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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Castell de Sant Salvador de Verdera (Roda) (676 m) por PITOTE -- 15/04/2018
Vía: (Vilajuïga-Coll del Mosquit) --
(63 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 12
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Castell de Sant Salvador de Verdera (Roda)  (676 metros)
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Hoy he ido a recorrer unos parajes muy interesantes por la zona del Cap de Creus. He subido hasta el Castell y la cima de Sant Salvador de Verdera, pasando por algunas elevaciones intermedias, desde la cercana población de Vilajuïga. No hace muchos días había salido con mi mujer para visitar el monasterio de Sant Pere de Rodes y la zona montañosa que recorrimos por carretera de dichos lugares me pareció muy agradable y la observé llena de bonitos caminos, muchos de los cuales atravesaban la carretera. Además, la mayoría de senderos pasan por unos puntos en los que se hallan bastantes monumentos megalíticos, en general dólmenes, muy bien conservados e interesantes.
Desconociendo que había un pequeño espacio de aparcamiento justo al inicio de la pista que se encamina hacia la zona de dólmenes, dejo mi coche en el punto preciso donde se acaban las casas de Vilajuïga, sobre unos 40 metros de altura. Posteriormente, comienzo a caminar por la carretera, un tramo al principio recto de unos seis o setecientos metros de recorrido, hasta encontrar la entrada, convenientemente señalizada, de una sencilla pista que penetra en un encajonado valle. En dicha entrada hay un pequeño espacio de aparcamiento en el que caben unos cuatro o cinco coches y, además que permite ahorrarte un rato de andadura, lo mejor es que no tienes que pisar carretera, con los posibles problemas que ello puede acarrear.
Entro, pues, en la pista, que prosigue de frente, llaneando durante bastante rato. Voy todo el rato al costado de una estrecha torrentera que, quizás por las recientes y fuertes lluvias de hace pocos días, baja con algo de agua.
Al cabo de un rato de andar por la pista camino al costado de un gran campo vallado, plantado de olivos, y el cual se ve bastante trabajado.
Tras unos quince minutos, aproximadamente, de andadura por la pista encuentro una desviación hacia la izquierda, también en forma de pista, pero más precaria todavía. Hay que decir que en todos los puntos en donde hay intersecciones y desviaciones están puestos postes indicadores, la mayoría con multitud de señalizaciones. Al final de todo llegué a la conclusión de que incluso había demasiadas indicaciones y que podías liarte fácilmente. La mejor opción es intentar ir siempre en el mismo sentido, obviando opciones demasiado desviadas o drásticas.
Acabada esta nueva pista, otra desviación hacia la izquierda pasa por encima del reguero de agua de la torrentera y el sendero comienza a subir por el costado contrario por una zona algo pedregosa. En general tanto los tramos de pista como los de senda están marcados con unas rayas de pintura amarilla.
A partir de aquí la senda se estrecha y aumenta el desnivel. Después de otro buen rato de andadura, tomo otra nueva desviación hacia la izquierda que, con una fuerte subida y en poco rato, me deja ante mi primer dolmen del día, el dolmen de la Vinya del Rei. Pasado este dolmen, el sendero vira fuertemente hacia la izquierda, pasa llaneando por una zona poblada de encinas y, al cabo de un rato, gira hacia la derecha comenzando una nueva dura subida hasta un elevado collado.
Pasado este collado encuentro un nuevo dolmen, el dolmen del Garrollar. Después de inmortalizarlo con mi cámara sigo subiendo, de nuevo con bastante desnivel, por una zona muy agradable en la cual, el sendero, en algunos tramos, queda cerrado a ambos costados por unos bien conservados muros de piedra seca.
El camino sigue con la misma tónica hasta encontrar un cruce en el que hay señalizados dos nuevos dólmenes. Cojo la desviación, hacia la derecha, y llego en poco rato a uno de ellos, el dolmen de la Talaia. Unas decenas de metros por encima del mismo, otro de los monumentos megalíticos de la zona, el dolmen de les Ruïnes. Visto este segundo túmulo de piedras vuelvo sobre mis pasos de nuevo al camino por el que venía.
Sigo subiendo un rato más hasta pasar justo al costado de un nuevo dolmen, el dolmen de la Carena, situado a mi izquierda. Continúo mi camino hasta un punto en donde alcanzo un tramo de carretera. Un poco antes y casi tocando a la misma, otro dolmen, éste de muy bella factura, el dolmen de les Vinyes Mortes I, al costado del cual hay puesta una señalización que me indica, sin tener que cruzar la carretera, hacia donde tengo que continuar y la altura del punto, 340 metros.
Como ya he comentado, sin entrar en la carretera el camino gira hacia la derecha, cercano a la misma, y realiza una serie de pequeñas y cortas subidas y bajadas, en una de las cuales me cruzo con un nuevo dolmen, el de les Vinyes Mortes II, hasta volver de nuevo a encontrarse con la carretera. Desde este punto tengo muy cercana la cima del Puig Margall, a la que quiero subir cuando regrese.
El sendero de nuevo va hacia la derecha, alejándose ahora un poco de la carretera, y acercándose a una elevación próxima en cuya ladera observo dos grandes montones de piedras, que no sé qué pueden significar. Un poco más adelante encuentro otro dolmen, el dolmen del Bosc de la Margalla, éste muy derruido y en forma de túmulo funerario. Sigo avanzando por la ladera de dicho promontorio hasta que alcanzo una zona más llana, más verde y con menos arbolado. Estoy, ahora, muy cerca de la explanada donde se ubica la masía del Mas Ventós, a cuyo alrededor hay montada una agradable zona de pic-nic, con algunos bancos y mesas de madera.
Atravieso la zona y comienzo a subir por el otro costado, encontrando ya las indicaciones de Sant Pere de Rodes, Santa Helena y el Coll del Mosquit. Hasta ahora todas las indicaciones eran mayoritariamente de dólmenes y rutas prehistóricas.
Después de recorrer un bonito sendero, bajo algunos pinos, éste se transforma en precaria pista y, en dirección derecha, va subiendo poco a poco hacia lo alto de la Serra de Verdera.
En un punto determinado, una indicación hacia la izquierda me señala la ruta para ir hacia la iglesia de Santa Helena y Sant Pere de Rodes, aunque intuyo que, de frente, iría hacia el Coll del Mosquit y el Castell de Verdera más directamente. Como que lo que quiero es recorrer el máximo tramo por encima de la Serra de Verdera, cojo esta desviación, ya que sé, de cuando estuve por aquí en plan turismo que, desde Santa Helena, un camino marcha por lo alto de la sierra en dirección al Coll del Mosquit y éste es el que quiero tomar.
Poco rato después de coger la desviación, tras una corta subida, alcanzo una especie de collado al otro lado del cual ya observo la mencionada iglesia de Santa Helena.
Desciendo un poco y, sin llegar a la comentada edificación, encuentro un estrecho camino hacia la derecha que sube hacia la parte alta de la Serra de Verdera. Aquí solamente hay puesta una escueta indicación de menhir a 150 metros, pero sé, también de cuando estuve por aquí con mi mujer que, al costado de la iglesia, está puesto un indicador que marca la subida al Castell de Verdera.
Tomo este sencillo sendero y comienzo una subida bastante fuerte. Al cabo de un buen rato alcanzo el mencionado menhir, medio caído y conocido como menhir de Santa Helena. Sacadas algunas fotos prosigo mi andadura y, en poco rato, alcanzo la parte superior de la sierra. Ahora, el sendero pasa al otro costado y entra en una zona algo llana plagada de matorrales, en la cual se desdibuja un poco y, a tramos, se hace casi imperceptible.
Después de otro buen rato de andadura llego de nuevo a una pista, que presumo será la que he dejado antes cuando me he desviado hacia Santa Helena.
Ahora prosigo por la misma, en suave subida, hasta alcanzar el cordal, punto en donde acaba la estrecha pista y comienza un recortado sendero que avanza sinuoso hacia la zona del castillo.
Es este tramo el más descompuesto de todo el recorrido, pues avanza a toda cresta, a tramos por su derecha y a tramos por su izquierda. La cresta es sencilla, pero estrecha y pedregosa. El punto más complicado es un alto paredón rocoso al cual subo de frente. Una vez arriba, por el otro costado, un cortado de unos ocho o diez metros me impide la progresión. Tengo debajo el Coll del Mosquit y en el mismo observo trazas de senda, pero no sé cómo bajar. Miro a un lado y a otro y lo veo complicado. Al final, opto por volver sobre mis pasos e intento mirar si más atrás puedo iniciar el descenso de una forma más sencilla. Una docena de metros antes de la formación rocosa, por la parte derecha, la ladera parece practicable. Me interno en la misma como buenamente puedo y, más adelante, me encuentro frente al collado al que quiero llegar. Pero antes tengo que atravesar una zona de grandes rocas, subiendo y bajando entre las mismas, y empleando bastante las manos. Finalmente, sobrepaso unos altos matorrales y accedo al sendero que veía desde arriba. Sigo el mismo durante un rato. Nuevamente la cresta se afila, pero al mismo tiempo el camino comienza un brusco descenso hasta un sendero inferior que observo cercano. Desciendo una docena de metros, por inclinado y maltrecho camino, hasta que llego al sendero mencionado antes, que no es más que el sendero que sube directamente al Castell de Verdera desde Sant Pere de Rodes y que usan muchos caminantes para acceder al castillo.
Ahora prosigo por este sendero y tengo ya muy cerca la entrada al recinto fortificado. Lo que desde lejos, el día que estuve de visita a Sant Pere de Rodes, me parecía una construcción muy pequeña, ahora puedo observar que se trata de una gran fortaleza, con multitud de muros bastante bien conservados y diferentes partes del recinto que conservan su estructura original. Es un lugar magnífico, tanto por su posición, como por su altura, por su magnitud y su buena conservación. Un punto al que vale la pena llegar.
Después de dar una buena vuelta por todos los rincones del mismo, salgo por su parte sur accediendo a una terraza. Desde la misma observo frente a mí la elevación final del cresterío, donde se encuentra el hito geodésico, aunque para llegar a la misma tengo que descender todavía un buen trecho. Este último descenso no es tampoco sencillo. Por todos lados el castillo está muy elevado sobre su contorno. En un tramo de pared, y apoyándome en alguna de sus vetustas piedras, bajo hasta un tramo cercano de rocas. Desciendo por el mismo y alcanzo su parte más baja, en la hondonada que se encuentra entre el castillo y la cima principal.
Ahora se trata solo de subir por fácil camino hasta lo alto de la elevación. Llego a la misma después de unas dos horas y cuarenta y cinco minutos desde que saliera de Vilajuïga. Estoy en la cima del Castell de Sant Salvador de Verdera (676 mts.). En su parte alta, esta elevación, además del hito geodésico, curiosamente pintado en azul y verde, colores de mar y montaña, tiene puesta una ristra de banderitas tipo tibetano colgadas de una soga. Además, es bastante llana, formando un rellano circular.
Me detengo un buen rato. Saco bastantes fotos y observo el fabuloso paisaje que desde aquí se divisa, todo el contorno de litoral que puedo abarcar con la mirada, con sus pequeños pueblecitos costeros.
Al cabo de un rato comienzo el regreso. Vuelvo, en descenso, sobre mis pasos. Subo nuevamente al castillo y salgo del mismo por otro costado, por una estrecha abertura en una de sus paredes. Ahora resigo el camino de descenso hasta Sant Pere de Rodes, en el que me cruzo con algunos caminantes, que suben a disfrutar del lugar.
Una vez en la entrada del monumento, sigo la pista asfaltada que se dirige hacia Santa Helena, cruzándome de nuevo con algunos turistas. Subo nuevamente hasta Santa Helena y, ahora, en lugar de descender por donde había subido, sigo por un ancho camino que, pasando por encima de la carretera, va dando un amplio giro hacia la izquierda, en dirección a la zona de pic-nic del Mas Ventós.
Llego a dicho punto y continúo mi descenso, ahora ya por camino conocido. En un punto en que llego a la carretera, justo en el quilómetro 6 de la misma, observo la elevación que tengo al otro costado, el Puig Margall, y a él me dirijo. Cruzo la carretera y comienzo a subir por un camino marcado con señales amarillas. Al cabo de un rato, viendo que dicho sendero no sube hacia lo alto sino que rodea la elevación, opto por subir directamente sorteando algunos matorrales. En su parte alta, un grupo de grandes rocas marcan la cima. Estoy, ahora, en el Puig Margall (434 mts.). Después de sacar algunas fotos, vuelvo de nuevo hacia la carretera por donde había venido.
Entro de nuevo en el sendero de descenso, bajando al costado de la carretera y cuidando de no errar el camino en alguno de los muchos cruces que encuentro. Algo más abajo, y pasado el dolmen de les Vinyes Mortes I, me dirigo hacia una sencilla elevación que se encuentra a mi izquierda, a la que llego en poco rato. Es la cima del Puig de l,Home (365 mts.). Su parte más alta está formada por un nuevo montón de rocas. Me detengo poco. Enseguida vuelvo sobre mis pasos y, de nuevo en el sendero, sigo descendiendo. Ahora tengo el tramo de descenso más inclinado y bonito, el que está remarcado con muros de piedra seca.
Bastante más abajo observo una vistosa elevación, muy rocosa, que emerge de una tupida zona de matorrales. Intento, como puedo, acceder a la misma. Es el punto conocido como Els Rocs (305 mts.). En su parte superior saco alguna foto de cima y, posteriormente, regreso de nuevo al sendero.
Ahora se trata solo de descender por el conocido camino que baja al costado de los dólmenes que había visto de buena mañana, hasta alcanzar la parte baja del pequeño valle por donde discurre la estrecha torrentera que baja desde lo alto, y seguir la pista final.
Paso de nuevo al costado del campo de olivos, llego a la pequeña zona de aparcamiento, entro en la carretera y sigo la misma, ahora con más tráfico que por la mañana, hasta llegar al punto en donde tengo el coche.
Al final han sido unas cinco horas y media de recorrido y algo más de setecientos metros de desnivel acumulado.

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