, hierbas largas, roca poco firme y algunos arbustos o pinos pequeños, que requiere imaginación y paciencia, lo primero para encontrar el camino posible y relativamente fácil y lo segundo soportar los gruñidos y quejas de mi señora. Terminamos bajando por un estrecho corredor, al este del barranco, justo para recoger la naranjada que habíamos dejado en el barranco a refrescar a la subida.
Son las cuatro y cuarto cuando nos metemos en el hayedo agradeciendo la fresca y profunda sombra. Sobre las cinco estamos de nuevo en La Sarra en medio de una tarde absolutamente veraniega. El 28 de Junio del 92 ha dado juego.
Nos cambiamos de calzado, echamos un trago de agua en la fuente y tras echar una ojeada a la casa de Pedrito Alamañac en Sallent nos bajamos hasta nuestra casa cuando son poco más de las seis.
Sobre la hierba del jardín y a la sombra de la casa nos echamos a retozar un rato. Se está divinamente después de los 1730 metros subidos y bajados. Nos ha faltado únicamente el peso sobre nuestras costillas.

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