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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Montgó (752 m) por klaus -- 12/05/2019
Vía: (Dénia) --
(335 visitas)
  • Hora de salida: 10
  • Hora de llegada: 18
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Montgó  (752 metros)
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
El Montgó se alza como un oasis de naturaleza con vistas a un Mediterráneo acosado por las urbanizaciones y apartamentos de Dénia y Jávea. Estando en la cima de la montaña, un mar de cemento se despliega a nuestros pies, un maremagnum donde todavía quedan parcelas libres para embutir un nuevo chalete con jardín y piscina anexos. Las agencias inmobiliarias harían bien en subir a sus clientes hasta la cumbre del Montgó, o todavía mejor a la llamada Cruz de Dénia, desde la que enseñarles la posible ubicación de su residencia de vacaciones mientras se percatan del privilegio de tener al lado un parque natural.
Nuestra particular ruta de subida al Montgó parte desde la ermita de Sant Pere, en lo alto de la población de Dénia, con idea de efectuar una pequeña vuelta alrededor de los farallones norteños de la montaña, combinando varias de las rutas señalizadas del parque natural. Así tendremos ocasión de visitar alguno de los rincones mas pintorescos del macizo, como son la Cueva del Agua o el Racó del Bou.

-DATOS TÉCNICOS:
-iniico, en la ermita de Sant Pere a 110m. de altitud.
-duración, 5:30 en total.
-desnivel, 700 metros de subidas y bajadas.
-Montgó a 752m.



-DESCRIPCIÓN:
la pista que da inicio a la ruta y faldea por la base de la montaña parte cerca de la ermita de Sant Pere, en Dénia. Hay una fuente en su inicio por si fuera necesario rellenar la cantimplora. Se puede dejar el auto junto a la mencionada pista, en una calle de chaletes y bajo la fronda de los pinos. Un panel informa al incauto visitante dispuesto a andar de las opciones que se le presentan, en nuestro caso se pretende unir las rutas 3 y 5 a fin de visitar rincones curiosos del macizo para luego subir a la cúspide de la montaña. Los preámbulos discurren por el trazado de la zigzagueante pista, con vistas al horizonte azul de Dénia y a las paredes abruptas del Montgó.

En una de las curvas que la pista dibuja se halla una intersección señalizada con un un poste. Dejamos para la vuelta el itinerario numerado con el cinco, a fin de continuar hacia la Cuevas del Camell y del Aigua. Será un trecho breve por el carril hasta ver el desvío de subida a la Cueva del Agua, junto a un ensanche con panel informativo sobre la flora del lugar.

En caso de seguir pista adelante con rumbo a la Cueva del Camell se podría llevar a cabo un recorrido circular por la base del Montgó, para subir a la cima por la vertiente opuesta a la aquí empleada. Aquella vez se desechó esta variante por lo largo y tedioso que resultaría la caminata por la pista, a favor de la alternativa que incluye la visita a la Cueva del Agua y al Racó del Bou, lugares en teoría mas resguardados de un calor que ya apretaba en este mediados de Mayo. La senda cobra altura con decisión a base de cortas zetas y alcanza un cruce señalizado, entre la vereda que sube a la cueva y el camino que marcha hacia el Racó del Bou.

Un escalones tallados en la roca permiten acceder al interior de la cueva, donde se alojan pinturas de época romana protegidas con una jaula de barrotes. Los execrables graffittis y el ambiente lóbrego de la cavidad no ha de retraer a la curiosidad de investigar por un pasillo lateral, una galería oscura donde se necesita de luz artificial para descubrir el agua que da nombre a la cueva. A través de un orificio se vislumbra una gruta que alberga una pequeña laguna, como si fuera el aljibe secreto del castillo del Montgó.

Realizada la visita a la cueva se debe retornar al cruce anterior, tomando rumbo hacia el vecino Racó del Bou. Es una senda que avanza entre las plantas de clima mediterráneo que adornan el terreno duro del Montgó, de calizas que obligan a fijar la mirada en el suelo para no dar un mal paso. El tramo de subida es corto hasta llegar al cruce señalizado. El Racó del Bou y su circo de altas paredes será motivo de visita en el retorno, porque ahora se debe afrontar una de las cuestas mas exigentes de la jornada.

No saqué fotos de la intersección señalizada entre el Racó del Bou y la senda al Montgó al coincidir con otro grupo de excursionistas, pero el cruce se halla bien marcado en el inicio de unas rampas que nos harán sudar litros. El camino serpentea por el roquedo de la ladera, en un ascenso vertiginoso por su rapidez y por las vistas en ocasiones aéreas sobre la población de Dénia. Arriba de la cuesta saldremos a la unión con la ruta procedente de Jesús el Pobre, como bien señala un cartel indicador.

La pendiente en subida disminuye al salir a la extensa falda del Montgó, sobre la que se divisa la Cruz de Dénia encaramada en lo alto de la cresta. El terreno pedregoso que espera en adelante conllevará una marcha lenta, inmersos en un matorral que no concede sombras a excepción de unos cuantos pinos y carrascas que se cuentan con los dedos de una mano. La cruz, siguiente objetivo de la ruta, engaña a la vista al parecer mas cercana y accesible de lo que dista en realidad.

El rumbo es claro a pesar de que la vegetación amenaza con engullir la traza del camino. No surgen desviaciones de mención hasta llegar al cruce de subida hacia la cruz, indicado con unas pinturas de color rojo.

Dejaremos el camino que prosigue hacia la cima del Montgó para el descenso, con el ánimo dispuesto para ascender la cuesta venidera a la cruz de Dénia. El suelo rocoso que predomina en este flanco de la montaña se vuelve mas afilado a medida que nos acercamos a la cresta, con amagos de lapiaz que obligan a andar despacio entre grietas y fisuras. Las señales en forma de hitos o pinturas escasean pero la orientación es clara si el día acompaña.

La oportunidad de subir al Mongó recorriendo la cresta da un plus de vistosidad a la ruta. Desde la Cruz se gozará de un paisaje nítido y aéreo sobre la urbe de Dénia, acompañados por una brisa que mitiga los calores y hace mas liviana la marcha. El cresteo resulta sencillo, sin pasos que requieran de trepadas, sólo hay que prestar cuidado en donde pisar ante las lajas de piedra que cuartean la ladera.

Conviene seguir por lo alto de la sierra, tanto para disfrutar del panorama como a fin de evitar medias laderas engorrosas para el buen andar. Así pasaremos junto a una cota aislada y prominente que servidor flanqueó malamente por abajo. Luego aparece una sendero muy definido, en forma de sedo o faja que rodea la muralla somital del Montgó e incita a ser descubierto.

El camino colgado sobre la vertiente marítima termina por desaparecer junto a unas antenas, pero resulta sencillo ascender el mogote vecino para empalmar con la senda que accede a la cumbre. Resta el trecho final, pisado por miles de excursionistas a lo largo del año, para alcanzar el vértice geodésico del Montgó.

En las muchas cumbres que he pisado a lo largo de mi trayectoria montañera, hasta esa fecha, nunca había llegado a una amenizada con música de fondo. En concreto una turra de reguetón, trap, o cómo diantre se llame que no dejó de sonar durante toda la estancia cimera. Al grupo de jovenzuelos y señoritas(algunas ligeras de ropa) que hacía sonar la melodía no les preocupaba el gusto musical de los recién llegados, ni se inquietaban por perturbar el sosiego y la paz que se respira normalmente en lo alto de un monte. Estaban a gusto, como recién salidos del after, y para su descargo hay que admitir la sintonía entre ese ambiente bullanguero que se elevaba desde las alturas y el desenfreno turístico que se extendía abajo. Era muy propio.

En la bajada se empleó el camino de la ruta normal que atraviesa la falda de la montaña a lo largo. Miaja de sombra y paisaje abierto hacia la ristra de urbanizaciones que se despliegan al sur, junto al núcleo de Jesús el Pobre.

Tras el descenso pronunciado que nos devuelve a la intersección con el sendero a la Cueva del Agua, se toma el camino que avanza en horizontal para llegar enseguida al Racó del Bou. Un circo de altas paredes donde se atisban oquedades y abrigos para las aves carroñeras, un anfiteatro de piedra que obliga a estirar el cuello hacia las alturas desde un camino limitado por la fronda de madreselvas, lentiscos, zarzaparrillas y otras plantas de clima mediterráneo. El pinar espera al otro lado de una canaleta pedregosa, en un descenso suave que enlaza con la traza de la pista que retorna a Dénia.

Resta un llaneo por la pista que faldea la montaña, echando la mirada arriba, hacia los farallones que esculpen la muralla del Montgó por donde va la imprevisible ruta de subida que hemos disfrutado este día. A la espalda quedarán las paredes del Racó del Bou mientras trazamos las lazadas de vuelta al aparcamiento.







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