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Senderismo Alrededores de Alquézar por klaus -- 08/02/2018
Jornada: (Una) --
(814 visitas)
  • Zonas: Prepirineo de Jaca — Serrablo — Guara — Riglos,
  • Duración sin descansos: 03:00
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 1
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 400 metros
  • Desnivel de bajada: 400 metros
  • Distancia: 11000 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


Alrededores de Alquézar  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Excursión para conocer los alrededores de Alquézar, en un recorrido circular cuya duración puede entretener una mañana o una tarde. La ruta se divide en dos partes, la primera transcurre por la zona alta del pueblo, a través de caminos muy señalizados que dan la vuelta al barranco de Payuala y suben a las Balsas de Basacol, donde el gran protagonista será el buitre y la numerosa colonia que habita en los riscos del entorno. En la segunda mitad de la excursión bajaremos al curso del río Vero, con ánimo y disposición de hacer el tramo acondicionado de las pasarelas, la ruta mas populosa y frecuentada de todo el parque natural de Guara y sus cañones.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio, Alquézar a 630m. de altitud.
-duración, unas 3 horas en total.
-desnivel, 400 metros de subidas y bajadas.

DESCRIPCIÓN:
la visita por el interior del pueblo, uno de los mas bonitos de España como reza el cartel de entrada a Alquézar, la dejamos fuera del contenido de esta descripción y como tarea obligada si el visitante es primerizo. Quien sus escribe aparcó el auto en la calle que da entrada a los bares y restaurantes del pueblo, teniendo como primer objetivo la subida al parquin superior. Tarea algo liosa, pero breve si encontramos unas escaleras de subida hasta las distintas explanadas del aparcamiento. Luego nuestro camino sale junto al inicio de la ruta al Ciervo de Chimiachas, una de las pinturas rupestres mas logradas de la zona y recorrido a apuntar para una futura ocasión.

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Al lado del magnífico albergue rural, al menos esa pinta tiene desde fuera, la pista cementada sube por encima de las piscinas municipales y pronto se convierte en sendero balizado. La ruta, desde el inicio, no tiene desperdicio, pues está jalonada con una variedad y cantidad de atractivos de carácter natural y también etnográfico, de construcciones mas o menos antiguas y de uso dispar. Lo primero será ver un enebro singular con tablilla informativa del árbol, para luego atravesar una plantación de postes indicadores. Nuestro rumbo marcha hacia la ermita de San Gregorio y el observatorio de aves, pasando junto a una de las frecuentes cabañas pastoriles que se hallan diseminadas por el entorno.

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Prosigue la subida por el sendero con buenas vistas del pueblo mientras llegamos a una intersección, señalizada como todas, donde dejar por el momento la dirección a las Balsas de Basacol con intención de afrontar la cuesta a la ermita de San Gregorio. Hay un mirador con pretil de rocas antes de acceder al templo y su acondicionado entorno.

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Una serie de peldaños solventan la pendiente hasta la ermita cerrada de San Gregorio. Edificio sencillo, largo, con espadaña y una veleta curiosa. Hay un merendero con muchas mesas y bancos de madera, mas nuevos miradores y paneles descriptivos del paisaje hacia el Somontano de Barbastro y el pueblo de Alquézar. Unas vistas que mejoran con las últimas luces de la tarde.

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En los alrededores de la ermita hay un jardín botánico y la caseta del observatorio de aves. Llamar jardín a una meseta de matorral bajo sin cuidado y mantenimiento alguno es demasiado optimista. Sólo encontré una tablilla aportando datos sobre el arbusto de la coscoja, muy abundante por la zona a falta de la diversidad de plantas y especies arbóreas que uno espera encontrar en sitios calificados de jardín. El observatorio se halla en el trazado de la pista, con la cabaña abierta y orientada hacia el comedero de buitres. Supongo que en la oficina de turismo de Alquézar tendrán información sobre los días y horarios de las comidas necrófagas, cuando los buitres acuden en escuadrones hambrientos a devorar la carnaza, espectáculo de impresión que no nos penará si hacemos que coincida con el paso de nuestra ruta. Si no es el caso, y vamos mas por libre, también habrá avistamientos de buitres en el transcurso de la excursión y a una distancia mas corta que desde el escondrijo del observatorio. Ahora, ante el vallado que rodea el perímetro del comedero que impide el avance, se debe retornar al cruce anterior para tomar la pista hacia Basacol.

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Viene el tramo quizás mas anodino de todo el recorrido, por la pista que contornea la explanada de la ermita y el comedero. Dejamos el ramal de salida que conduce a ambos, para enseguida abandonar el carril por un sendero a mano derecha, indicado por un cartel del camino natural del Somontano de Barbastro. Las señales con cuantiosas durante el trayecto, en una muestra de la mejora que se ha producido en los últimos años en el acondicionamiento de los caminos en torno a Alquézar.

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La curva siguiente enlaza con el camino de la acequia procedente de Alquézar. Mas indicadores y llaneo vistoso hacia la muralla del barranco de Payuala que cruzaremos mas adelante. Muchos ojos nos vigilan.

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Las márgenes del barranco de Payuala están defendidas por unos cantiles de roca de tonos anaranjados, muy del gusto de los buitres que los usan para vigilar el comedero y atisbar la llegada de los agentes forestales. Ignoro si cada uno tiene una plaza reservada en el borde superior de la muralla, pero en todas las ocasiones que he pasado por aquí, siempre los encuentro apostados como si fueran una tribu de indios en cualquier película de John Ford, al acecho y esperando el momento de lanzar el ataque, aunque los buitres actúan al revés, y salen desplegando alas al notar cerca nuestra presencia. Son cobardes por naturaleza.

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Una pasarela metálica sobre el vacío de una pared anticipa las que vendrán mas tarde en el barranco del río Vero. Es segura pero los mas propensos al vértigo puede sentir impresión al mirar hacia abajo y ver la caída a través de la rejilla. El camino se estrecha y avanza hacia la entalladura del barranco, de poca agua y ambiente umbrío a primeras horas de la mañana. Un puente de piedra sirve para cruzar al otro lado del barranco.

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Dentro del ambiente humanizado que nos rodea, esta parte de la ruta recibe menos visitantes que las famosas pasarelas del Vero, teniendo un interés y atractivo no menor y diferente. Como el espacio que aloja a las dos balsas de Basacol, accesibles mediante un tramo de escaleras y barandas de madera.

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Un panel nos pone en antecedentes sobre los usos del agua embalsada, y a su vez explica el sentido de la construcción que se levanta en la orilla de la balsa superior. Un esconjuradero para espantar a las tormentas de bella factura y al parecer no demasiado antiguo. Hay un merendero alrededor de la balsa y una pista que forma parte del recorrido hacia los abrigos de Quizáns y el Ciervo de Chimiachas. Buen lugar para echar el almuerzo, viendo tal vez a los anfibios que viven en la balsa o tirando piedras a la lámina de agua que aquella mañana se encontraba congelada.

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Tomando la pista en sentido descendente, a los pocos metros sale el camino que nos llevará al próximo objetivo de la ruta, el collado de San Lucas. Una media ladera con vista despejada a los acantilados del Cañón del río Vero, de los mas espectaculares del parque de Guara.

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Vamos muy cerca del borde superior de los cortados que vuelcan hacia el barranco de la Payuala, apriscos donde los buitres tienen una visión directa al recinto del comedero. La asomada al crestón es tentadora por el paisaje que ofrece, pero habrá que ser cauteloso ante el susto que podamos dar a los buitres apostados.

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En el descenso hacia el collado, un trayecto adornado con barandas de madera superfluas, veremos un paisaje humanizado de bancales o antiguas terrazas de cultivo separadas por tapiales de piedra. También destaca la vista cenital hacia las profundidades del barranco del Vero, al resguardo de la muralla rocosa de la Peña de Villacantal.

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En el collado de San Lucas hay carteles a todas caras y hasta una escultura extraña a la vista, que combina mal con el resto del paisaje. Aquí dejamos el camino natural que baja hacia el puente de Villacantal, perdiendo un desnivel importante hasta llegar al lecho del río, en lo que pudiera ser un suplemento a añadir a la presente ruta. El rincón del puente merece la vista pero hay que contar con la subida de vuelta, pues las orillas del barranco son malas para caminar debido a la maleza y al propio cauce del Vero, y la posible combinación con la ruta de las pasarelas resulta en exceso laboriosa. Mejor volver a Alquézar por el camino pedregoso que baja a unas casetas, y cruza el torrente de Payuala.

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En aquel día se estaban realizando obras de pavimentación en esta entrada a Alquézar, por una calle nueva que ofrece bellas postales a la Colegiata de Santa María. Justo en esa entrada, a la altura de un poste indicador que marca a Lecina, baja una escalinata con otra señal hacia la ruta de las pasarelas. De esta manera apenas pisamos el interior del pueblo ya que el camino tomado desciende raudo al barranco.

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Varias eses cementadas y con barandilla, pasando en el descenso junto una especie de mirador o balcón sobre la angostura del tajo, nos dejan con rapidez junto a la fuente de Monchirigüel, de nombre enrevesado pero quizás responsable de que a este barranco se le denomine como el de la Fuente, aunque también se le conozca como la Garganta del Castillo.

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Tras vadear el escaso cauce del arroyo enseguida se conecta con otro sendero procedente de Alquézar, a la altura de un conjunto de señales sobre la ruta de las pasarelas. Una serie de consejos que no todo el mundo cumple, como imagino sucederá con la advertencia de llevar casco, y que la gran mayoría sí obedecerá a la advertencia de no tirar basura y dejar desperdicios a nuestro paso.

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De las ocho reglas que aparecen en el cartel, se incumplieron cinco antes de atravesar la primera pasarela. Dos a mi cargo, por llevar una mochila voluminosa que interfiere en el paso de las pasarelas sobre el río, y la de no llevar casco. Otras dos advertencias se las paso por el forro de sus cojones un perro, mascota de unos escaladores que se ejercitaban en una pared del barranco, ladrando con furia y gravemente ante cualquier extraño. Y la última, la peor de todas y la mas lamentable, una botella de plástico rellena de agua, abandonada en mitad de una de las escaleras de bajada.

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No voy a mostrar el reguero de basura, de latas de refresco, botellas de plástico, cartones de zumo, papeles de usar y tirar, incluso maderos abandonados de la propia obra, porque prefiero enseñar las beldades de la ruta, que las tiene y son muchas. Además tampoco la suciedad era tanta, aunque cualquier observador medio atento se fijaría por desgracia en ella. No me apetece reprochar el comportamiento de unos pocos cafres, siempre los habrá y siempre les acompañará su mierda, pero lo que no es de recibo, del mío y de los impuestos de todos, es que si montas un tinglado para atraer el público luego te desentiendas de él y no lo mantengas cuidado, y limpio. Asi que prosigo con este descenso pronunciado no a los infiernos y sí al cauce del Vero, bajo paredes verticales donde crece la oreja de onso y otras plantas rupícolas de complicado nombre.

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Los tramos de escaleras por el tajo del barranco de la Fuente, entre zarzas y matorral variado, nos bajan hasta el comienzo de las pasarelas sobre el Vero. Antes, tomando un sendero en el cruce señalizado, podemos visitar la cueva de Picamartillo, en un desvío breve hasta ver el covacho en la otra orilla del río, bajo el farallón vertical. La corriente de agua era mucha en aquel día como para vadear el río y visitar la cueva, pero el lugar refleja el paisaje típico de los cañones de Guara, sin pasarelas.

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El primer tramo de pasarelas discurre varios metros por encima de las aguas del Vero, ancladas a la pared, hasta retornar otra vez a la orilla pedregosa del río. Luego continúa un sendero entre vegetación de ribera, chopos, sauces, alguna higuera, para llegar en seguida al salto hidraúlico.

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El trayecto por el barranco permite ver las obras antiguas de aprovechamiento y canalización de las aguas del Vero, la posterior infraestructura de las pasarelas para el ocio turístico, y por supuesto, la garganta natural que ha labrado el río a lo largo de miles y miles de años y que en el futuro enterrará éstas y otras construcciones humanas. Así ocurrirá con la presa artificial o azud, y el canal de aguas y pasarela metálica que van parejas a la hora de flanquear la cascada. Debajo se crea una badina de chapuzón concurrido en los meses atestados del verano, en un ambiente festivo, muy diferente a la calma de este mes de Febrero. Sólo cruzome con dos personas en todo el recorrido.

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Después de la presa sale un camino que vuelve a Alquézar pasando por el mirado de O Vicón, pero la ruta prosigue hacia el nuevo tramo de pasarelas, atravesando antes un pasadizo natural en bajada. Este tramo de camino artificial que accede a la mini central hidráulica se interna en la parte mas angosta del barranco, y por ende la mas espectacular.

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Un trecho de llaneo sigue al paso de la central, sin casi ver las aguas del Vero por la densa vegetación, hasta alcanzar otro cruce señalizado. Aquí terminaba la antigua vuelta de las pasarelas afrontando el repecho final a Alquézar, pero en la actualidad, y tras unas obras de reparación por un deslizamiento del terreno, se puede continuar aguas abajo del Vero a fin de completar la ruta acondicionada.

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La estructura metálica se estira a lo largo de un barranco que se va abriendo y pierde la angostura de los tajos anteriores. La pasarela sin embargo es mas larga y sostenida que las anteriores, formando parte indivisible con el paisaje.

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La pasarela, a modo de cadena de montaje, emboca en una plataforma con suelo de planchas de rejilla metálica, donde se fabrica una terraza panorámica hacia el barranco y Alquézar. Observando el paisaje en el que destaca el verde chillón del mirador y los brillos de la pasarela, me vienen al recuerdo esos ríos y parajes de Guara, de naturaleza virgen e inalterada, solitarios y propios, en los que perderse entre matas tristes de tomillo, zarzas enmarañadas de espino, y pedregales ásperos en los que crecen flores ocultas.

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La pista aledaña al mirador verde baja hacia el puente de Fuendebaños, en el cauce del río Vero, lugar merecedor de la visita en el camino que lleva hacia el pueblo de Asque. Nuestra ruta emprende el trayecto de vuelta a Alquézar, atendiendo a los desvíos señalizados, en una subida constante entre campos de olivos, balsas de riego, y llegando al pueblo por la iglesia de San Miguel.

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