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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Monte Perdido (3355 m) por julian -- 11/08/2009
Vía: (Las Escaleras) --
(516 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 17
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Dificultad media
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Ver panorámicas
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Monte Perdido  (3355 metros)
.
Recorrido circular partiendo de Góriz, con ascensión a Monte Perdido por la vía de Las Escaleras. Descenso hasta el Lago Helado para subir al Cilindro antes de regresar al refugio por la vía habitual del barranco de Góriz. La segunda parte de la excursión, correspondiente al Cilindro, se incluye en una descripción aparte.

Nos encontramos en la segunda jornada de una travesía de cuatro entre los valles de Ordesa y Añisclo. Siguiendo el plan previsto, recorrimos ayer la maravillosa Faja de las Flores y los altiplanos desérticos del norte de Ordesa, antes de llegar a un refugio de Góriz tan abarrotado como de costumbre en verano, rodeado ya por docenas de tiendas a primera hora de la tarde. A pesar de todo, nos sirvieron amablemente unas Estrellas Doradas de rigor, a razón de 2,70 € la lata. Después de reunirnos con Manu, que se incorporaba aquí al grupo por cuestiones laborales (tras subir en 2:15 horas desde la pradera hasta Góriz, el muy bestia), tuvimos que alejarnos bastante hasta encontrar un lugar tranquilo para el vivac.

La vía de Las Escaleras no es hoy en día la ruta habitual del Monte Perdido, aunque sí que lo fue durante la primera mitad del siglo XIX, tras la primera ascensión documentada al gigante calcáreo. Esta tuvo lugar en agosto de 1802 por la vertiente NE, a cargo de tres montañeses: los galos Laurens y Rondó acompañados por un anónimo pastor belsetano. El de Bielsa los condujo desde Pineta a través de la faja Tormosa y los escarpes de Esparrets, sin pasar por el collado de Añisclo, hasta la plataforma que más tarde sería llamada por Russell terraza Bellevue. Desde ella ganarían con relativa facilidad, por entre las puntas conocidas hoy como Baudrimont NW y Espalda de Esparrets, el entonces pujante glaciar oriental, que les llevaría directamente al cuello de Monte Perdido, antesala del espolón este que asciende ya sin dificultades hasta la cima.

Laurens y Rondó eran unos guías tal vez demasiado competentes, enviados en simple misión de reconocimiento por el conquistador oficial de Monte Perdido, el alsaciano Louis Ramond, que no pudo disimular su disgusto ante esta primera que él se reservaba. Supuesta primera, habría que decir, ya que la mayoría de los historiadores tienen fundadas sospechas de que el equipo del capitán geógrafo Vicente de Heredia pudo haber levantado ya su torreta de triangulación en la más alta de las Tres Sorores diez años antes. Durante sus trabajos de demarcación de la frontera franco-española, contó seguramente para ello con la colaboración de gentes de Bielsa o de Fanlo que conocían a su vez el camino, relativamente sencillo desde los altos pastizales de la vertiente sur. Pero Heredia era un discreto militar reconvertido por obligación en montañero que nunca hizo alarde de sus ascensiones, mientras que Ramond merecía sin duda todo el reconocimiento a sus esfuerzos por divulgar las bellezas y por desentrañar el acceso desde Francia a la legendaria montaña blanquecina, visible en los días claros desde medio Aragón pero oculta con insistencia para los vecinos del norte por las murallas de Marboré.

Méritos aparte, lo cierto es que Laurens y Rondó debían ahora descender para dar noticias a su jefe y guiarlo hasta la cima pasados unos días. El rabadán aragonés partió por donde había venido en busca del collado de Añisclo, pero ellos, viendo que el espolón sur no presentaba en principio dificultades, decidieron intentar por allí el descenso hasta las cabañas pastoriles de Góriz, cuya conexión con Gavarnie a través de la Brecha de Rolando conocían bien. De este modo se embarcarían en una odisea todavía mayor y quedaría inaugurada oficialmente -y en descenso- la vía de la cresta meridional de Monte Perdido, o de Las Escaleras.

Esta ruta aprovecha una serie de grandes pedrizas inclinadas con rastros de sendero. Los resaltes rocosos o escalones que separan las pedrizas se salvan por pasos clave cuya dificultad nunca supera el II grado: ello quiere decir que se trepan bastante mejor que se destrepan. Es de suponer que en aquella bajada original, los intrépidos guías de Gavarnie no acertasen con los mejores pasos, simplemente por desconocer su existencia. Así pues, debieron de afrontar cornisa por cornisa escarpaduras escalofriantes que, como relatarían luego a Ramond, les obligaron incluso a lanzar al vacío el equipo y el calzado, en un incierto descenso sin retorno y con momentos de gran tensión, que terminaría felizmente en algún punto entre Góriz y el collado de Arrablo.

Hoy en día la ruta primitiva de ascensión al Perdido está prácticamente abandonada y la vía de Las Escaleras, aunque poco utilizada, está por fortuna mucho más definida que entonces. Ofrece una alternativa a la vía normal del barranco de Góriz cuando esta resulta comprometida por el hielo, o simplemente para evitar las largas filas que suben al Perdido por el camino trillado. Este puede reservarse para la bajada, completando como en nuestro caso un itinerario circular que incluya o no el Cilindro entre los objetivos del día.

Al discurrir sobre un espolón en vez de por un barranco, es más soleada y seca que la vía normal, y de hecho no hay que esperar encontrar agua en toda ella. A cambio, ofrece mejores vistas sobre los vecinos Cilindro y Pico de Añisclo, y también sobre Ordesa. En cuanto a amenidad, no hay grandes diferencias: bastante monotonía en ambas, interrumpida sólo por la Ciudad de Piedra y por el Lago Helado en la normal, y por las trepadas en Las Escaleras, que tienen el aliciente añadido de pasar por una cima secundaria, la Punta de las Escaleras, de 3.027 m. Por duración, son equivalentes o ligeramente más larga la ruta de las Escaleras (3:30-4 horas desde Góriz). Al ser más directa, la pendiente es también más dura, sobre todo en la cúpula final que precede a la cumbre. Su grado –PD- y características la hacen en definitiva recomendable sobre todo para el ascenso, siempre que haya buena visibilidad, y para excursionistas que ya tengan experiencia en el macizo por otras rutas.

La dificultad de los escalones aumenta progresivamente en sentido ascendente. Los situados por debajo de la Punta de las Escaleras no pasan de ser pequeños obstáculos donde hay que apoyar las manos, como los que se hay en las rutas normales de múltiples picos fáciles. En este tramo, el principal inconveniente es el de un terreno desagradable y homogéneo, con sendero mal definido y pocas referencias al levantar la vista, que en malas condiciones puede causar serios problemas de orientación.

Desde la Punta de las Escaleras, son claramente visibles los dos peldaños restantes, situados enfrente. El penúltimo tiene una profunda brecha hacia la derecha, que no es la que debe tomarse, ya que el paso clave, algo menos aparente desde lejos, es una depresión en la pared menos marcada y situada centralmente o un poco a la izquierda, justo en el punto de menor altura de la faja.

El último escalón y más difícil se aborda en un punto en el que un gran bloque protruye entre dos grietas verticales, con cierta similitud con el famoso monumento de las caras de los presidentes norteamericanos talladas en roca del monte Rushmore, en Dakota del Sur. Los hitos nos llevan a trepar por la grieta a la derecha del bloque, que en nuestro caso encontramos algo mojada tras las intensas lluvias del fin de semana. Esta última escalera -o ‘paso Rushmore’- puede requerir cuerda para dar confianza si hay personas inexpertas o indecisas en el grupo, y desde luego para descenderla con seguridad en rápel, para el que se encuentra equipada. A partir de ella la pendiente se vuelve asfixiante a más no poder, aunque ya podemos distinguir unas cuantas cabezas que nos miran curiosas desde la concurrida cima.

Nos encontramos el pilón cimero de Monte Perdido adornado con diferentes banderas, nacionales incluso, poniendo de manifiesto la repercusión del lugar. Tras las fotos reglamentarias, bajamos al gran hombro que domina el Balcón de Pineta para almorzar más tranquilos. Después nos lanzamos Escupidera abajo, por unas pedreras que parecen cada vez más descarnadas con el paso del tiempo hasta el tramo inferior del gran corredor NW, donde unos optamos por el nevero y otros por el espolón rocoso que lo delimita. Así llegamos enseguida y más o menos a la vez al Lago Helado, situado en la depresión o vértice de la V que forman los corredores enfrentados de Monte Perdido y del Cilindro. Aquí nos despedimos del Presi, que por esta vez perdona la segunda de las Sorores: nos reencontraremos al atardecer en Góriz.

(Sigue en Cilindro)

ADVERTENCIA: Esta reseña está basada en impresiones subjetivas -mezcladas con lecturas y opiniones ajenas- de uno de los integrantes de un grupo con un nivel físico medio aceptable, suficientemente equipado y con bastante experiencia pirenaica en conjunto, en un día de pleno verano con meteorología favorable en el que todo salió bien. En otras condiciones, las cosas pueden ser muy diferentes, por lo que deben juzgarse por cada cual y actuar en consecuencia. La seguridad en la montaña es una responsabilidad personal del que se expone a ella.

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