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Texto: Carles Gel. Fotos: Eli Cors y Carles Gel.
El mundo está lleno de montañas, de valles aún sin explorar, y también de desiertos de hielo los cuales se encuentran en algunos de los lugares más inhóspitos del planeta. Ese afán de amar la aventura y vivir con ella, nos llevó esta vez al desierto de la Alta Catamarca, quizás la región más despoblada y a la vez salvaje de Argentina; seguramente y sin llegar a exagerar, un lugar parecido a la superficie del planeta Marte. ¡Sencillamente impresionante!.
Recuerdo perfectamente que hace unos cinco años leí en una revista especializada, un interesante articulo sobre las montañas de la Alta Catamarca, lugar donde se encuentra la segunda cumbre más alta de los Andes y de toda América: el Monte Pissis, de 6.882 metros de altitud. Devoré aquel largo articulo unas cuantas veces y decidí que viajaría hacia aquel lugar lo antes posible. Sin embargo, el descubrimiento del Ártico me llevó a realizar varias travesías polares consecutivas: Groenlandia en el 2002, Laponia en el 2003 y el mar Báltico Norte en solitario en el 2004, entre otras. Aún así, no olvidé las montañas y estuve escalando un par de veces en Ecuador y en el Cáucaso.
Sin embargo, en noviembre del 2004 pude por fin hacer realidad mi sueño y junto a dos alpinistas andorranos -entre los que se encontraba mi viejo amigo Jordi Serra- dirigimos nuestros pasos hacia el desierto de la Alta Catamarca, ese lugar tan poco conocido y anteriormente visitado por muy pocas expediciones.
La primera sensación que tuve al poner los pies por vez primera en aquel lugar no se puede explicar con palabras, sencillamente fue como poner los pies en otro planeta.
El mal tiempo marcó los primeros cuatro días de la expedición. No pudimos salir del campo base por lo que nuestra aclimatación se retrasó. Además, Àlex, el otro andorrano se encontraba cada vez peor y un día creí que se iba a morir…
El primer día que hizo buen tiempo nos dirigimos casi corriendo a una cumbre que casi alcanzaba los cinco mil metros. La mañana siguiente, escalamos un monte sin nombre y virgen de 5.342 metros de altitud, a través de un corredor el cual bautizamos como la Ruta Andorrano-catalana; y unos pocos días más tarde Jordi logró escalar en solitario el Pissis NW, que tiene unos 6.200 metros, mientras que Àlex y yo alcanzábamos el aún virgen Pissis NE (5.728 m) a través de la Ruta dels Catalans. Sin embargo, quedó para una mejor ocasión el intento en esquís a la cumbre principal del Pissis (6.882 m) a través de una nueva ruta. Estuvimos 12 días en el campo base, en medio de este desierto increíble situado a más de cuatro mil metros de altitud.
A finales de noviembre volamos de nuevo en dirección a Europa. Por mi cabeza ya daba vueltas la perversa idea de volver a viajar a Catamarca doce meses más tarde. Abandonaba la República de Argentina sin lograr estar demasiado satisfecho, aunque con la alegría y la ganas de volver a ver muy pronto este auténtico paraíso andino que tanto me había cautivado.
Los inicios del 2005 estuvieron marcados por la travesía integral Torneälven-Torneträsk, que realizamos Pako Sànchez y yo con esquís sobre agua congelada en el norte de Suecia, cerca de la frontera con Noruega.
A continuación Elisabet Cors y yo visitamos las montañas de Irán donde no tuvimos demasiada suerte, pues disponíamos de muy pocos días.
Una oscura y fría noche de mediados de noviembre del 2005, Eli y yo nos montamos en un avión y cruzamos el Océano Atlántico en dirección a Argentina. Después de una breve estada de un día y medio visitando Buenos Aires, volamos a la ciudad de Catamarca, punto de partida para dirigirse a las montañas.
Lo primero que nos sorprendió al llegar a Catamarca fueron las altas temperaturas, sensiblemente superiores al noviembre anterior, y que llegaron a alcanzar los 46ºc y a las que lógicamente no estabamos habituados.
Alquilamos un vehículo todo terreno, y a continuación nos dirigimos hacia el campo base del Pissis, el cual se encuentra a unos 600 kilómetros de la ciudad, y que alcanzamos en algo más de once horas después de recorrer la carretera internacional del Paso de San Francisco, así como una pista caótica e inacabable que cruza el inmenso desierto de la Alta Catamarca, la continuación natural por el lado argentino del desierto de Atacama, el cual está considerado el más árido del planeta. Con eso está todo dicho.
Mi compañera alucinaba con ese paisaje tan fantástico como tan poco real y que no parece pertenecer a este mundo; mientras que yo me sumía en mis pensamientos recordando el viaje anterior. Aquella misma tarde alcanzamos el campo base (4.580 m) y montamos un par de tiendas para instalarnos lo más cómodamente posible, pues en este lugar pasaríamos los próximos doce o trece días
Nos quedamos solos, conectados al resto del mundo por tan sólo un pequeño teléfono satélite, que utilizaríamos para poder llamar a nuestras familias.
Al contrario que la vez anterior, desde el primer día nos hizo un tiempo espléndido, y al tercer día de haber llegado ya conseguimos nuestra primera cumbre. Eli era muy feliz, pues jamás había estado tan arriba, tocando ese bellísimo cielo de color azul y del que tanto disfrutábamos en nuestros amados y lejanos Pirineos.
Los siguientes días continuamos subiendo cumbres -hasta cinco en total- y también exploramos un par de altos valles que han estado pisados escasamente por el hombre. ¡Que lugares más hermosos! ¡Que silencio!. Aquello era más de lo que habíamos imaginado. Volvíamos a Europa satisfechos por haber podido vivir esos momentos únicos. Igual que el año anterior, a lo largo de todos los días que estuvimos en la montaña no vimos a nadie. ¡Que lugar tan salvaje!.
Es posible que esta soledad acompañe a estas montañas largas décadas. Volveremos a la Alta Catamarca, pero no será hasta finales del 2007, pues antes mi compromiso con la aventura me llevará consecutivamente a Groenlandia, lugar donde tenemos previsto realizar una travesía inédita a través de un lugar inexplorado del inlandsis, uniendo las costa Oeste y Este a lo largo de 600 kilómetros, y a continuación viajaremos a la Antártida, donde realizaremos la travesía con esquís desde el hasta alcanzar el mismo Polo Sur Geográfico (1.200 Kilómetros de recorrido).
Quiero agradecer el patrocinio y soporte de quienes siempre me apoyan: Grifone y sobretodo a Martí Batalla, a Eduard Juanola, a la Diputació de Girona, al Consell Comarcal del Ripollès, al Hotel Els Caçadors de Ribes de Freser, a la Pastisseria Delícies del Ripollès, a Flax Fotografía de Ripoll, a Calzados Bestard de Mallorca, a Gallina Blanca, a Bollé, a Viper y a la Brasseria-Bar l'Estació de Toses.
¡A todos vosotros muchísimas gracias!.
Carles Gel
Alpinista, guia de alta montaña, explorador polar y escritor, ha realizado 34 expediciones por todo el mundo, habiendo visitado las principales cordilleras. Especialista en travesías polares ha visitado el Ártico 10 veces. Es también un gran experto en los Pirineos. Ha escrito más de veinticinco libros.
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| El campo base(4.580 mts) |
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| Eli Cors |
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| Penitentes. Al fondo se ve el macizo del Pissis |
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| La laguna azul |
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| Cumbre 4.900 mts |
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| El macizo del Pissis |
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| Periodo de aclimatación |
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| Nuestro campo base y un valle inmenso |
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