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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Antenas de Berroy (1623 m) por klaus -- 07/11/2017
Vía: (Lardiés) --
(107 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 16
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Antenas de Berroy  (1623 metros)
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
En excursiones pasadas por el entorno de Fiscal siempre me había llamado la atención una montaña coronada por unas antenas y conocida como Berroy. La intriga de saber cuán lejos abarcaría la mirada estando allá arriba llevome a buscar una forma de subir a la misma. Usando la lógica: la instalación de las antenas ha de conllevar una pista de acceso para su mantenimiento, así que era cuestión de buscar en el visor del satélite hasta dar con ella. Sale del pueblo de Bergua, en la cara norte de la montaña, con el típico recorrido pesado a base de amplias lazadas, una alternativa larga y poco atrayente como ruta de ascenso que anima a investigar otras vías pedestres. Busqué caminos en los mapas, pero los mapas de esta parte del Serrablo parecen desfasados, no aportan una información actualizada y al detalle como para aventurarse sólo con su ayuda. Tampoco encontré una guía en la librería que incluyera la excursión concreta que tenía en mente... La indecisión me consumía. Ya estaba dispuesto a enfrascarme en la ardua tarea de investigar la cartografía vieja de las bibliotecas, o incluso a tomar la medida desesperada y terrorífica de preguntar a los vecinos de la zona hasta que me percaté de que estamos en el siglo 21. Los viejos caminos que empleaban arrieros y gentes de los pueblos no han desaparecido del terreno, ahora están en la superficie insondable de internet, la vegetación los podrá borrar del monte y acabar perdidos con el paso del tiempo, pero siempre tendrán su sitio en el mundo virtual y un buscador que los encuentre. Así, sin salir de casa ni molestar a nadie, supe de unas sendas que parten del pueblo de Lardiés y ascienden a lo alto de la montaña tras pasar por la aldea abandonada de Berroy.

DATOS TÉCNICOS:
-Lardiés a 900 metros de altitud.
-duración, sobre las 5:30h en total.
-desnivel, 800 metros de subidas y bajadas.
-Berroy, antenas, a 1623m.

DESCRIPCIÓN:
al pequeño pueblo de Lardiés se accede por una oreja de la nacional 260 en las inmediaciones de Fiscal. Hay varias casas rurales con sus aparcamientos de uso privado que obligan a los recién llegados a buscarse la vida para dejar el automóvil. Sitios libres quedan al margen del vial, pero quien sus escribe prefirió dejarlo en la citada oreja. Son poco mas de doscientos metros de distancia hasta el pueblo y de esta forma aseguré no perturbar la intimidad de ningún vecino. Desde la supuesta plaza de la aldea, al otro lado de la iglesia parroquial, parte un camino encajado entre dos fachadas de mampostería. En la fecha de esta descripción no había señal alguna que indicara el comienzo de la ruta, algo inusual, extraño, y casi denunciable en la provincia de Huesca.

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Tuve la fortuna de acertar a la primera con el camino adecuado que pasa entre viviendas privadas y chaletes. En una de las puertas de acceso a una finca colgaba una señal de intimidación perruna que no dio la cara y sólo ladrome. Se veían herramientas y útiles de construcción , como una hormigonera en una campa y un martillo reposando en una baranda al lado del camino que llega a una fuente-abrevadero. El entorno de la ribera del Ara formado por campos y salpicado de naves ganaderas muestra cómo se ganan el sustento los vecinos de la zona. La senda deja de lado un huerto y asciende pegada a una alambrada.

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Al acabarse el vallado junto a una portilla de acceso a la finca, el sendero prosigue bien marcado y en subida. Entre el follaje de los quejigos aparece el largo murallón de la Peña Canciás, omnipresente y referencia montañera durante la mayor parte del recorrido. Hay mojones de piedras que nos llevan hasta la línea del tendido eléctrico, cuyos postes y cables entorpecen la visión frontal hacia los campos de la ribera del Ara.

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El cortafuegos abierto bajo la línea de postes de luz aparecía aquella mañana como el reto a superar en el siguiente tramo de la excursión. Por suerte la incertidumbre se resolvió al proseguir el camino por la derecha de la fuerte tiradera, sin acometer la rampa que conllevaría un esfuerzo demasiado exigente y repentino. El camino avanza en diagonal entre viejas terrazas separadas por tapiales, y pasa al lado de una fuente-abrevadero del que manaba un reguero para suministrar agua a una manguera.

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No esperada dar con un camino tan claro y limpio de subida al pueblo de Berroy, previendo una brega mas azarosa con el matorral reinante. Por contra la senda alcanza sin ningún dolor la pista que corta a media ladera la falda de la montaña, justo al lado de una curva cerrada por donde prosigue nuestro recorrido. Desde el mismo ángulo de la curva arranca una trocha en ascenso muy evidente, y aunque este día no estaba señalizada con mojones de piedras, como sí ocurría en el cruce anterior, la subida final al pueblo se acomete por esta nueva pista flanqueada de pinar y quejigos.

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La recta en subida se torna mas pronunciada en su parte final, tras pasar junto a un quejigo robusto y a una borda en ruina como distracciones mas notorias. Al final de la cuesta habrá que fijarse en unas pinturas de color amarillo sobre un murete de piedras, en un desvío a tomar que nos aleja del carril y se adentra de lleno en las barricadas de zarzas que defienden Berroy.

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Las pinturas de color amarillo sortean con tino la espesura de lianas y zarzas que envuelven las primeras casas de Berroy, y al llegar a la esquinera de una antigua borda se dividen en dos ramales. Para cada camino hay dibujada una flecha y un nombre sobre las piedras sillares, con la opción de tomar para la pardina de Asue o hacia el camino de Os Tisos. Tal detalle de señales fue una sorpresa grata pues aun sabiendo de la existencia de ambos senderos, la presencia de las marcas confirmaba el buen rumbo hacia las alturas de Berroy, siguiendo en este caso la flecha de Os Tisos. Ignoro a qué alude este nombre pero la senda atraviesa con decisión los prados y las casas de Berroy, dispuestos unos y otras sin orden aparente por una ladera de solana bien agradable en los meses fríos de invierno. La otra variante de la pardina Asue queda en futuribles, con la posibilidad según reseñas investigadas y tras observar el mapa de efectuar una circular con el suplemento de ascenso a la cima de Berroy. Quizás mucha pista; ya se verá...

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Desde abajo son trescientos metros de subida y casi una hora para llegar a Berroy, y aquella mañana no me distraje en curiosear los detalles y secretos que de seguro guardan las ruinas del pueblo. Centrome en el sendero de pinturas amarillas que llanea junto al elemento característico del trayecto por venir. El muro de piedra seca o tapial recorre en hiladas casi toda la ladera sur del monte de Berroy, formando un paisaje de gran atractivo y típico de las faldas escalonadas del Sobrepuerto, en bancales que servían para aprovechar la mínima porción de terreno cultivable.

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El tamaño de las paredes que lindan con la senda supera a todo lo visto por mi parte en este tipo de construcciones. Al menos no recuerdo semejante altura, en muros formados por piedras alargadas y dispuestas en horizontal, con la salvedad de un bloque de roca empotrado que podría esconder el sarcófago de Mentuhotep II. Al contornear un barranco de la ladera se descubre un conjunto de bancales orientados en solana, en una imagen bella y armoniosa con el medio natural que tal vez hayamos perdido para siempre.

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No llegan al primor y elegancia de otras laderas en bancales de la provincia de Huesca, como las del entorno de Otal o Ainielle, y en especial las espuenas de Bestué(patrimonio mundial), pero adornan este camino a las que sumar las virtudes de ir en solana( ideal para realizar la excursión en los meses de invierno), la de momento escasa pendiente en subida, y un paisaje diáfano al valle del Ara y al frontón de Canciás.

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El sendero cruza una barranquera, seca este día, y mas adelante sobrepasa una cuerda a modo de portilla ganadera. A partir de ahora la pendiente en subida se incrementa, con tramos de umbría bajo el pinar, y una cuesta pindia entre bojes que sale a una campa despejada de buena vista.

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El sendero se orienta hacia el cordal del Berroy mediante una lazada amplia, con la antena sobresaliendo del relieve plano de la montaña y todavía bastante lejana con respecto a nuestra posición. El largo rodeo a media ladera nos ha distanciado del objetivo de la ascensión, pero no queda otra que seguir la traza del camino dada la espesura y lo compacto del matorral de esta vertiente sur. Cotiella y Peña Montañesa asoman en el horizonte mientras llegamos a un conjunto de bordas y tapiales abandonados, a punto de salir al hombro de la montaña.

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El camino termina sobre un prado alargado donde se abren las vistas a otras estribaciones del Sobrepuerto, con las sierras de la Partacua y Tendeñera cerrando el horizonte.

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Paraje acogedor de campos y tapiales, con alguna borda todavía en pie de esta antigua majada pastoril en la que reposar de la subida y tomar un refrigerio.

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El sendero muere en la pradera sobre la que se alza la mayor elevación de la cuerda del Berroy. Un montículo vestido de matorral y pinos que augura sufrimiento en ausencia de camino. No se intuye una vereda clara entre el manto de erizones para avanzar por el cordal, así que la opción segura consiste en tomar la pista que cruza en perpendicular por debajo del campo. Un trayecto suave, a ratos en bajada, por la cara norte del Berroy donde crecen hayas al resguardo de la umbría. En invierno casi no da el Sol por este flanco de la montaña y tal vez el piso del carril guarde nieve o hielo.

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Nuestro carril enlaza con otro mas ancho y carrozable para el tránsito de vehículos, todoterrenos que subirán en tareas de vigilancia ganadera, en batida cinegética, y los encargados del mantenimiento de las antenas. En ese empalme cruzaban aquel día unos terneros a los que estuve tentado de preguntar sobre la dirección a tomar, pero eran adolescentes ensimismados que ni saludaron. Aún así, el rumbo a seguir resulta obvio, pues la pista de tomarla en descenso nos llevaría al pueblo de Bergua mientras el ramal que prosigue recto asciende hacia las antenas del Berroy.

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El acceso rodado a los prados altos del Berroy está cuidado y provisto de ciertos lujos, como muestra el empedrado en las rodadas de la pista a fin de evitar patizanos de los coches. Hay una antena solitaria en el extremo norte de la pradera a la que no merece la pena acercarse porque el follaje de los pinos oculta el panorama. A cambio basta con ascender por el carril de acceso a la antena principal y de mayor altura, para de inmediato disfrutar de un paisaje soberbio hacia Ordesa y las Tres Sorores.

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La última lazada de ascenso a la plataforma de antenas resulta mas larga de lo esperado, sin atajos claros. La valla de la instalación guarda una cabaña de madera que parece tuviera usos de vigilancia forestal. Nada de particular y bonito tiene la infraestructura adjunta a un pararrayos, a cambio el panorama muestra un repertorio de valles y montañas vasto y agradecido.

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Por encima de la antena sale un tímido sendero que se interna entre las matas de erizón. Lo seguí un rato con intención de ver si había suerte y tenía su continuidad por el cordal, pero acabose pronto al morir en una pequeña campa. En frente se alza el montículo que supone la altura principal de Berroy, quedando para otro día con mas ganas de hacer el jabalí entre el matorral. Hoy tocaba disfrutar.

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Otero sobre las montañas del Ara, así se podría titular o resumir el paisaje desde el Berroy, pues se tiene una visión muy completa del curso alto de este ilustre río aragonés, desde que nace en las estribaciones del Comachibosa a su discurrir salvaje e impetuoso por la garganta de Bujaruelo, a los pies de las murallas de Ordesa, y de su navatera generosidad cuando se entrega al hermano Cinca.

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Hice la vuelta por el mismo trayecto de la subida descartando un posible retorno por la pardina de Asue, con la anécdota de ver en un par de ocasiones fugaces a un perro de caza salir escopeteado al notar la mia presencia. Tal comportamiento huidizo no debía hacerle mucha gracia al cazador que chuflaba en su búsqueda, y es que tras una batida a veces el perro listo no vuelve a la jaula y decide tomarse una excedencia en el monte durante un par de días. Supongo que después el hambre lo devolverá al redil y la jauría.

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