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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Tiatordos (1951 m) por klaus -- 20/06/2018
Vía: (Pendones) --
(45 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 17
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Tiatordos  (1951 metros)
Subida clásica a una de las montañas emblemáticas del parque natural de Redes, en los concejos de Caso y Sobrescobio de Asturias. El Tiatordos se alza sobre el llamado Cordal de Ponga que alberga relieves destacados como el vecino Maciédome y otros picos llamativos, pero sin duda la abrupta muralla que se abisma desde la cumbre del Tiatordos atrae los mayores elogios y admiradores. Acongoja estar arriba, asomarse a los cortados de 500 metros de caída vertical impone respeto. Esa cara norte recibe el nombre del Recuencu, un circo de paredes esbeltas que dibuja la postal típica y mas afamada de la montaña. La ascensión habitual parte desde la aldea de Pendones, en un recorrido de longitud moderada, sin complicaciones fuera del crudo invierno, cuya mayor adversidad reside en superar los 1200 metros de desnivel por un terreno de cuestas sin apenas descanso. La recompensa se obtiene en el vértice de la cima, al contemplar gran parte de la cordillera cantábrica de un vistazo; sorprende todo lo que llega a cubrir la mirada si contamos con la suerte de tener un día despejado como sucedió aquella jornada.

-DATOS TÉCNICOS:
-inicio, en Pendones a 750m. de altitud.
-duración, entre 6h y 6:30h en total.
-desnivel, 1200 metros de subidas y bajadas.
-Tiatordos a 1951m.

-DESCRIPCIÓN:
la aldea de Pendones, de nombre tan descocado y alegre, descansa en una balconada sobre la orilla derecha del río Nalón, en la cara norte del Puerto de Tarna. En la parte baja del pueblo encontraremos un aparcamiento adecuado para dejar el vehículo, y un poco mas arriba una fuente donde rellenar la cantimplora. La ruta de subida al Tiatordos está señalizada con marcas de pintura de PR, y comienza por una pista cementada con rumbo noreste, junto a los contenedores de basura y viviendas particulares.

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Estos inicios de la excursión discurren por la traza de la pista que da acceso a los prados y fincas del entorno. El relieve poderoso y contundente del Tiatordos surge a la vista desde un primer momento, con una presencia cercana que augura repechos exigentes. De momento, el carril avanza suave y facilita la marcha rauda, dejando algún ramal secundario bien indicado por las marcas de pintura. Tras el puente sobre el arroyo de la Llábana se tomará el ramal de la izquierda, en una cuesta de mayor pendiente sobre el cauce escondido y rumoroso del torrente.

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Después de rebasar el puente y mientras ascendemos por el nuevo carril, se obvia un desvío a mano izquierda que baja a la majada y cabaña de la Estefaria. Mas arriba la cuesta se empina a la vez que un cercado de madera linda con los prados aledaños, en una umbría formada por robles y hayas.

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La trocha gana altura de manera paulatina, a veces interrumpida por repechos breves de mayor inclinación, un desnivel ganado que nos regala con un paisaje amplio hacia los montes y praderías del entorno. Helechos y robles adornan la vereda que realiza un giro cerrado a izquierdas, justo debajo de las cabañas del Sen de la Vara. Un buen motivo de parada con objeto de descansar y ver las obras de mejora de estas típicas construcciones rurales, ahora casi convertidas en viviendas de recreo con sus paneles solares, merendero, y hasta una escultura en forma de segadora antigua, apero que a lo largo de mi periplo vacacional por Asturias tuve oportunidad de ver usar en sus mas variadas formas. El acceso cómodo y próximo a la cabaña, ubicada en un altozano de vistas lejanas, es motivo de alegría para su dueño y seguramente de envidia para los demás.

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El camino ofrece un pequeño descanso en el siguiente tramo, en una media ladera sombreada de cerezos y con vista frontal hacia el tajo de la Foz del Palombar. La estrecha garganta será el escenario de nuestra subida hacia la base del Tiatordos, cuyo relieve altivo se alza impasible al desaliento de los caminantes que todavía lo ven muy distante en las alturas. El matorral de helechos se vuelve mas espeso ante la cercanía del arroyo del Palombar, con nuevas cabañas en dispar estado lindando con el camino.

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Al pie de la garganta, hitos y pinturas invitan a penetrar dentro de la foz. Un desvío evidente para acometer la subida entre altos farallones y vegetación espesa. La senda es tenue pero se intuye bien dada la estrechez del terreno y el matorral colindante. Aquel día el arroyo bajaba con un reguero de agua, escaso, no sé si llegará a secarse en pleno verano, pero suficiente para refrescarse si el calor aprieta durante el trayecto por la garganta. A tomárselo con calma.

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El recorrido por dentro de la foz es intenso y a la vez breve, pues enseguida se sale a una vaguada mas abierta donde crece un bosquete de hayas. Sombra fresca que se agradece antes de emprender el siguiente repecho a cielo abierto.

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Una ladera cubierta de helechos precede a la llegada a la majada y fuente del Pláganu, donde esa mañana salía un chorrillo de agua suficiente para remojarse y abrevar. El paraje, con un par de cabañas en mal estado, invita a hacer una parada técnica antes de proseguir con las cuestas, siempre a la vera del arroyo de Palombar.

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La senda continúa por la vaguada que forma el arroyo, aunque mas arriba abandona su cauce gracias a una diagonal a izquierdas donde atender a las marcas de pintura. La traza se difumina al atravesar una campa de hierba, para después seguir una tenue vereda hasta un primer colladete llamado de los acebos. Allí crece una haya de tronco robusto y gran porte, junto a matas del arbusto que dan nombre al collado. También hay un saliente rocoso en su extremo sur de vista amplia hacia la majada de Pláganu y la Foz del Palombar.

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Un jardín de asfódelos decoraba esta parte de la subida, con sus tallos espigados coronados por penachos de flores blancas, en un ambiente primaveral al que sumar el colorido amarillo de las argomas. Entre los picos del entorno despuntaba la silueta piramidal del Maciome o Maciédome, uno de los picos destacados del cordal de Ponga. La senda se abre paso entre un matorral a veces lacerante, hasta alcanzar la planicie de la majada de Tiatordos.

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Las verdes praderas nos reciben con una encrucijada de caminos. Un cartel señalaba el camino que viene de Orlé y otro procedente de Pendones que supone una alternativa de regreso al pueblo. Aquel día se bajó por la misma foz del Palombar sin hacer ese bucle circular que posibilita un itinerario diferente por las brañas de Piedrafita. Las vacas pacían sobre la hierba de la majada de Tiatordos, sin la urgencia que tenemos los humanos de ir de aquí para allá en busca de nuevos retos y horizontes; ellas tienen la comida bajo sus cabezas y se bastan con el paisaje de alrededor. A nuestro devenir en cambio le interesa cruzar los prados por la falda del Tiatordos, hacia una collada herbosa que no es necesario alcanzar.

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Desde la majada bien se podría emprender la subida a la cumbre sin necesidad de camino, to tieso hacia arriba, pero como existe vereda sobre el terreno vamos a seguirla, será lo mas cómodo. La traza gira hacia la falda de la montaña sin alcanzar la divisoria sobre la otra vertiente, un camino hollado entre el tapiz amarillo de las argomas que ya no concede un momento de respiro.

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De la majada a la cima del Tiatordos hay que superar cuatrocientos metros de desnivel en poco espacio, una subida que se vuelve mas larga de lo esperado y que puede atragantarse a ratos. Las señales amarillas y blancas del PR junto a los hitos de piedras se combinan con otras pinturas de color rojo, por un trazado que discurre alejado del cordal, a través de vaguadas laterales donde surge la roca caliza.

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No existen resaltes ni pasos comprometidos en el avance hacia la cima, basta con andar sin perder el resuello hasta alcanzar el cordal, a escasos metros de la cúspide donde se alza el vértice geodésico. Llegó el momento de disfrutar.

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Esa emoción tantas veces repetida y no por ello menos buscada de extasiarse ante el panorama logrado por merito propio, queda sublimada en la cumbre del Tiatordos. Casi dos horas de estancia en la cima dan prueba de ello, y hasta cortas me parecieron a fin de descubrir la inmensidad de detalles que ofrece el paisaje. Casi no sé ni por dónde empezar...

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La mirada abarca un cacho importante de la cordillera cantábrica, llegando a vislumbrar montañas insospechadas en cuanto a lejanía como el Espiguete o el Curavacas, el macizo de las Ubiñas, los picos de Europa, y otras mas cercanas como los picos de Mampodre. Con unos buenos prismáticos y capacidad de observación se podrían identificar un gran número de montañas.

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Además de disfrutar de un paisaje tan dilatado, la mayor impresión se recibe al contemplar la abrupta caída hacia el valle de Ponga. La muralla de paredes que defienden el Tiatordos por su cara sur incita a la asomada vertiginosa, un abismo de cortados se abre a nuestros pies, bastaría un paso en falso para hundirse en el vacío. Abajo se vislumbran los diminutos pueblos de San Juan de Beleño, el de Tanda, desde los que se obtiene una visión frontal de la copa del Tiatordos a la que ahora estamos subidos, sin duda la silueta mas espectacular y característica de esta montaña.

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Si la cresta hacia la llamada Nariz se antoja complicada y llena de resaltes, el otro flanco del Tiatodos presenta un cordal mas amable y fácil de transitar hasta un espolón rocoso que al parecer se denomina Campadamala. Aquel día sólo se rebasó un colladete airoso hasta la primera cota herbosa, mirador inmediato y acongojante hacia la muralla del Tiatordos. Nueva parada de contemplación para deleitarse con otras perspectivas.

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El regreso se efectuó por el mismo itinerario de la subida a través de la Foz del Palombar, con la certeza de haber ascendido a una de las montañas mas ilustres de Asturias y de la Cordillera Cantábrica.

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