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- Hora de salida: 10
- Hora de llegada: 15
- Meteorología: Sol
- Dificultad: Muy facil
- Días: 1
- Tipo: Ascensión
- Gps: Sin fichero GPS
- Sin panorámicas
Pico Boron (1327 metros)
EL MALLO DE SAN JORGE, EL BORON Y LA CANAL DEL PALOMO.
Juan Castejón.
Rosa M. Martínez.
Mariano Javierre.
El domingo 19 de Noviembre de 2006, está recién caída la primera nevada de la temporada, el tiempo previsto es medianucho para el Pirineo y decidimos marchar a Guara en busca de mejor tiempo, no sin recordar la ocasión anterior en la que pillamos un remojón de los de aúpa, también en busca de buen tiempo.
Fue en Abril del pasado año y ahora volvemos a la carga ya que las nieblas no nos dejaron ver nada. Claro, a Guara vamos cuando el tiempo está complicadillo como poco y así nos va.
Pero en esta ocasión se viene Juan. Nos había dicho que hacía muchísimos años que no iba por allí y Rosa se dio cuenta.
A las siete, con un poco de retraso partimos hacia Huesca y a las ocho y cuarto estamos aparcando en el aparcamiento de las proximidades de la Presa de Vadiello.
La mañana está estupenda y comenzamos a deleitarnos con las vistas de los alrededores. Nada que ver con las recordadas nieblas pasadas.
Tomamos el empinado camino que partiendo de los 750 metros de altitud remonta el contrafuerte sudeste de los Mallos de Ligüerri de manera consistente entre la vegetación mixta que cubre la ladera y de entre la que destaca la carrasquilla, el boj y el romero todavía florecido.
Vamos en dirección noroeste y enseguida alcanzamos la arista del contrafuerte donde se arrellana el camino y se introduce en suave descenso en una estrecha canal situada al sudoeste del Mallo del Puro, no sin antes mostrarnos una espléndida imagen del conjunto de los Mallos de Ligüerrri iluminados por el cálido sol de la mañana.
La canal es bastante angosta, sostenida y vertical que gana altura resalte a resalte. En ella se instala con cierta dificultad la vegetación propia de la zona y que los montañeros utilizan convenientemente pues para trepar todo sirve: tan pronto hay que superar algún resalte rocoso como pasar alguna rampa terrosa en la que te ayudas tanto de viejas raíces como de gastados tallos de cualquier vegetal a mano.
Son 150 metros largos de canal que terminan en un embudo que se abre hacia el Collado de Ligüerri por el que accede a un rellano cubierto de vegetación. Allí giramos a nuestra derecha, un poco al norte, sobre la cabecera de una redondeada loma, atravesamos la cabecera de otra canal situada al noroeste del Mallo de San Jorge con lo que nos situamos frente a su cara oeste en la parte en la que el mallo tiene paredes más cortas aunque igualmente verticales.
Nos introducimos en la cabecera de otra pequeña canal cubierta de vegetación, en suave descenso y alcanzamos la pared del mallo.
Utilizamos un pequeño boj para incorporarnos a la pared mediante un largo paso que nos permite alcanzar unas clavijas fáciles que nos depositan en un pequeño nicho del que parte a nuestra izquierda un pasillo equipado con una sirga horizontal que asegura la travesía y de paso nos mete en medio del paredón surcado por dos negras escorrentías.
Inmediatamente al norte de las mismas y sobre un lomo vertical aparecen una hilera de clavijas que permiten el ascenso de la lisa y vertical placa suspendida en el, aquí profundo abismo de la cara oeste.
Se trata de una decena de clavijas bastante bien situadas que hay que ascender con cuidado y que nos permiten alcanzar un tramo de pared muy inclinado pero más asequible en el que aparece trazada una débil senda que inmediatamente nos conduce a la cima el Mallo de San Jorge que rondará los 1050 metros de altitud.
Son las nueve y cuarto de la mañana y desde la plana y amplia cima contemplamos una buena parte del Embalse de Vadiello y la zona de San Cosme con Ermita y Huevo. Aquí, a nuestros pies está el espectacular Mallo de la Mitra y hacia el noroeste se dibujan los Mallos de Lazas y el Borón. Detrás Fragineto con sus espléndidas canales y al fondo Guara.
A Rosa no le pega la ropa en el cuerpo pensando en el descenso pues no hemos traído la cuerda que aquí es aconsejable sobre todo para asegurar un poco el descenso.
Un cuarto de hora después, parece ser que el tema de la fotografía no va a ir muy sobrado, nos vamos a por las clavijas que bajamos sin más que con cuidado. La “seño”, con alguna indicación de Juan que baja delante, se marca un casi saleroso destrepe en la espectacular placa cuya fotografía no saldrá, cosa de las cámaras prestadas.
Fuera de la pared retomamos el camino en el redondeado lomo y nos vamos en dirección nor-noroeste siguiendo la parte superior de los mallos de Ligüerri en suave ascenso al espléndido sol de la mañana que invita a la relajada conversación y a la contemplación de tan espléndido paisaje.
Vamos girando al norte y alcanzamos la Punta Ligüerri sobre los 1200 metros de altitud y allí nos paramos a almorzar frente a la cara sudoeste del Borón. Son poco más de las diez de la mañana.
El día da para la tranquilidad pues no tenemos mucho tajo previsto y el almuerzo se dilata hasta las once menos cuarto.
Proseguimos abandonando el cordal principal y al noroeste nos introducimos en descenso en la Cresta de los Pepes.
Bajamos hasta el primer resalte, contemplamos las posibilidades de hacer la cresta, echamos cumplida visual a las Mallos de Aliana y nos damos la vuelta sobre nuestros pasos para recuperar el cordal principal.
Alcanzada la parte alta de la arista descendemos en dirección este pasa salvar la pared norte. Encontramos el primer paso en la pared de conglomerado y bajándola nos introducimos en el bosquete de boj y carrasquilla que se anida bajo la pared.
Atravesamos el bosquete y proseguimos en suave descenso tras ganar la loma hacia el Cuello de Ligüerri sobre los 1120 metros de altitud.
Allí y en dirección nordeste iniciamos el ascenso de la transitada pared siguiendo cualquiera de los múltiples caminillos que la surcan. Son alrededor de 200 metros de desnivel que hacemos buscando el terreno más firme fuera de la salpicada vegetación que cubre la amplia ladera rellena de materiales muy sueltos y que hacen penosa la subida.
Terminamos casi trepando las últimas lajas, cansados de tanta pedreguilla suelta en la que abunda caliza numulítica lechosa y sonrosada y alcanzamos la alargada cima del Pico del Borón situado a 1313 metros de altitud.
Son las doce del mediodía y recorremos la largada cima asomándonos a los verticales paredones de la cara nordeste del pico en cuyo fondo se aloja una de las estrechas ramas del Embalse de Vadiello por la que desemboca el Guatizalema vigilado por las espléndidas paredes de La Espada y el Proyectil. Abandonamos la cima por la zona noroeste de la mima bajando las pedreras en dirección oeste para faldear bajo los paredones en dirección sur al encuentro del Cuello Ligüerri. Luego por idéntico camino volvemos hasta las proximidades de Mallo de San Jorge parándonos a comer en la cabecera del Barranco de Lazas al cálido sol del mediodía.
Comemos tranquilamente y retomando el camino nos introducimos en la canal de acceso para descenderla tranquilamente ganar el espolón y bajarnos por la inclinada senda al coche. Son las tres y cuarto de la tarde y la jornada está concluida. A lo sumo daremos un paseo por la Canal del Palomo. No será más que cosa de media hora.
Cogemos el coche y nos bajamos hasta el aparcamiento junto al puente por el que la carretera atraviesa el Barranco de Vadiello.
Sin mochilas nos vamos por la orilla izquierda del barranco y enseguida alcanzamos el acceso a la canal en la base de los paredones orientados al sur. Se trata de una fisura en la roca que se prolonga sobre los verticales paredones y de la que suponemos saldremos enseguida por alguna vira utilizada al efecto
Juan hizo la canal hace un paquete de años y nosotros no sabemos nada de ella.
Un paso largo nos permite alcanzar el primer grupo de clavijas que ayudan a superar una placa vertical de manera fácil. Inmediatamente la fisura se ahonda y agranda mientras nosotros progresamos suavemente por su orilla derecha hasta alcanzar inmediatamente otra serie de clavijas fáciles que nos introducen en el fondo de la canal donde se aloja una primera balsa.
La canal es sencillamente preciosa y acogedora a pesar de que se pone de pie y comienza nuestra tarea de estirar el cuello en busca del final de las clavijas instaladas en el siguiente tramo. A la vez, la canal lleva agua y hay que poner cuidado en la incorporación a la pared para no entrar de patas en la balsa llena de cristalina agua.
Flanqueamos la balsa con las clavijas y progresamos en la canal hasta superar el resalte que nos conduce a un nuevo pozo, el de la Abarca como luego sabremos, pues todos tienen nombre.
Un nuevo tramo de clavijas nos deposita a salvo del agua en un ensanche de la canal que cuenta con una amplia cueva en su orilla derecha. Y donde suponemos que estará el final de la canal pero cuando yo llego, que voy detrás dando tiempo a Rosa para que progrese cómodamente, Juan ya ha flanqueado la balsa por su orilla derecha y se incorpora sobre las clavijas del siguiente resalte de aspecto un poco más serio quizás o a lo mejor es que nos lo parece tras el desencanto que supone en nuestro cerebro la idea de que el tema se alarga y... se complica ligeramente, más después de pasar junto a un cartel indicativo que reza algo así como que “pueden faltar algunas clavijas”.
Enseguida comenta Juan que “aquí hay un paso un poco largo”. La clavija está en medio del agua y “yo te ayudo” si te hace falta.
El paso resulta desagradablemente largo para Rosa pero tampoco es nada del otro jueves. ¡Con lo fácil que habría sido colocar de nuevo una clavija en lugar de un cartel!
Superado el paso viene una nueva balsa y van ya... de tal manera que no recuerdas bien ni cuántas ni por qué lado la has pasado. Solamente tienes ganas de que termine el asunto pues vamos a pelo en unos tramos que son muy angostos, absolutamente verticales y lisos lavados por las aguas, y que ahora están mojados pues corre abundante el agua.
Juan no recordaba gran cosa de la canal que hizo en seco y ni se sabe cuanto hace. Guardaba una imagen que tenía poco que ver con el marrón en el que estamos metidos.
El tramo del Hospital es particularmente estrecho, vertical y le falta alguna clavija, lo que unido a un cierto cansancio que se va acumulando, empieza a complicarnos las cosas. Juan ayuda a Rosa a superar un paso ayudándole a remontar hasta la clavija siguiente que parece alejársele continuamente y yo comienzo a estar seriamente preocupado. Rosa que en estos casos le echa cojones y punto, empieza a pelear con el terror que se instala en su mente como consecuencia de la impotencia física que le embarga.
La canal es absolutamente espectacular y decididamente salvaje pero en nuestras condiciones no estamos para contemplaciones deleitosas aunque yo tengo tiempo suficiente para ello, pues casi siempre espero que salga Rosa del paso si no tengo que ayudar por debajo para luego ascender a todo trapo sin preocuparme demasiado de la pureza del estilo de escalada.
De vez en cuando aparece alguna clavija doblada y eso que al principio era un problema ahora ya no tiene tanta importancia, nos preocupan más las que faltan y las mojadas. Nosotros ya hace algún rato que llevamos las botas y las manos mojadas lo que no ayuda en absoluto. Suerte que el agua y el ambiente no están fríos en absoluto.
La llegada al Paso Felipe es muy complicada por la falta de clavijas y porque no te puedes ni siquiera empotrar en una canal completamente mojada que se ha ampliado casualmente. Rosa está muy cansada y Juan se las ve para que pueda remontar el enorme y difícil paso tras dejarla que se descanse un poco. Yo le propongo a Juan salir por arriba o por abajo e ir a por una cuerda de los escaladores que estaban en los alrededores, pero continuamos con un tramo similar en el que Rosa pierde un pié y cae larga a la correspondiente poza sumergiéndose casi totalmente. Hay suerte que ni se estropea el móvil que lleva en un bolsillo.
Una caída sería peligrosa no por la altura ni por los golpes sino porque cualquiera sabe lo que se podría uno hacerse con alguna clavija. Pensarlo me seca la garganta y bebo agua de una poza.
Yo que en un paso anterior ya me ha hecho el brazo de canal bajante de agua, me echo de patas a la balsa, pues ya da igual, para ayudar a levantar a Rosa que lo hace como un rayo y colocándome debajo de ella le ayudo a iniciar el remonte siguiente y aquí no ha pasado nada. Rosa chorrea agua por todas partes
Una grapa marca el Paso Felipe y tiene incalculable valor después de un largo y expuesto tramo en el que gentilmente mis compañeros me regalan con un remojón de categoría: han hecho dique con las botas en el agua mientras Juan ayuda a Rosa a remontar el final y cuando Rosa saca la bota del cauce me llega la riada. Pero es igual subo el tramo como un poseso dispuesto ya a lo que sea.
Un par de grapas enfrentadas permiten la salida de un resalte más y el tramo final es igualmente vertical, se va estrechando hasta convertirse en una rendija en la que faltan las últimas clavijas y no hay forma de adherirse a tan resbaladiza pared. Juan saca a Rosa y yo empotro un pié en el agua y haciendo expansión con el cuerpo y los brazos me incorporo impulsándome sobre la última clavija más con rabia que con fuerza. Es el paso final.
Cuando levanto la vista mis socios están entre la vegetación de lo que me parece un delicado jardín en el rellano terminal bajo los Murallones del Ciego que también así se llama al circo superior.
La Canal del Palomo que acabamos de subir a pelo fue descendida en los años 50 por la élite escaladora de Peña Guara y equipada posteriormente con 199 clavijas y 5 grapas. Nosotros no habremos utilizado más de 190 clavijas y 3 grapas. ¡Lo que habríamos dado por haber utilizado las que faltan! Bueno, ¡una delicada sorpresita!
Ante nosotros se cierra el Circo Ciego con unos espectaculares paredones sobre los que se asientan abundantes palomares, cavidades en la roca perfectamente orientada al sur. Nosotros viramos al este y nos dirigimos hacia el Paso de la Losa, una placa equipada con una sirga medio suelta pero que no ofrece más dificultad que la que uno se crea en la mente después de subir la canal y transitar no demasiado seguros con los pies hartos de agua y las botas todavía mojadas.
Luego descendemos unas clavijas bastante aéreas que no son difíciles entre las sospechas de que vamos descendiendo hacia las paredes de escalada de la zona este de la canal y que solamente faltaría que nos llevaran a alguna vía con rápeles incluidos.
Y en un momento así parece. Una cita mal colocada nos precipita sobre los cortados asomándonos al amplio corredor situado al este de las paredes de escalada, lugar por el que no podemos bajar.
Vamos a dar la vuelta cuando una pareja nos indica que el paso está un poco más arriba. Volvemos sobre nuestros pasos enseguida y alcanzamos una placa expuesta, vertical, muy bien equipada con clavijas y que no supone ninguna dificultad, que permite el acceso al amplio corredor en el que se dibuja la salida.
Unos metros más abajo todavía media docena de clavijas permiten bajar un último resalte que nos deposita en el amplio corredor vestido de los arbustos clásicos de la zona.
Atravesamos el resto del corredor en ascenso diagonal hacia el este hasta que, tras rodear un pequeño espolón, alcanzamos el contrafuerte en el que nos espera el camino de descenso que hemos utilizado hora y media antes.
Un cuarto de hora después estamos de nuevo en el coche. Son las cinco de la tarde y hemos liquidado alrededor de 1000 metros de desnivel de los que 200 han sido de la Canal del Palomo, justo lo que le he dicho a Juan a la salida. En Guara, está claro que hay que ir con cuerda e incluso para la Canal del Palomo con algún cordino que utilizar como escalerilla, o mejor no ir ni con paraguas, total por ce o por zeta siempre sales remojado.
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El Borón desde el Embalse de Vadiello. 6-11-05
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Cara Oeste del Borón desde las inmediaciones del Collado Liguerri. 6-12-07.
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El Borón desde Gabardiella. 22-8-07.
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La Noroeste del Borón desde las Paules. 22-8-07.
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Casquete somital del Borón. 19-11-06.
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En la Cima del Borón. 19-11-06.
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Dineretes o nummulites en las laderas del Borón. 30-12-09.
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Rusco con fruto en el Collado Liguérri. 19-11-06.

