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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Pico Musales (2654 m) por Bucuesa -- 16/01/1989
Vía: ( Embalse de la Sarra, Pista y Refugio de Ibonciecho, Collado de Musales, Arista Oeste, Cima de Sancha Collons, Collado de Musales, Arista Este, Cima de Musales y La Sarra.) --
(228 visitas)
  • Hora de salida: 8
  • Hora de llegada: 18
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Ver panorámicas
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Pico Musales  (2654 metros)
Mapa de Musales  procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
Mapa de Musales procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
MUSALES Y SANCHA COLLONS.

Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Es el Pirineo grande que ni siquiera se puede comparar con las más felices voluntades de tenerlo. De cualquier excursión te guardas un buen número de proyectos. Luego, solamente es cuestión de que la montaña quiera y de que se tenga tiempo para ellos.
Te rescatas del “vicio” de los tresmiles y las posibilidades aparecen como flores en primavera. ¿Por qué no ir a Musales?
No está en otro planeta pero ya se sabe que el personal funciona con determinados parámetros. Los clásicos afamados de la zona lo guardan en el anonimato y está tan en medio que ni te enteras. Tenemos que ir a Musales porque nos apetece, porque Enero lo aconseja y más en este año: poca nieve e irregularmente distribuida en las laderas norte. Estamos en medio del invierno más anticiclónico y más seguro que jamás hemos visto por lo que ni nos tomamos la molestia de consultar la meteorología.
Salimos temprano pues el día es corto, las noches son de hielo y consecuentemente hay que ir despacio pues los neumáticos del coche están pidiendo a gritos el relevo. Es noche cerrada y nos llama la atención las luces de Lárrede y Oliván vigilantes del pacífico y entrañable sueño de los pueblos del Alto Aragón.
Sallen duerme oscuro y recogido junto al quieto, blanco y helado sueño del Embalse de Lanuza y llegamos a la Sarra con las primeras luces del día cuando son alrededor de las ocho.
Comenzamos a caminar por la pista que arranca al otro lado de la pared de la Presa de La Sarra a 1450 metros de altitud, subiremos alrededor de los 3 kilómetros anunciados por el Mapa de la Alpina que luego se convertirá en camino marcado que nos conduzca al Collado de Musales.
La pista serpentea suave y amplia entre manchas de hielo helada y rehelada repetidamente, entre prados alpinos quemados por el hielo alternando con el clásico pinar de pino silvestre hasta que discretamente será desplazado por el pino negro.
Ganamos altura lentamente, lo que quizás nos vaya bien. La mañana es suave y nos invita a quitarnos el pasamontaña. Nos adelanta un montañero con paso decidido, pensamos que nuestros objetivos serán diferentes.
La pista se orienta en todas las direcciones y de esta forma nos permite admirar cómodamente los alrededores. También se alarga más de lo previsto, el tiempo corre, el altímetro sube y continúa la pista.
Alcanzamos una portera para el ganado sobre los 2100 metros cuando la pista avanza junto al Barranco de Sancha Collons jalonado aquí por una imponente pared defensiva de aludes y arrastres. Un poco más arriba aparecen los restos de las instalaciones de la Empresa Aragonesas.
Son las diez pasadas cuando nos acercamos a echar un vistazo a la Casa-chalet, gemela de la Reespumoso y que ha corrido idéntica suerte: asaltada se encuentra en lamentable estado a pesar de no encontrarse en un lugar atrayente, pero casi nada, los vándalos han podido llegar hasta con coche.
Almorzamos en las soleadas escalinatas de la casa bajo la atenta mirada de Peña Foratata y continuamos luego para arriba en dirección al collado por el que estuvo instalado el teleférico elevador de materiales en época de las obras.
Al principio lo hacemos por fuerte pendiente herbosa que luego se suaviza en una pequeña cubeta lacustre casi colmatada y ahora cubierta por uno de esos neveros asentados en zonas protegidas.
Enseguida alcanzamos el pedregal, entre calizo y metamórfico, derrumbado de la cresta y el camino que paciente y sinuosamente nos elevará por un fangal pues hielo ha revenido, hasta que alcanzamos el Collado de Musales en medio de un caos de varias toneladas de sirgas, carretillas y estructuras metálicas desmontadas y oxidadas.
Son las doce y media de un espléndido día en el que nos disponemos a cobrar el esfuerzo realizado contemplando el Circo de Piedrafita espectacularmente blanco a nuestros pies: Reespumoso está vestido de decidido letargo invernal. Pasamos revista desde Tebarray hasta las Frondiellas; curiosamente, había más nieve en Junio pasado que hoy 16 de Enero del 89. Empalmamos con el Circo de Arriel para continuar con el de Soba. Le tenemos unas ganas al Arriel… pero todo se andará si así tiene que ser.
De la Cima de Musales baja el montañero que hemos visto por la mañana y charlamos un buen rato en el collado. Compartimos la idea de que pensábamos estar solos, contentos por encontrarnos.
Queríamos ir a Musales pero terminamos acompañándole por la cresta hacia Sancha Collons. La cresta es practicable y a tramos entretenida. Se encuentra empenachada de nieve lo que nos obliga, cuando nos introducimos en la norte, a hacerla con cuidado.
Llegados a la Cima de Sancha Collons a 2690 metros de altitud nuestro amigo quiere continuar adelante para hacer otra ruta de retorno al coche y nosotros decidimos darnos la vuelta sobre nuestros pasos pues seguimos queriendo hacer Musales. Nos hace una fotografía y luego cada cual a lo suyo.
Después de hora y media de cresta, ida y vuelta, estamos de nuevo en el Collado de Musales y ascendiendo en dirección oeste, tranquilamente, alcanzaremos la Cima de Musales cuando son las dos y media de la tarde.
Hemos decidido parar aquí a comer un poco y lo hacemos en compañía de Arriel, Pallas, Balaitus y la Gran Faxa desde este magnífico mirador a 2654 metros de altitud.
Son las tres de la tarde cuando iniciamos el regreso echando nuestros pasos al sur. Una casi imperceptible neblina sube Valle de Tena para arriba, como salida de las aguas del Gállego. Telera está con cara seria y circunspecta, Izas recogida y bastante nevada para el disfrute de esquiadores y nosotros vamos a tener todo el descenso para contemplar la Partacua.
Desandamos los neveros y el pedregal para alcanzar la pradera alpina que nos ha de llevar a los restos de instalaciones y a la pista para parar un poco mientras el sol empieza a despedirse.
Alcanzamos la pista en el mismo que lugar que la hemos abandonado, recogemos una roca con cuarzo blanco cristalizado que guardamos en la mochila y proseguimos para abajo entre atajos y revueltas.
Son las seis de la tarde ya casi de noche cuando llegamos al coche, un poco cansados pero satisfechos, depositamos nuestro cuerpo en la comodidad de los asientos y sin prisas iniciamos la vuelta.
En la presa hay un coche aparcado, es el de nuestro compañero oscense que nos espera un poco preocupado según nos dice pues cae la noche. Esto solamente es posible entre gente de montaña.
Conversamos un poco más pero brevemente pues a todos y a él más, nos queda la kilometrada de vuelta. Nos vamos para casa pero la montaña sabe que volveremos.


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