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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Peña Baivals (1390 m) por klaus -- 20/02/2017
Vía: (Bara) --
(982 visitas)
  • Hora de salida: 9
  • Hora de llegada: 15
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Sin panorámicas
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Peña Baivals  (1390 metros)
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Perdido en mitad de la nada, allá por los confines de Guara, se asienta el despoblado de Miz. En un paraje rodeado de todas las condiciones para que florezca la vida, con agua saltando por los numerosos torrentes que riegan la zona, bosques de pino asegurando el abastecimiento de leña, sol a raudales para que germine la simiente, fecundas hectáreas de terreno para que el rebaño se alimente, en definitiva, donde los vaqueros nómadas verían una tierra de promisión y riqueza para establecer su hogar, ahora los contornos del pueblo se han convertido en un lugar para alejarse de todos sin ver a nadie. Tal vez aparezca un jabalí cauteloso, o asome una rabosa asustadiza, o se escuche el graznido del cuervo, pero gente, lo que se dice gente humana, ninguna. Al menos eso ocurriome durante la celebración de esta ruta montañera en la mas completa de las soledades, yendo de Bara a Miz con el añadido geodésico de la subida al vértice de Baivals, o de Balluals según la nombran los vecinos ausentes de la zona.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio: a 940 metros de altitud.
-duración, de 4h a 4:30h en total.
-desnivel, 450 metros de subidas y bajadas.
-Peña de Baivals a 1390m.

DESCRIPCIÓN:
en Bara termina la carretera que desde el viejo túnel de la Manzanera recorre el valle de Nocito. En este Lunes lectivo de Febrero, en el trayecto a lomos de mi automóvil no tuve ocasión de saludar a nadie durante el viaje. Ni la urgencia de escorarme al margen de la calzada por si viniera otro coche de frente, maniobra común dada la estrechez del vial. Como dice la canción, adelante hombre del ..., la carretera nacional es tuya. Toda mía. Pero tampoco es prudente confiarse ante el sinfín de curvas que dibuja la carretera y pisarle cual Fittipaldi, sin conocer las sorpresas que te esperan de sopetón en el próximo giro de visibilidad recudida. Como sucediome al encontrar un desprendimiento de rocas en el tramo final de acceso a Bara. Justo por los pelos, sin rozar chapa ni pintura, tuve la fortuna de meter el gálibo del carro entre el arcén inexistente y los zaborros. Esta contingencia ya me hizo sospechar en la escasa concurrencia que vería en el pueblo de Bara, y en efecto, ni un alma se asomó a la ventana de las casas chapadas. Por delante esperaba un día radiante de cielos azules para disfrutar a solas de la Natura.

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Entre casas arregladas y otras no tanto, pero todas curiosas de Bara, hemos de buscar el principio de la ruta señalizada y circular entre los pueblos de Bibán y Binueste. Tuerce el camino en la cuesta de subida a la iglesia románica de San Pedro, aunque conviene detenerse un momento ante la pila bautismal, en la campa de hierba que ejerce de jardín entre el templo y su camposanto. Hay un paisaje despejado a Bara y la sierra de Guara.

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Por detrás de la iglesia, el camino baja a una instalación de placas solares donde otro poste señala la ruta de Bibán y Binueste. Vamos junto al cauce del Alcanadre, con las guías de unas balizas verdes para seguir el sendero, mientras a la derecha queda un campo donde suelen pacer caballos en el estío.

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Este tramo del río Alcanadre ofrece un reguero de atractivas pozas para el baño, unas piscinas naturales a disfrutar en caso de hacer la excursión en primavera o verano. Junto a la senda, avanza en paralelo una manguera negra de riego que nos acompaña hasta el desvío señalizado al pueblo de Miz.

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La flecha del poste señala hacia la pasarela de piedras que evita meterse en las aguas del río. En días caudalosos, cuando el Alcanadre baja con fuerza, será necesario mostrar seguridad en los brincos entre roca y roca, además de confiar en la impermeabilidad de las botas, porque el último de los bloques ha desaparecido y obliga a chapotear un rato por el cauce. Con o sin la pernera mojada, ya en la otra orilla, la senda marcha a la vera del río y bordea una campa limitada por tapiales. Justo en frente, al otro lado del río, se levanta el antiguo molino que luce espléndido gracias a las labores llevadas a cabo para su rehabilitación.

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Una ligera subida mete al camino en un pinar umbrío y húmedo, con musgo tapizando las rocas y matas verdes de boj. Un agradecido pasaje forestal desde el que es posible bajar al curso del Alcanadre, con la intención de descubrir nuevas pozas y apuntarlas para zambullirse a la vuelta.

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El sendero se despide de los saltos y badinas del Alcanadre, ya no los veremos hasta el regreso, pero se incorpora a la cuenca del barranco de Miz. El vadeo de su cauce ocurre a pocos metros del ajuntadero de ambos ríos, pero serán las aguas de este último las que seguiremos hasta entrar en el pueblo. El caudal del torrente de Miz corresponde a su categoría de afluente, sin oponer resistencia para cruzar a la otra orilla.

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Entre planchas de roca lisa, de esas que conservan una pátina de hielo deslizante en las zonas de mayor umbría, y pinar abierto, el camino gana altura con respecto al lecho del barranco de Miz. Esa subida amplía el paisaje hacia las altas cumbres de Guara, en concreto al alargado cordal que va del Cabezo al Tozal, hoy cubiertas con su manto invernal.

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La senda consta de un par de tramos en repisa o balcón, llanos y con vista despejada al barranco de Miz y a la sierra. Junto a la presencia dominante del pinar también crecen unos quejigos de buen tamaño y una hilera de altos chopos que anuncian la llegada al pueblo. Por ellos se descuelga un manantial de agua que esta mañana encharcaba el camino, discurriendo junto a la orilla del reaparecido barranco de Miz.

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Sin cruzar el torrente, una cuesta nos lleva a las casas en ruina de Miz. Comparado con los otros pueblos de la redolada, Miz ocupa una extensión de terreno mas pequeña y consta de un menor número de viviendas. Aún así, se nota cierta vidilla al pasar por su calle principal. En medio de la ruina alguien ha colgado un letrero para indicar el lugar de la herrería, y otro cartel en francés anuncia la ubicación de la iglesia, en lo alto del pueblo y de acceso un tanto complicado.

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Algo más de una hora cuesta el trayecto desde Bara a Miz. El camino deja atrás la reliquia del pueblo y enseguida alcanza una intersección con muchas variantes. Un desvío conduce a una fuente cercana de agua no tratada como se intuye en el cartel, otro sendero prosigue hacia el despoblado de Bibán, y nuestro rumbo coincide con la dirección marcada a Alastrué y Nasarre. Un corto repecho a base de zetas supera unos escarpes rocosos y brinda una vista sugerente de Miz, con el relieve poderoso de la sierra tapando el horizonte.

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El sendero avanza sobre unos estratos verticales de roca por una especie de repisa que en ocasiones requiere atención si hay agua o humedad en el piso, no conviene resbalar ante una caída fatal. Un viejo corral con muretes de piedra queda a la izquierda del camino, formándose en su interior una charca diminuta en época de lluvias que inunda con sus regueros el trazado de la senda. El objetivo asoma claro delante, un collado al que se llega tras superar una cuesta inclinada de piedra lisa y que nos recibe con un nuevo poste indicador.

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Al acceder al colladete se obtienen vistas del macizo de Cotiella y de la Peña Montañesa. Aquí se dividen los caminos hacia Nasarre por un lado y a Alastrué por el otro, según indica el cartel de pinturas verdes. La Peña de Balluals asoma en frente con su ladera escalonada a base de estratos horizontales de roca, y aunque resulta tentador emprender el ascenso monte a través abandonando el camino, preferí continuar en dirección a Alastrué para investigar una vía de subida mas corta y asequible.

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La senda a Alastrué, bien marcada por hitos de piedras y balizas de pintura verde, desciende a cruzar una barranquera que por norma va sin caudal o con un reguero escaso de agua. A poca distancia del camino se oculta una borda que hace las funciones de corral, no visible durante la ida pero a la que nos podemos acercar en el regreso.

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Una cuesta entre matorral de bojes y erizón nos deja en otro colladete abierto al Norte, con vista al macizo de Monte Perdido y a las Tres Marías, y divisando las casas de Alastrué en lontananza. Momento de tomar un respiro sobre la plancha de roca lisa, acaso tomando un tentempié, a fin de admirar el panorama y ya de paso estudiar la forma de ascender a la Peña de Balluals, situada justo al lado.

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La falda del Balluals se encuentra atravesada por varias franjas horizontales o terrazas de roca, y cubierta por un manto denso de erizones y boj. A pesar de haber mojones de piedras ocasionales y dispersos por la ladera, supongo que colocados por quienes suben muy de vez en cuando al vértice de la Peña, como hizo servidor de manera puntual, la manera de abrirse paso por la ladera es una elección personal e intuitiva. Describo la mía, que por suerte resultó muy acertada y sin encontrar dificultades de mención. A los primero sorteé un peñasco grande por su izquierda, para mas arriba andar un ratico por la horizontal de una las repisas, hacia la izquierda, yendo a buscar una canal o apertura entre los resaltes superiores.

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En ausencia de camino, una buena referencia adquiere la forma rocosa de un par de huevos o cojoncillos, muy cerca de la cresta de la montaña. Bajo ellos pasé en una diagonal tapizada de erizones que de improviso se convirtió en vereda aparente.

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Gracias a lo que en tierras ribagorzanas llaman un grau, camino tallado entre gradas rocosas y que salva la pendiente dibujando cortas zetas, desemboqué en la parte alta de la Peña, donde un mojón de piedras señalaba el entronque con mi vía de subida que a la postre resultó ser la normal. Esperaba un largo deambular por la meseta cimera en busca del vértice geodésico, y cual fue la sorpresa al ver el pilón de la cumbre apenas a quince metros de distancia. Albricias.

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No parece que exista un camino de acceso al vértice por las demás caras de la Peña, con el agravante de que la vegetación se apodera del terreno y complica la tarea de moverse fuera de la meseta cimera. Al Pirineo, el paisaje muestra un gran repertorio de macizos y picos de renombre, con la silueta inconfundible del Midi de Ossau asomando por encima de la Peña Canciás. Posets, Suelza, y el macizo de Lierga, entre otros, despuntan hacia el este.

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Al sur, el volumen contundente de la sierra de Guara reduce la aldea de Miz a lo insignificante y la aísla en una vastedad sin rastro de civilización. Contemplado desde la altura del Balluals, el paisaje transmite una sensación de vacío y soledad que casi, casi, acongoja.

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El retorno a Bara admite muchas oportunidades para alargar la jornada en el monte. Los caminos a Alastrué, Nasarre y Bibán, permiten descubrir otros parajes del entorno y trazar recorridos circulares de gran atractivo. Este día regresé por idéntico camino, sin alargues, con ánimo de volver, y no a mucho tardar por estos derroteros de Guara.

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