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Suscribirse al canal contenidos Ascensión a el Aneto (3404 m) por casiano -- 08/08/2005
Vía: (Refugio de Coronas, Aneto, La Besurta.) --
(3196 visitas)
  • Hora de salida: 11
  • Hora de llegada: 18
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Dificultad media
  • Días: 2
  • Tipo: Ascensión
  • Gps: Sin fichero GPS
  • Ver panorámicas
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Aneto  (3404 metros)
He aquí mi segundo tresmil pirenaico (y está claro que ya no puedo subir a ninguno más alto): El Aneto (3.404 metros). En la primera quincena de Agosto de 2005, un bien avenido grupo de cinco aguerridos montañeros/as nos juntamos para el gran objetivo: conquistar la cima de los Pirineos. El objetivo fue cumplido, no sin ciertas calamidades y dificultades, sobre todo en la bajada, pero cumplido, al fin y al cabo.

El plan era subir por la vertiente sur del macizo de Maladeta, accediendo al Aneto por los Ibones y Collado de Coronas, y bajar por la vertiente Norte. Así pues, dejamos un coche en el parking del Hospital de Benás para el regreso desde La Besurta, e hicimos noche en la zona de acampada libre del Plan de Senarta (aunque nosotros dormimos al raso). El primer día de la ascensión cogimos el autobús hasta el Refugio de Coronas.

Al igual que hice con la descripción de la ascensión al Monte Perdido, no voy a entrar en muchos detalles, pues ambas vertientes de la ruta están sobradamente detalladas. Me limitaré a nuestra ?aventurilla? particular, con los detalles más curiosos. Sólo aclarar que, en la vertiente norte, en vez del trayecto habitual por el refugio La Renclusa, hicimos el menos concurrido por el Ibón del Salterillo, que en cualquier caso también está descrito por ahí, y lo cual no se nos dio muy bien que digamos, como luego explicaré.

La subida a los Ibones de Coronas me resultó algo calamitosa, mi estado no era el más adecuado. Habíamos llegado muy tarde la noche anterior al Plan de Senarta; esto provocó que decidiéramos no coger el primer autobús de la mañana (ni el segundo tampoco, creo recordar) para dormir más, con lo que en la subida nos pilló todo el calorazo; y de todas formas, tampoco dormimos demasiado, así que se juntó el hambre con las ganas de comer, y subí con una ligera pájara.

Tras comer (con lo que saciamos las ganas de comer y se nos acabó el hambre) por los Ibones de Coronas, encaramos el resto de la ascensión con otro talante más animado. Una vez pasado el Collado de Coronas, nos calzamos los crampones para empezar a recorrer el glaciar en dirección a la cima. Pero el glaciar está cada vez más paupérrimo, y no tenía continuidad hasta la cuerda final; nos quitamos de nuevo los crampones en una zona de unos 50 metros de canchal, que en otra época debía estar siempre cubierto. Entre unas cosas y otras, cuando llegamos aquí ya se nos había hecho algo tarde, y alguien propuso (supongo que con buen criterio, aunque yo lo dudé por momentos) hacer noche allí mismo. La pregunta era ¿dónde? (insisto en que estábamos en medio de un canchal); no conformes con ser montañeros, aquella noche nos íbamos a convertir también en fakires. Pero decidimos dedicarnos a la albañilería, y moviendo unas cuantas rocas logramos fabricar un par de zonas más o menos planas, medianamente protegidas de la considerable pendiente inferior. Lo siguiente era desear que la noche no resultara severa, ya fuera por las inesperadas y eventuales tormentas pirenaicas (aquella noche no tenía pinta), o por el frío. Yo, personalmente, me temí lo peor, y pasé un rato de angustia exagerado; luego la cosa no fue para tanto; incluso dormí bastante bien. Es más; el sitio, en cuanto a paisajes, inmejorable (como se puede ver en una de las fotos); no he pasado una noche en otro tan impresionante.

Al día siguiente, tuvimos el privilegio, gracias a estar tan cerca de la cima, de disfrutar de una ascensión final al Aneto en solitario, y eso que estamos hablando de un domingo de Agosto. Todo me resultó mucho más sencillo de lo imaginable, incluido el tan famoso y temido Puente de Mahoma, que en cualquier caso me pareció impresionante en cuanto a su exposición.

Sin embargo, lo que no resultó tan sencillo fue la bajada hacia la vertiente norte. Al llegar al Ibón del Salterillo, hicimos caso al mapa de una casa que no voy a mencionar, por no hacerles publicidad (aunque sería negativa), y saltamos el arroyo de aguas turbulentas (jugándonos el tipo) hacia su orilla izquierda, que es por donde indicaba el mapa que estaba el sendero; pues bien, nos metimos en un brete arbustivo, rocoso e inclinado realmente tedioso, mientras contemplábamos cómo, al otro lado del arroyo (el contrario al que decía el mapa), un sendero bajaba plácidamente hacia el Plan de Aigualluts. Tras desesperarnos por buscar cómo llegar al sendero, hicimos dos o tres nuevos y arriesgados saltos por varios arroyos, en uno de los cuales, uno de nosotros se dio un peligroso chapuzón involuntario (no pasó a mayores, está hecho un valiente, y además está acostumbrado a ser el más accidentado en nuestras aventurillas montañeras). Tras un descenso que, además de prolongarse en tiempo real mucho más de lo lógico, pareció en tiempo psicológico una eternidad, alcanzamos el Plan de Aigualluts, lo cual fue, como siempre en estos descensos embretados, como pisar tierra firme? La verdad es que este descenso lo recuerdo como uno de los más calamitosos que he vivido.

El resto fue pan comido, un agradable paseo por el valle alto del Río Esera, hasta llegar a la Besurta, donde cogimos otro autobús hasta el Hospital de Benás.

Por lo demás, un enorme disfrute paisajístico, como siempre en Pirineos, y más aún para los que estamos acostumbrados a la Sierra de Guadarrama.

FOTOS:

Vallibierna

Ibon de Coronas

Anochecer cerca del Collado de Coronas

El grupo en la cima

Vértice geodésico

Puente de Mahoma

Desde la cima, picos de Coronas, Maldito y Maladeta.


Ibón de Coronas.

Collado de Coronas.

El lugar de pernocta.

Aneto y su Glaciar. En el círculo, el lugar de pernocta.

Más información de Aneto  
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