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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Besiberri N (3014 m) por julian -- 21/07/2011
Vía: (Desde la Restanca, por la brecha Peyta) --
(862 visitas)
  • Hora de salida: 8
  • Hora de llegada: 19
  • Meteorología: Nublado
  • Dificultad: Bastante dificil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Ver panorámicas
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Besiberri N  (3014 metros)
Llegamos ayer al Refugi dera Restanca desde el embalse de Cavallers, en una minitravesía de dos días que nos llevará hoy de vuelta a Cavallers por un camino menos transitado: la cuenca del Estanh de Mar hasta la Bretxa d´en Peyta para bajar por el Barranc de Malavesina hasta la pleta de Riumalo. Ayer aprovechamos el paso por el Coll de Crestada para ascender al Montardo –cercano aunque muy prominente sobre el collado-, y hoy intentaremos también el Besiberri Norte tras enlazar con su ruta normal por Malavesina después de la brecha Peyta.

Al día siguiente todavía tenemos prevista la ruta circular de Punta Alta, en nuestro caso en sentido contrario a las agujas del reloj (subida por el Barranc de Comalesbienes y descenso por el Estany de Roca y la Vall de Colieto). Un plan para tres jornadas completas, con base en el aparcamiento de Cavallers, que atraviesa en los dos sentidos la divisoria de aguas principal del Pirineo entre Arán y la Vall de Boí, e incluye Montardo, Besiberri Nord y Punta Alta, tres de las cumbres más representativas de la zona, dejando para otra ocasión Besiberri Sud y Comaloforno.

Entre sus inconvenientes, el panorama un tanto reducido en las dos noches de parking al pie de la presa, y lo bien que nos hemos aprendido el paseo junto al enorme pantano, 40’ ni más ni menos, recorridos -en uno u otro sentido- en tres ocasiones. Algo que tenemos que agradecer en parte a la normativa de vivac absurdamente restrictiva del PRUG del PN de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. O quizá no tan absurda, si tenemos en cuenta la saturación y dificultad de reserva de los refugios incluidos en el masificado circuito Carros de Foc. No resulta fácil de entender por qué este uso preferentemente comercial de unas instalaciones -privadas al fin y al cabo- no se ve compensado, sino todo lo contrario, por una regulación pública a favor de una actividad tan tradicional como el vivac en alta montaña...

El caso es que en la Restanca sí que habíamos podido reservar, al precio de 41 € la media pensión (4 € menos para federados no catalanes), en el duro catre de la habitación de invierno. Llevamos crampones y piolet, los únicos que vimos en el refugio, para el acceso a la brecha Peyta, orientado al norte en una pequeña vaguada. Tenemos además que dar buen ejemplo a Adrián, que nos acompaña en su primera excursión pirenaica antes de empezar en la universidad, para ver si le gusta esto de subir montañas...

Los crampones no resultarían al final imprescindibles, aunque la cosa hubiera sido distinta unas semanas antes o en un año menos seco. El principal problema que nos encontramos en el corredor de la brecha fue la pendiente muy fuerte y descarnada por encima del nevero, salpicada por pequeños escalones de una roca desecha. Todo ello nos obligó a extremar las precauciones, pegados a la pared izquierda, hasta asomar con alivio a la otra vertiente. Hubiera sido bastante desagradable tener que bajar de vuelta por aquí.

Llevamos también cuerda y un mínimo equipo de escalada para el último hectómetro de la ruta normal del Besiberri N por el este, una trepada mantenida no siempre evidente y en algún punto expuesta, cuya dificultad para el excursionista medio pueda tal vez verse subestimada, teniendo en cuenta la elevada proporción de escaladores que la ascienden como paso previo al recorrido completo de la cresta.

La cresta cimera parece un diente aplanado y asimétrico con el punto culminante desplazado hacia el norte. Según las reseñas, habría dos vías diferentes para acceder al filo desde esta vertiente oriental: una bastante hacia el sur de la cima que gana la cresta a 10 minutos de la cumbre; y la otra cercana a la arista NE, que arranca entre ella y la vertical de la cumbre, a la que sale casi de forma directa tras un trazado diagonal de derecha a izquierda. Seguimos esta última, guiados por un compañero que ya la conocía. De otro modo, hubiera sido bastante complicado seguirla porque las nubes cubrían la parte alta de la montaña y disminuían mucho la visibilidad en la pared, marcada sólo con unos pocos hitos y huellas de paso.

En la fotodescripción hemos intercalado en la subida algunas imágenes tomadas al bajar para mantener una idea continua del recorrido. De todas formas, habría que recordar el famoso párrafo del tal Brutus of Wyde: ‘las reseñas contenidas en la web son aproximadas, basadas en recuerdos imprecisos, en hipótesis más o menos fabulosas o en puras invenciones. Estas reseñas no se corresponden de ninguna manera con la realidad. Probablemente usted se desenvolvería mejor adivinando por sí mismo el camino que intentando seguir mis indicaciones. También es cierto que tampoco va a estar más seguro ignorando estas reseñas, por lo que yo no soy responsable de nada de lo que le pueda ocurrir...’

Una vez avisados, se trata en definitiva de una sucesión de chimeneas con dificultades de hasta II+/III (en el nivel del Midi d’Ossau pero más continuadas), enlazadas a mitad de pared por la travesía de una cornisa más fácil que las chimeneas pero muy expuesta. Simplificando un poco, podríamos considerar de abajo arriba: el diedro inferior, la chimenea sin salida, la travesía de la cornisa, la chimenea oblicua y la chimenea final. Un tramo que en el conciso Capdevila se describe en un solo párrafo, quedando muy abierto a la imaginación del lector.

El diedro inferior, al que se entra tras remontar un poco a la izquierda desde el pequeño muro inicial, tiene alguna roca empotrada en una fisura central, donde puede empotrarse también el pie para subir o bajar los dos metros más lisos (con cuidado de no empotrarlo demasiado). De bajada, nos vino muy bien aquí una cuerda fija arriba como pasamanos. Al salir -y aunque no viene reflejado en las reseñas-, debímos tirar algo a la derecha porque salimos un momento a la misma arista NE (vistas sobre el Estanh de Mar), cuya verticalidad nos obliga a torcer enseguida a la izquierda en busca de la chimenea sin salida. Esta solo se sube un poco, para dejarla por la izquierda (paso clave), ya que es evidente la dificultad de seguir cualquier otro camino.

En este punto bordeamos con algún apuro un sólido y aéreo espolón para pasar ya a la cornisa inclinada, que debemos recorrer de derecha a izquierda perdiendo un par de metros de altura para enlazar con la base de la siguiente chimenea. La travesía de la cornisa es sencilla (numerosos agarres y apoyos) pero muy expuesta, especialmente en su inicio desde la segunda chimenea, como podremos comprobar sobre todo de regreso, al reintroducirnos en esta segunda chimenea (o chimenea sin salida).

La chimenea oblicua (también de derecha a izquierda) es la más amplia y delicada para el destrepe. En su descenso, conviene rapelar o asegurar desde arriba, para lo que no hay anclajes aunque sí sólidos pitones de roca. Es posible el destrepe, más seguro por fuera del eje de la chimenea (hacia el sur) y que puede precisar un ‘minirapel’ -o descuelgue con el apoyo de una cinta-, para salvar un paso largo. Siguiendo para arriba, tras el pequeño rellano que invita de bajada a montar el rápel de la chimenea oblicua, estamos ya en la chimenea final, que es la más sencilla. Continúa en la misma dirección que la anterior, aunque con menor verticalidad y exposición, hasta salir por la derecha a la cresta entre los bloques cimeros.

Con el uso de arneses para progresar en ‘ensamble’ en la zona de la cornisa y para asegurar el destrepe de la tercera chimenea, calculamos un tiempo de casi tres horas para este desvío de subida al pico, hasta regresar de nuevo al pie de la brecha Peyta, por donde ya no tenemos que pasar. Siguiendo el descenso por la ruta de Malavesina, salvamos las pedrizas XL que rodean el estanyet y luego el largo y empinado barranco hasta llegar al último escalón sobre la pleta de Riumalo. Casi al final hay que salirse del eje del barranco, que se encajona en su desembocadura, para buscar ya el puente del río y seguir hasta Cavallers.

Al día siguiente y tras coronar Punta Alta, otra vez entre la niebla, Adrián nos comentaría que ‘no estaba mal, pero el anterior había sido más divertido’. Si sigue con la afición, nos hace gracia pensar en la cara que pondrán sus compañeros cuando le pregunten por el primer pico que subió en el Pirineo. Lo cierto que el Besiberri septentrional es de los que tienen algo que invita a volver...

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