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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Aspe (2645 m) por Bucuesa -- 02/06/1988
Vía: (Puerto de Aisa Refugio de Saleras, Embudo y Lapiaz de Aspe, Cara Sur y Arista Sudoeste.) --
(68 visitas)
  • Hora de salida: 8
  • Hora de llegada: 16
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
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Aspe  (2645 metros)
Mapa de Aspe procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
Mapa de Aspe procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
ASPE.

Rosa Mª. Martínez y y Mariano Javierre.

Cuando desde alguna atalaya adecuada se enfoca la mirada más allá de Collarada hacia occidente, al otro lado del Valle de Canfranc, llama poderosamente la atención un grupo de tres cimas antes de llegar a una gran cima alomada que es el Bisaurín. Más allá, casi perdido en el infinito aparece la Pirámide del Anie. Son el Aspe o Pico de la Garganta de Aisa, la Llena de la Garganta y la Llena del Bozo.
Cuando en Mayo del 87 nos aceramos al Valle de Aisa nos llamaron poderosamente la atención; hoy, 2 de Junio, un año después, nos decidimos por el más alto y oriental de los tres: el Aspe.
El día sale bueno, casi veraniego en una primavera fundamentalmente lluviosa. Nos hemos levantado temprano y a las siete estamos en el coche. Por el Puente de San Miguel dejamos Jaca, Guasillo, Caniás, Novés y Lastiesas para llegarnos a Aisa. Luego, carretera arriba a las ocho estamos en la portera que cierra el acceso al valle para vehículos y donde termina también la carretera.
Estamos a 1500 metros de altitud, cogemos las mochilas y por camino muy marcado entre bojes, nos vamos valle adelante con el Estarrún a nuestra derecha.
Enseguida se abre el valle y el camino se acerca al río para dejar a nuestra izquierda el Refugio Forestal de Saleras, de buen aspecto por cierto y pasamos a la orilla izquierda del río donde nace un espolón herboso que suavemente se va elevando en dirección norte en busca del pico que desde aquí no se ve.
Ganamos altura fácilmente transitando la parte este del espolón en principio para proseguir por la parte alta a fin de tener mayor campo visual. Vamos buscando un abrevadero que nos han anunciado como la llave del camino pero nos han debido de informar con poca exactitud pues tenemos certeza de estar en el camino y sin lugar a dudas, por el tiempo que llevamos andando tendría que haber aparecido ya.
Al fin aparece sobre los 1800 metros de altitud y a nuestra derecha el inconfundible y pedregoso embudo sentado sobre un nevero primaveral y a la derecha del mismo una cueva reconocida con la satisfacción de sentirnos en el camino pues cuando volvamos a tener dudas, el pico será visible ya.
Superado el nevero y el pedregoso y descompuesto embudo seguimos por fuerte pendiente en la que paulatinamente va desapareciendo la pradera para ser sustituido por pedregal calizo bastante descompuesto. Nos calentamos bastante pues además el sol, que ha madrugado bastante, nos acompaña desde la salida.
Poco más arriba la pendiente se hace clemente y ganamos los llanos a la vez que entramos en una zona cubierta por la nieve, estupenda para caminarla. Nos encontramos a 2300 metros de altitud.
Atravesamos los llanos por su borde este junto a la pared de un escalón rocoso importante que nos separa del camino que conduce al Paso de la Garganta de Aisa en dirección a Tortiellas.
Contemplamos desde aquí el pico: una loma blanca y alargada que poco o nada tiene que ver con la imagen de diente de sierra que guardamos del mismo visto de desde tantos sitios
Vamos en busca de la Cresta Sudoeste subiendo ahora neveros pendientes; el corredor sur, conocido como el Tubo que arranca de debajo del nivel que transitamos nos indica el camino.
Llegamos al collado sudoeste que está a 2550 metros de altitud e iniciamos el fuerte aunque fácil nevero de la amplia cresta que nos llevará sin ninguna dificultad a la Cima del Aspe.
Estamos a 2645 metros, hemos empleado tres horas y cuarto en subir los 1150 metros de desnivel y aquí está el vértice geodésico, alguna placa de recuerdo y un minúsculo Portal colocado por algún grupo de militares, posiblemente salidos de Rioseta según reza la inscripción.
La mañana es estupenda y el panorama también lo es: al sudeste tenemos la Alineación de la Partacua, un poco más al norte Rioseta, Tortiellas, Tobazo, Astún; Tuca Blanca y Estanés defienden los Pirineos Franceses; al oeste la continuación de la Partacua con las Llenas de la Garganta y del Bozo; al sur queda del valle de donde hemos venido y por donde hemos de volver, dormido plácidamente en la somnolienta y caliginosa mañana de un final de Primavera absolutamente encantador. Además durante el ascenso nos han vigilado los Mallos de Lecherines y el Sombrero, el encanto de la montaña nos es privativo de ningún lugar en concreto, es atractivo propio de la montaña del que algunos tenemos el inmenso placer de poder gozar.
Junto al vértice geodésico comemos algunas cosillas y bebemos agua y paisaje hasta hartarnos. Luego se hace casi la una y hay que volver.
Iniciamos el descenso y nos cruzamos con algunos montañeros que suben con el ahogo clásico del desnivel incrementado por el calor que el sol regala a estas horas mientras nosotros bajamos plácida y distendidamente.
Salidos de la nieve, buscamos la sombra de algún bloque errático asentado sobre el canchal. Agradecemos la sombra cuando el sol decididamente molesta nuestros ojos. Comemos, descansamos y hasta tomamos el sol con la cara cubierta.
Son las tres menos cuarto cuando reemprendemos el camino. Bajamos el Embudo y el nevero que se deshace a todo trapo y descendemos la loma que nos conduce al río mientras contemplamos caminantes que van río arriba en dirección al todavía lejano Collado del Bozo.
Cruzamos el río y nos acercamos al refugio. No está muy cuidado pero al menos parece limpio.
Son las tres y media pasadas cuando llegamos al coche, es muy buena hora.
Antes de llegar a Aisa nos encontramos con Ramón Rivallo que pasea por la carretera a pecho descubierto con la guardia personal de abuelas nuera y nietos. Les damos agua y continuamos para abajo Luego pararemos en Esposa, un pueblecito asentado en la solana en medio de una tarde con decididos aires veraniegos.
A las cinco estamos de nuevo en casa después de haberle dado otra dentellada al Pirineo, uno de nuestros manjares preferidos.

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