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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Tozal del Arizonar (1518 m) por klaus -- 07/03/2018
Vía: (Las Almunias de Rodellar) --
(142 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 15
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Tozal del Arizonar  (1518 metros)
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Tanto de Rodellar como desde la localidad vecina de las Almunias parten una serie de caminos en busca de la cresta de Balcés. Su trazado permite dibujar recorridos diferentes para la subida y el descenso, con intención de hacer excursiones circulares. En esta ocasión situamos el punto de partida en Las Almunias de Rodellar para ascender a la sierra por el camino de la Rubiacha, luego disfrutaremos de un trayecto por el largo cordal que regala vistas aéreas sobre el Cañón del Balcés y el Pirineo, coronando una cota modesta en su relieve pero de panorama destacado como es el Tozal del Arizonar. El regreso se efectúa mediante una senda que baja directa hacia Rodellar, para concluir el itinerario a través de los carriles y veredas que comunican ambos pueblos.

-DATOS TÉCNICOS:
-inicio, Las Almunias de Rodellar a 690m. de altitud.
-duración, 6:30h en total.
-desnivel, 900 metros de subidas y bajadas.
-Tozal del Arizonar a 1518m.

-DESCRIPCIÓN:
el auto lo podemos dejar junto al edificio del hostal Tejedor, a la entrada de Las Almunias de Rodellar. En esta fecha un poste indicador señala el camino a Rubiacha, nombre que es de suponer aluda a la ladera por donde vamos a subir a la cresta de Balcés.

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Unas hileras de tapial construido en piedra seca, modo de delimitar los caminos muy extendido en el valle de Rodellar, sirve de preámbulo a un ascenso que se mantiene constante a lo largo de esta primera parte de la excursión. Los mojones de piedras ayudan a seguir la traza del sendero, en dirección a rebasar un escarpe rocoso por el flanco izquierdo. La vegetación es arbustiva de clima mediterráneo, formada por un matorral de enebro, sabina, romero, que no llega a dar sombra exceptuando la presencia esporádica de carrascas.

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La caliza y sus formaciones de roca aparecen sobre el camino a medida que se gana altura, un terreno mas duro de pisar y agreste en superficie en el que son capaces de medrar plantas de recio aguante, como el boj, los erizones, y hasta flores diminutas mas complicadas de identificar. El desnivel vencido recompensa con el paisaje trasero hacia el valle, al barranco de las Gorgas Negras coronado por el Cabezo de Guara y las elevaciones de la Sierra Lupera, relieves de perfil quebrado que serán objeto de nuestra mirada durante el ascenso a la cresta de Balcés. En menos de una hora desde la salida se empalma con una pista de tierra.

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Breve descanso en el enlace con la pista a fin de reponer fuerzas y disfrutar del paisaje. El siguiente tramo discurre a lo largo del carril que primero se estira hacia el sur para después tomar un rumbo norte mas propicio a nuestros intererses. No se intuyen atajos a la amplia lazada, así que toca resignarse a salvar la pendiente con lentitud mientras se otea el panorama.

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La pista se convierte sin solución de continuidad en buen sendero, con balizas de madera intermitentes para señalizar el trayecto. Una diagonal en subida entre vegetación rala, aunque con presencia ocasional de quejigos y carrascas de porte robusto.

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En horario de invierno y a primeras horas de la mañana, la ladera por la que subimos permanece en umbría y puede guardar restos nieve o rosada como sucedía en aquella fecha. El camino remonta la cabecera del barranco de la Costera, sin llegar a cruzarlo y saliendo al ancho cordal de la sierra, vestida de matorral bajo y con un poste indicador levantado junto a un gran mojón de piedras.

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Los más de 600 metros de desnivel superado desde la salida en las Almunias obtienen su premio con la vista prodigiosa, o mejor sería decir, con la vista al prodigio de la naturaleza llamado Cañón del Balcés. Los acantilados de la ladera opuesta tienen una media de setecientos metros de caída casi vertical, un muralla que se prolonga varios kilómetros tapizada de calizas y carrascales, guardiana del curso apenas visto y encajonado del río. Parada de solaz y refrigerio.

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La pendiente afloja en el recorrido por el cordal de la sierra, donde se suceden continuos subes y bajas por encima de los precipicios al Cañón. Ahora se llega pronto a unas antiguas terrazas de cultivo, con restos de tapiales, y un poste indicador que señala el el camino de bajada al río en su viaje hacia Sarsa de Surta y los pueblos de la otra margen. Este itinerario, inédito todavía para quien sus escribe, conllevaría disponer de un vehículo de recogida al término de la excursión o plantearse la ruta en plan travesía, porque los desniveles a superar son de órdago. Algún día caerá.

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El trayecto a lo largo del cordal de Balcés constituye una de las mejores excursiones a disfrutar del parque natural de Guara. En un día despejado vamos a tener el abismo del Cañón a nuestros pies, además de obtener un paisaje dilatado hacia el valle de Rodellar y las montañas del Pirineo. Un lujo.

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La senda avanza por el borde superior de un crestón alargado, para después trazar una media ladera por el lado de Rodellar y así acceder al collado de la sierra. A uno de los collados de la Sierra, señalizado en esta ocasión por un nuevo indicador. Aquí sale otra variante hacia Sarsa de Surta que mas abajo enlaza con el desvío de antes, también el camino que usaremos para la vuelta en dirección a Rodellar, y por último la vereda que prosigue por el cordal hacia el Norte.

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En función de nuestras fuerzas y anhelos tanto se podría descender ya por el camino a Rodellar como proseguir cordal adelante hasta destino indefinido. Esa meta podría colocarse en la cima del Tozal del Arizonar, situada a una hora estimada de trayecto y que prolonga el decorado de vistas. En esta fecha, los vientos fuertes y el cielo encapotado molestaban a la hora de avanzar por el cordal, en unas condiciones malas para gozar del paisaje, así que se pegó la vuelta. Las fotos del tramo desde el collado a la cumbre del Tozal que vienen a continuación corresponden a una salida anterior, semejante en cuanto a la nieve caída, pero en circunstancias mas favorables para admirar el panorama.

El sendero, balizado con estacas de madera de color verde, sube a una explanada cubierta de erizones y luego pierde altura hasta llegar a la base de una raya o pared vertical.

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El paso a lo largo y bajo el farallón vertical supone uno de los momentos mas atractivos del recorrido. Al resguardo de la pared vamos a disfrutar de vistas gratas que anticipan el espléndido panorama a contemplar desde el Tozal del Arizonar.

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La vegetación que coloniza la pate alta de la sierra es la habitual de los terrenos abiertos de Guara, formada por matas de erizón y arbustos de boj capaces de soportar los rigores del clima, de variaciones acusadas de temperatura y del azote de los vientos. Con este matorral habremos de bregar durante la marcha por el camino, y en especial en el trecho final de subida al Tozal del Arizonar. Ya el nombre es presagio de la vestimenta que adorna su falda, una ladera de matorral abundante sin senda practicable. Toca ir por libre, buscando el mejor paso por la loma sur del Arizonar hasta situarse al lado del casquete rocoso del Tozal.

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La cima de este humilde mogote supera por poco los 1500 metros de altitud, algo por debajo de la máxima elevación de la sierra de Balcés, el Tozal de Paco Tiesto, situado justo en frente y cuyo perfil destaca sobre la línea de cresta. El trecho que nos separa del mismo supone un añadido excelente a la ruta, al ofrecer un panorama mas amplio y sin obstáculo alguno en el campo de visión. Hoy nos conformamos con el paisaje del Arizonar que resulta igual de satisfactorio y distinto a su manera.

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Tras pasear la mirada por el escaparate de montañas del Sobrarbe y la Ribagorza, sin perder nunca de vista el protagonismo mas cercano del Cañón de Balcés, vamos a retornar al collado de la sierra con intención de descender por el camino a Rodellar. Serán unas rampas pedregosas que pierden altura con rapidez y marchan al lado de una barranquera sin caudal de agua en superficie, aunque metros mas abajo mana una surgencia que recibe el nombre de Estibiacha.

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Este sendero de bajada discurre por un terreno similar al visto en el trayecto de ida, formado por un suelo donde predomina la roca caliza, y una vegetación baja de erizón, bojes, coscojas, junto a ejemplares aislados de quejigo y encina. Los hitos de piedras y alguna baliza de madera sirven para confirmar un rumbo que en todo momento se muestra claro.

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Durante la bajada disfrutaremos de una vista permanente hacia el valle de Rodellar y la sierra de Guara, destacando en la parte baja unos abrigos naturales que se ubican en un barranco aledaño. La pendiente disminuye al cruzar una zona mas plana de antiguos campos, con la senda limitada por tapiales de piedras, hasta llegar a una intersección clave en el recorrido.

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La senda balizada prosigue hacia el cercano Rodellar, en descenso y entre muchos tapiales, en un desvío que puede ser de interés en caso de no conocer el pueblo o de ir muy necesitados de tomar un refresco o reconstituyente en el bar. En cambio, la manera mas corta de regresar a Las Almunias consiste en seguir recto por la pista con rumbo sur. Varias lazadas en suave descenso que en seguida nos llevan al sendero indicado de la Cueva de Bachellas, un abrigo pastoril que sirve en la actualidad para practicar técnicas de escalada. Se recomienda su visita pues está sólo a cinco minutos de la pista.

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Un breve repecho para después bordear un campo por el lindero de tapiales y así entrar en el recinto de los dos apriscos pastoriles. El rosario de cagarrutas bajo los aleros demuestra que las cabras acuden con frecuencia a la cueva, a pasar las noches frías al cobijo de un techo. También hay cuerdas sobre el extraplomo de la pared para que en este caso algunos hagan el cabra, entretenidos en sus desafíos de escalada. La cueva situada mas al interior alberga una sala grande y espaciosa, desde la que se obtiene un angular entornado sobre el Cabezo de Guara y el Tozal de Nasarre.

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Conocido otro paraje curioso de la zona, vuelta a la pista que poco mas allá rebasa un depósito de aguas. La siguiente bifurcación tiene su importancia, pues se abandona el carril principal que va a enlazar con la carretera a fin de torcer por el ramal de la izquierda. Una estaca de madera con pintura verde confirma de inmediato la buena elección, yendo ahora por el sendero que comunica las dos localidades, Rodellar y sus Almunias.

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El camino baja a una franja alargada de campos que vamos a bordear en el siguiente tramo, con momentos agradables bajo la umbría de los quejigos y la compañía de los tapiales de piedras.

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En este trayecto, en apariencia poco estimulante por carecer de grandes atractivos montañeros e ir por la zona rural de campos, se suceden los tramos de pista con otros que marchan por sendero, prestando atención en los cruces y fijándose en los detalles rústicos que antaño componían el paisaje.

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Nuestro carril atraviesa la carretera y termina en otro campo de labor. Un vallado parece delimitar el terreno de una explotación privada, aunque el sendero lo sobrepasa y prosigue mediante un trazado mas enmarañado de plantas y matorral. Mas adelante pasaremos por debajo de una nave agrícola, entre olivos de gran porte y una cabaña pastoril.

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Sólo resta vadear un torrente que ese día llevaba un caudal generoso para llegar a Las Almunias, justo donde sale la carretera hacia la vecina aldea de Pedruel. Dentro del pueblo, en su parte alta, hay instalado un observatorio astronómico para contemplar e identificar las constelaciones, con un panel descriptivo para cada estación del año y unos bancos de diseño para tumbarse al relente de la noche. Un mirador a las estrellas curioso que requiere de manta y un café calentito...

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