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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Torre de los Horcados Rojos (2506 m) por casiano -- 23/06/2019
Vía: (Normal, desde Fuente Dé por La Jenduda) --
(68 visitas)
  • Hora de salida: 7
  • Hora de llegada: 17
  • Meteorología: Mixto
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Torre de los Horcados Rojos  (2506 metros)

Otra ascensión que en su momento no subí a la web, de nuevo porque el plan salió diferente de lo planeado, en este caso con una considerable reducción respecto a la idea inicial, y en este caso no por fallos nuestros sino por prudencia ante las previsiones meteorológicas. Así, pues, otra vez algo frustrado, no quise dedicar tiempo a escribir sobre una subida a una cima en la que ya había estado dos veces antes, y con el único aliciente (no pequeño, eso sí) de haber conocido la Canal de la Jenduda y, también es verdad, ser la ocasión en que he visitado Picos de Europa con más nieve.

Nos habíamos propuesto inicialmente vivaquear dos noches por arriba, y subir, además de a la Torre de los Horcados Rojos, a Peña Vieja y al Tesorero. La noche anterior, ya en Fuente Dé, hicimos un último repaso a la previsión, y concluimos que, con el panorama de chubascos que se avecinaba a partir de la tarde siguiente, no valía la pena subir con todo el material a hacer noche. Por otro lado, hablamos con otros montañeros sobre las condiciones, y al parecer tanto Tesorero como la parte superior de La Canalona tenían o podían tener nieve venteada, viento que, por otro lado, se esperaba fuerte y constante para toda la jornada en cotas altas. Con estos datos, preferimos dejar la cosa en excursión de un día y, con el “miedo” a subir por esos dos tramos empinados en esas condiciones, probablemente nos conformaríamos con la cima aquí descrita, aunque eso ya lo improvisaríamos por la marcha.

No hubo finalmente mayor misterio sobre el terreno. Valió la pena subir por la Canal de la Jenduda como novedad, el ambiente nevado de la parte alta y vistas desde la cima estaban realmente vistosos, y poco más. Nos fuimos encontrando en varias ocasiones con un gallego que se había separado de sus compañeros por desacuerdo en la ruta de descenso, y no sabemos con exactitud si la otra parte tenía mejor criterio que él, pero parecía lo más probable, porque el hombre no hacía más que dar vueltas y rectificar. Nos cruzamos por primera vez cuando él bajaba por la Jenduda, y al rato volvió a aparecer subiendo, quejándose de que el paso de roca que hay en la parte más baja le parecía de IVº grado... Luego se desvió hacia el oeste en vez de ir hacia la pista de La Vueltona como hicimos nosotros, pero luego nos lo cruzamos un par de veces más por la pista, una subiendo y otra bajando... De vez en cuando le veíamos de lejos atravesando por otra zona... Hoy en día, cuenta la leyenda que su espíritu se aparece aún a la gente por allí, maldiciendo a sus compañeros traidores, a los que todavía busca...

A la larga, esta fue la antepenúltima ruta montañera (dejando de lado paseos o alguna excursión fácil de senderismo) que he hecho hasta el momento de escribir esto. Más adelante, en las vacaciones de agosto, caí en un bajón personal importante, el más gordo anímicamente de mi vida, ya que, cerca de un año después de fallecer mi padre, de repente no tenía ganas de hacer viajes montañeros, al principio porque no quería irme solo, y luego porque no quería irme en ningún caso; básicamente, no tenía ganas de nada, no me apetecía hacer nada, sólo me movían el miedo y la ansiedad ante mi propio estado y sus posibles consecuencias (no le deseo a nadie nada parecido, si no lo habéis vivido no sabéis lo que es). La depresión me duró hasta marzo, y cuando empezaba a animarme y volvía a mirar hacia arriba cuando estaba cerca de la sierra, llegó el coronavirus y el Estado de Alarma. Tras unos primeros días de estrés muy difícil de soportar en los que creí que el confinamiento me remataría del todo, una lucecilla en la cabeza me hizo ir dándome cuenta de que ese miedo a la soledad que tenía y que había motivado todo, no era del todo razonable, aunque no sea lo mismo buscar la soledad en las montañas que encontrártela por obligación en tu casa, y me fui recuperando. Entre otras muchas cosas, me animé a retomar las descripciones de Pirineos 3000 con algunas que había dejado pendientes en diferentes épocas, y ésta era la última de ellas (en ambos sentidos, la última que me quedaba, y la última que había hecho de las no descritas, hace once meses). Once meses de sequía, y ahora que algunos compañeros de la web ya han tenido la suerte de poder salir a montes de su municipio en las primeras fases de desescalada y contárnoslo por aquí, este amante de las agrestes cumbres encerrado en la cárcel de una gran ciudad tiene una ganas enormes de que llegue la “nueva normalidad” para poder hacer lo propio, y poder volver a contar algo nuevo. Pero afortunadamente no son unas ganas que agobien, porque dos meses de confinamiento físico han sido pocos comparados con unos ocho meses de confinamiento mental. “Casiano” ha vuelto.


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