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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Montcabrer (1390 m) por klaus -- 09/05/2019
Vía: (Via de subida, refugio, nombre parking, etc.) --
(112 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 17
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Montcabrer  (1390 metros)
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Ruta de ascensión a la cumbre señera de la Sierra de Mariola, el Montcabrer, con salida desde la localidad alicantina de Alcoy. La idea es conocer uno de los rincones mas pintorescos del parque natural, el barranco del Cint, para luego efectuar un bucle circular por la falda sureña de la montaña. El recorrido alterna caminos de toda índole y condición, desde veredas que forman parte de peerres y geerres señalizados por la administración correspondiente, hasta pistas asfaltadas que dan acceso a los mases y fincas particulares que se desperdigan en gran número por los dominios del parque. La vegetación inmediata al trayecto propuesto aconseja huir de los días mas calurosos del verano, pues las partes altas de la sierra escasean en sombra, y tan sólo en las margenes de los barrancos crecen manchas de pinar como un oasis de frescura en medio del páramo de matorral. Plantas que suponen, como tendremos oportunidad de comprobar, la riqueza ecológica mas valiosa del espacio natural.

-DATOS TÉCNICOS:
-inicio, en Alcoi, a 680m. de altitud.
-duración, entre 5:30h y 6h, en total.
-desnivel, 700 metros de subidas y bajadas.
-Montcabrer a 1390m.



-DESCRIPCIÓN:
la salida comienza en la parte alta del Alcoy, en concreto en un ensanche de la carretera que rodea la población por el norte. Hay varios carteles anunciando los caminos que se adentran por el barranco del Cint, quedando a la vera las instalaciones de una antigua fábrica en la que despunta una alta chimenea.

Buena parte de la ruta que vamos a seguir discurre por el trazado del GR-7 en combinación con otros senderos de pequeño recorrido que ayudan a planificar la excursión a gusto del caminante. El Barranco del Cint, al que enseguida llegamos, ejerce de inmejorable pórtico de entrada al parque natural. Sus paredes anaranjadas, donde viven y crían los buitres, levantan una muralla vertical que pareciera infranqueable sino fuese por el tajo abierto entre los acantilados. La angostura hace de paso natural al interior de la sierra desde tiempos remotos, y por ella se cuela nuestro sendero, en un ambiente alterado por la mano del hombre como da fe el enlosado del camino y los anclajes para la práctica la escalada.


Ignoro si en época de lluvias el barranco llevará un caudal abundante, pero en aquella jornada primaveral su lecho se presentaba seco y pedregoso. Sólo manaba agua de las fuentes aledañas al camino, generosas y abundantes durante el transcurso de la jornada para asegurar la hidratación del excursionista. La mayoría están indicadas con el aviso de su nombre, como una primera a ras de suelo y otra mas adelante que escupía un chorro saltarín.

El tramo mas escarpado del barranco queda a la espalda mientras la senda prosigue cerca de su lecho, en un ambiente casi selvático por el matorral que invade las margenes del cauce. Los posible desvíos que surjan durante la marcha quedan deslindados por las señales de pintura, en una subida paulatina que enseña roquedos y mases entre el follaje del pinar.

La ruta va a sufrir un cambio drástico al dejar los entresijos del barranco para salir a una pista superior. El ambiente rupícola y la sombra del bosque dan paso a un carril asfaltado que accede a las fincas particulares de en rededor, un conjunto de masías o mases que se desperdigan por las laderas próximas y, a tenor de lo que se vislumbra desde la pista, todavía en uso como explotaciones agrícolas y ganaderas. Este paisaje rural y humanizado nos va a acompañar en el transcurso de la andadura pistera, quizás sorprendidos de ver demasiados pegotes de brea y tapias de cemento dentro de un espacio natural protegido. Las marcas del GR se desvían al llegar junto al caserío de Vilaplana, a través de un ramal de rampas hormigonadas que pronto abandonaremos. Un poste indicador marca el comienzo de la senda que asciende al collado de la Zapata, siguiente objetivo del recorrido.

La subida por este atajo se realiza entre una vegetación densa de romero, enebro, tomillo, y una multitud de jaras que se adornaban con su vistosa flor en aquel día de Mayo. Se distinguen terrazas de cultivo en las laderas vecinas, alguna todavía útil para albergar oliveras y almendros, y otras asilvestradas después de padecer la quema de incendios pasados. En el Coll de la Zapata se retorna a la pista en una encrucijada de caminos señalizados. Las marcas rojiblancas del GR-7, coincidentes con las mas modernas del GR-330, marchan hacia la falda de la montaña donde ya se adivina la escasez de arbolado.

La recta del carril se transforma en sendero nada mas empezar el ascenso por la ladera. Un vallado con antena precede a la intersección donde comienza el recorrido circular por la falda de la montaña. En esta ocasión se escogió para la subida el camino señalizado como PR que se dirige al barranco de Carrascalet, con idea de regresar de la cima del Montcabrer por el trazado del GR-7.

En adelante vendrá una media ladera con tendencia a subir, rodeados de un matorral bajo donde las jaras predominan, y cruzando varias torrenteras que albergan fuentes coquetas y señalizadas con su nombre.

Después de rebasar una loma con vistas, el camino desciende hacia el siguiente barranco, cubierto por un bosquete de pinos que alegra la vista tras desolado faldeo anterior. Vamos contorneando la falda oeste del Montcabrer hasta penetrar en el cauce del barranco de Carrascalet. En el momento de cruzar su lecho, pedregoso y seco, hay un nuevo poste indicador para confirmar el rumbo adecuado hacia la cumbre del Montcabrer.

De vez en cuando aparecen las pinturas amarillas y blancas del PR para confirmar el trayecto, aunque la traza del sendero no ofrece dudas en su seguimiento. Ahora se asciende a la vera del barranco, donde las encinas desplazan a los pinos y se convierten en la especie dominante, de allí supongo el apelativo de Carrascalet.

A mitad de la subida se pasará junto a la fuente del Carrascalet, en una nueva oportunidad de proveerse de agua y de refrescarse si el calor es fuerte. Arriba espera una hondonada a los pies de un modesto circo, donde resisten los tapiales de un corral abandonado entre pinos y encinas diseminados. La senda bordea la hoya por la izquierda y afronta la rama definitiva de salida al cordal de la sierra.

El PR que ha servido para descubrir barrancos y fuentes de la sierra de Mariola nos devuelve al itinerario del GR-7 que habíamos abandonado, justo al lado de los cortados que se precipitan por esta cara de la montaña. El paisaje se extiende hacia la llanura del Valle de Planes, con la localidad de Muro de Alcoy debajo, el embalse de Beniarrés un poco más allá, y los relieves del Benicadell y de la Sierra de la Safor despuntando sobre la planicie de vegas y huertos. La senda, clara y evidente sobre el terreno, encara hacia el casquete rocoso del Montcabrer, con intención de bordearlo y ascender a la cima por su trasera.

La senda bordea los farallones de la peña y asciende sin problemas hasta su cúspide. El paseo por el borde de los cortados sorprende al descubrir su verticalidad, en lo alto de una muralla desde la que se obtiene una visión aérea de los campos y pueblos de la llanura. Aquel día el fuerte viento obligó a guarecerse bajo el pilón mutilado del vértice geodésico, asomando la jeta cunado amainaban las rachas para otear el horizonte.

La estancia en la cima no se prolongó en demasía por lo inclemente del vendaval, el tiempo justo para contemplar el panorama de sierras y valles con el fondo del mar mediterráneo. La vuelta nos llevará a la intersección conocida entre el PR y el GR, siguiendo ahora este último por la vasta ladera sur de la montaña. Antes de iniciar la bajada se recomienda subir a un cerro situado a la izquierda del camino, a fin de disponer de unas vistas similares al Moncabrer. Este promontorio, sin ostentar nombre en el mapa que portaba, y de una altitud inferior en cuarenta metros con respecto al vértice anterior, se alza sobre la línea de cresta y ofrece una perspectiva nueva hacia la población de Alcoy, con sus casas apiñadas a ambos lados del rio Serpis.

El tramo de bajada por el GR hasta volver al collado de la Zapata se desarrolla por una ladera desprovista de arbolado, un terreno de matojos y plantas aromáticas que resulta agreste y desolado a la vista aunque las flores del entorno y las vistas de Alcoy amenizan la marcha. Del collado sólo quedará retornar por el trayecto conocido, volviendo a disfrutar con la umbría y angosturas del Barranco del Cint.








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