|
Ruta ecológico — paisjística por el Río Borosa.
El Parque Natural de la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén) es el mayor espacio protegido de España (214.300 hectáreas) y uno de los mayores de Europa. También está declarado Reserva de la Biosfera desde 1983 y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) desde 1987.
Es una zona muy atractiva para la práctica del senderismo, tanto por sus valores biológicos como por sus paisajes. La ruta estrella es, probablemente, la del Río Borosa.
La ruta empieza casi en el punto de desembocadura del Río Borosa en el Guadalquivir. A 2 km de la llamada Torre del Vinagre se encuentra la Piscifactoría y Centro de Interpretación Fluvial Río Borosa. Este Centro ofrece información didáctica y es el principal centro de reproducción de truchas dedicadas a la repoblación de los ríos y embalses andaluces. Se accede a este lugar por la carretera que conduce desde Cazorla al Pantano del Tranco, en la que se sitúa la Torre del Vinagre (Centro de interpretación de la naturaleza), en el kilómetro 17. La piscifactoría es el punto de inicio de la excursión.
Tomamos una pista forestal que discurre en todo momento por la orilla del río. No hay pérdida. Un agradable paseo con bonitos paisajes adornados por numerosa vegetación. En este sentido, la Sierra de Cazorla tiene una variada flora. Lo que más abunda en el Parque son los pinares (que años más tarde de esta actividad sufrieron un importante incendio), pero también hay extensas zonas de encinar y quejigar mediterráneo. No faltan especies endémicas, de las que la estrella es la Viola cazorlensis.
No tardamos mucho en llegar al Puente Caracolillos. Por esta zona pudimos disfrutar del vuelo elevado de unas águilas. Podemos encontrar águilas perdiceras, pescadoras, culebreras, calzadas y reales. Otras rapaces destacables de la zona son los buitres negros, el alimoche y el quebrantahuesos. Y mirando más abajo, hacia el río, tal vez avistemos algún que otro mirlo acuático, entre otros. Ya que hablamos del río, y aparte de las ya mencionadas truchas, pueden encontrarse nutrias.
Más adelante hay una doble alternativa; por la izquierda continúa la pista, pero más interesante es la de la derecha, una senda que nos conduce al vado Rosales, entrada natural a la famosa Cerrada de Elías. Se trata de un camino de pescadores, construido a base de tablas que discurren por encima del río, pegadas a la roca vertical que bordea a éste por su margen izquierda (derecha según subimos); no sé si lo he explicado muy bien, pero seguro que se entienda mejor viendo la primera foto. Es una zona realmente preciosa.
Tras la Cerrada de Elías, se vuelve a recuperar la pista forestal, que empieza a ganar altura. El paisaje circundante se torna más montañoso, con abruptas paredes rocosas a ambos lados del río. Recuerdo que por aquí tuvimos la suerte de ver volando muy bajo a un alcotán. Junto con el aumento de la pendiente, empiezan a aparecer vistosos saltos de agua en el río, cada vez más llamativos, como el de la segunda foto.
Más adelante observaremos, en la ladera del valle que queda hacia nuestra izquierda, un tubo o salto de agua artificial, que pertenece a una central eléctrica. A partir de aquí, la pista se convierte en una senda de montaña que va ganando altura hasta llegar a la altura del Salto de los Órganos, la última (en realidad, primera) y más espectacular de las cascadas del río, con 50 metros de caída a plomo del agua. Realmente impresionante, para quedarse anonadado contemplándolo.
Más arriba el camino se anima aún más. Continúa la senda por la izquierda del Salto de los Órganos, ascendiendo por la ladera hasta remontar unas repisas de caliza desde las que se accede a los túneles por los que discurren los canales que conducen el agua a la central. Hay que meterse por los túneles, medio a oscuras, procurando no colarse en el canal. Hay algunas aberturas a lo largo de los túneles, desde donde se puede observar la importante caída vertical de la pared por dentro de la cual vamos andando. En la tercera foto se puede ver la entrada al primer túnel.
Tras ello, llegamos a las Lagunas de Aguas Negras y de Valdeazores, en la segunda de las cuales finalizamos nuestro trayecto. Pudimos disfrutar de aquel bello y último paisaje, mientras observábamos cómo por la superficie de la laguna nadaban las fochas.
Lo malo de la ruta es que fue de ida y vuelta, y tuvimos volver a pasar por los mismos sitios para regresar, con dos únicas alternativas: tras el Salto de los Órganos, en vez de por la senda, bajamos haciendo el cabra junto a los tubos de la central, y luego, para ir más rápido, seguimos por la pista en vez de por la Cerrada de Elías.
La ruta es muy sencilla, pero la he subido al nivel fácil por su considerable longitud.
|