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- Hora de salida: 7
- Hora de llegada: 9
- Meteorología: Sol
- Dificultad: Bastante facil
- Días: 1
- Tipo: Ascensión
- Gps: Sin fichero GPS
- Sin panorámicas
Infierno Occidental (3073 metros)
Esta es la descripción de una ruta circular con inicio y final en Panticosa, con una jornada de aproximación hasta los Ibones azules y otra de ascensiones a 8 picos de tres mil metros, desde el Infierno Occidental al Argualas, casi todo el rato por la cresta.
Dificultad global: Media, porque la jornada es larga y dura y además hay que pasar algunos pasos de IIIº.
Agua: hay que llevar bastante, porque no hay desde que inicias la cresta.
Cobertura telefónica: Buena, tanto en Infiernos como en Garmo Negro y Argualas.
La primera parte de la descripción se ocupa de la aproximación. El que quiera saber cómo fueron las ascensiones en sí, que empiece un poco más abajo.
APROXIMACIÓN
Después de un principio de temporada un tanto decepcionante (ascensión a la Tuca Mulleres cubierta de niebla y frustrado intento de subida a los Clarabides por el mal tiempo), parecía que la temporada estival del 2004 se iba a quedar prácticamente en blanco. Me resistí a ello y busqué nuevos compañeros para otro reto: el ascenso a los Picos del Infierno y Garmo Negro en una tacada, en una ruta circular que rodeaba todo el macizo de montañas que se ciernen sobre el Balneario de Panticosa. Después de llamar a todos aquellos que pensé podrían estar interesados en acompañarme, tuve que rendirme a la evidencia: o lo hacía solo o me quedaba en casa. Y me fui solo.
Antes de salir pregunté en el foro de ?Pirineos3000? sobre la dificultad del recorrido y encontré la amable respuesta de un tal Santiago, que me aconsejó hacerlo en dos días, uno de acercamiento, hasta los Ibones azules, en donde pasaría noche, y otro para las ascensiones y la vuelta a casa. Esto suponía, por un lado, un esfuerzo menor que hacer el recorrido en un solo día, pero, por otro, implicaba tener que llevar la mochila grande, con el saco, la esterilla, la cena, el desayuno y más ropa que si fueras sólo un día. Al final opté por seguir el consejo de Santiago y partí de Calatayud el jueves 5 a las 15.15 horas.
A las 17:30 llegaba al parking del Balneario de Panticosa. Entre calzarse las botas, terminar de preparar la mochila y llegar al Refugio Casa de Piedra a preguntar por la necesidad o no de llevar crampones, me dieron las 6, momento en que empezó, realmente, mi aventura montañera. Estaba a 1630 metros de altura. El camino seguía la GR 11 por la garganta del río Caldarés. Aunque empinado, el trazado era fresco por la presencia constante del río y la sombra del bosque. En la primera hora me crucé con tropecientosmil excursionistas que regresaban y que me miraban con ese aire de condescendencia del que piensa?anda maño, que no te queda nada?, o como se diga en francés, ya que la mayoría eran gabachos. Poco a poco me fui quedando solo, el tiempo era excelente y todo ese paisaje de cascadas, bosques y altas cumbres empezaba a sentir que me pertenecían sólo a mí. No estaba tan mal esto de ir solo al monte, no. Subía tranquilo, tirando fotos a la ?Cascada del Pino?, al ?Salto del Fraile? y a todo aquello que se terciara. Tenía tiempo de sobra para llegar con luz suficiente a los Ibones Azules, así que adopté un paso tranquilo y disfruté del recorrido, eso sí, prestando mucha atención a dónde ponía los pies, porque una torcedura allí, en total soledad, podría ser un inconveniente muy inconveniente (y perdón por la redundancia).
A eso de las 19:15 llegé al Ibón Bajo de Bachimaña (2170 m.) y un cuarto de hora después, al alto (2207 m.), que además de más alto que el anterior es muchísimo más grande, un pedazo de ibón, sí señor. Al otro lado había un refugio libre en cuya puerta descansaban algunos montañeros. Un saludo cortés y adelante, que a media hora, según ponía un indicador, estaban los Azules. El atardecer se cernía poco a poco sobre mi cabeza, pero las escasas nubes que en un momento dado parecía que podrían echárseme encima, se deshicieron en jirones, dejando espacio a un precioso cielo azul que prometía una gran noche de estrellas. En esos pensamientos iba ocupado cuando me encontré, de golpe, con un grupo de unos 12 sarrios que bebían del arroyo que tenía que cruzar. Buena excusa para sentarse un rato y observar a esos animales, que poco a poco se alejaron, sin demasiada prisa, dejándome más solo que la una. Nada más cruzar el torrente llegué al Ibón Azul Bajo (2380 m.) y a su pequeña cabaña, en cuya puerta charlaban 4 individuos. Yo tenía la referencia de que era una cabaña con 2 ó 3 plazas máximo, así que ya me vi durmiendo al raso, pero cuando pregunté si habría sitio para uno más me dijeron que sí, hombre, que ya se apretarían. Tres de ellos iban en grupo y el otro en solitario. Todos querían subir a los Infiernos al día siguiente, pero el grupo de tres luego se daría la vuelta por donde había venido y el otro quería hacer toda la cresta desde el Infierno Norte hasta el Argualas (9 picos de tres mil metros). Cuando éste escuchó mis planes, me ofreció ir juntos, y como la primera parte del recorrido coincidía, me apunté alegremente. A las 9 de la noche todo el mundo a los sacos. A mí me tocó el segundo sitio más cercano a la puerta, puerta que no existía, por cierto, de modo que me pasé toda la noche con una magnífica estampa del Ibón abajo, las cumbres de los Infiernos recortadas en el horizonte a la luz de la luna y una pléyade de estrellas en todo lo alto. La verdad es que era una pena dormirse, pero hice lo posible por conseguirlo, a pesar de los ronquidos de los compañeros.
INICIO DE LA ASCENSIÓN A LOS PICOS DEL INFIERNO
Día 6 a las 6:15 horas. Me despierto y ya no se ven las estrellas, miro la hora y veo que mi nuevo colega se ha dormido, porque me había dicho que pondría su despertador a las 5:30. Le aviso, recogemos, desayunamos y a las 6:45 nos ponemos a andar camino del collado del Infierno. No hay una nube en el cielo. El día parece que va a ser inmejorable, climatológicamente hablando, claro. Yo enseguida empiezo a preocuparme. Mi nuevo compañero no es un montañerete, como yo, es un montañero catalán que ha hecho travesías por los Alpes, ascensiones invernales a picos de tres mil metros con esquíes, vivacs en cumbres nevadas, etc. etc. y que pone un ritmo con el que se me revolucionan hasta las meninges.
Desde el Collado del Infierno (2721 m.) había una magnífica vista de los ibones Azules y de Bachimaña, con el Vignemale presidiendo toda la escena desde el fondo (foto 2). Al otro lado, en el fondo de una cubeta glaciar, se podía ver el Ibón de Tebarray (foto 3). A partir de ahí comenzaba la verdadera ascensión a los Picos del Infierno. Yo tenía la referencia de algunas guías y páginas web en las que se decía que la ascensión era bastante fácil y que sólo lo aéreo de la cresta entre los tres Infiernos suponía alguna complicación. La verdad es que la ascensión empezó a no parecerme fácil desde demasiado abajo. El catalán tiraba para arriba con mucha confianza, porque ya había estado allí anteriormente, pero apenas seguía sendas, mojones o lo que hubiera que seguir, con lo cual íbamos por un pedregal descompuesto bastante incómodo. Así llegamos a lo que en algunos libros denominan el Garmo Blanco (2960 m.) y que en otros sitios no tiene nombre por considerarse una simple antecima de los otros tres. Lo malo de llegar ahí es que luego tienes que perder bastante altura para coger un camino que va faldeando el monte justo por encima de una enorme y espectacular marmolera blanca (foto 4). Lo peor no era perder altura sino que la bajada hasta el camino era bastante ?chunga?, un destrepe por un pedregal descompuesto y superinclinado que nos llevó más tiempo que ir desde el Collado hasta el Garmo Blanco. Yo creo que no fuimos por la senda buena porque una vez en el camino, los mojones ya eran algo más evidentes, y aunque el catalán no les hacía ni puto caso, a mí me tranquilizaba verlos de tarde en tarde. Y en esto que llegamos al sitio en el que ya había que subir a la cima del primer Infierno, el Occidental. Y en ese tramo, de unos 200 ó 300 metros, bastones a la mochila, manos a las piedras y a trepar con el corazón en la garganta (por el esfuerzo, no por el peligro). A las 9 de la mañana llegamos al Infierno Norte (3073 m.).

