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Senderismo Bara, Bibán, Binueste por klaus -- 02/09/2016
Jornada: (Una) --
(2962 visitas)
  • Zonas: Prepirineo de Jaca — Serrablo — Guara — Riglos,
  • Duración sin descansos: 04:30
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 1
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 450 metros
  • Desnivel de bajada: 450 metros
  • Distancia: 12500 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


Bara, Bibán, Binueste  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Excursión circular entre tres pueblos situados al norte del parque natural de Guara, aunque mejor sería escribir en los confines de Guara. Un territorio que antaño estaba poco habitado y ahora se encuentra vacío de gente. Bara todavía mantiene casas habitadas, vecinos que se pueden contar con los dedos de una mano, pero Bibán y Binueste han sucumbido al torbellino de la hojarasca, como decía García Márquez. La emigración a mediados del siglo pasado del campo a las ciudades ha dejado en esta zona de la provincia de Huesca un rosario de aldeas abandonadas, en una desolación de ruina y silencio que sólo rompe el cencerro de una vaca o el taconeo de los cascos de un caballo. Un espacio natural aislado, de soledades muy poco frecuentadas por visitantes o aficionados al senderismo, que la vegetación invade cada año con nuevos arbustos y matorrales donde antes crecía un campo de trigo o un huerto con frutales. Quién sabe si en el futuro estos lugares volverán a estar poblados de gente, con hogares, chimeneas, y niños, pero de momento es un destino de peregrinaje para aquellos que buscan perderse en la Naturaleza y olvidar la mediocridad de la civilización durante un rato, una evasión asegurada al andar por estos caminos que es un valor a pregonar al escuchete, no se vaya a enterar todo el mundo.

Nota importante para el desarrollo de la excursión: serán varias las ocasiones en que vadear el cauce de los barrancos, cuyo caudal de agua puede variar en función de la época de año y presentar dificultades al cruzar de orilla. Un problema menor ante las belleza del recorrido.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio, Bara a 940 metros de altitud.
-duración, en torno a las 4:30h. en total.
-desnivel, 450 metros de subidas y bajadas.
-Binueste a 1120m; Bibán a 1130m.

DESCRIPCIÓN:
cuando damos vista a Bara en la última recta de su carretera de acceso, uno piensa de inmediato en frases como el pueblo está donde Cristo dio las tres voces, o esto está en el culo del mundo...y es que si venimos en coche desde el puerto de Monrepós y una vez pasado los chaletes de Arguis, el viaje es una sucesión de curvas cerradas, descensos y subidas, que te aleja cada vez más de los sitios habitados y de la gente. Será raro cruzarse con otro auto durante el trayecto, y si tal acontecimiento sucede te dan ganas de soltar la mano del volante y saludar, deferencia riesgosa por lo estrecho de la calzada y su traza revirada. A cambio, el firme de la carretera se encuentra en buen estado a causa de recientes asfaltados, incluso en el tramo final hasta Bara la calzada está bien, se reduce en anchura pero sin presentar baches, sólo unos badenes hormigonados que cualquier vehículo pasa sin dificultad. Por cierto, si queremos provisión de agua, en el tramo entre Used y Bara hay una fuente en la margen derecha de la carretera.
A la entrada del pueblo hay un aparcamiento pequeño, en frente de un edificio o estación de la compañía eléctrica. Un desvío, según reza el cartel, lleva a otros pueblos deshabitados del parque, a Nasarre y Otín, pero nos interesa continuar recto por una pista de tierra que se dirige a la iglesia de San Pedro.

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Alguna de las casas del pueblo está reformada por sus dueños y otras tienen usos ganaderos, de pajar o granero. También se ven huertos bien cuidados, y por lo general, al menos así me ha sucedido en las contadas veces que he estado en el pueblo, ningún alma vagando por las calles. Espero que en una próxima visita surja la oportunidad de hablar con un vecino, porque a los gatos de la vecindad ya tengo el placer de conocerlos.
Cerca de la iglesia, un panel informa sobre la excursión propuesta entre los tres pueblos, con un pequeño mapa y datos a cerca del tiempo y desniveles. Al comienzo es una senda que sube al templo religioso, un edificio sólido y robusto dedicado a San Pedro y con un paisaje amplio hacia el resto del pueblo.

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El carril deja atrás la iglesia para bajar hasta un poste indicador, uno de los muchos que señalizan el recorrido, en esta ocasión junto a unas placas solares. Mas adelante, una baliza de color verde indica el arranque de un sendero a la izquierda de la pista por la que también es posible continuar.

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El camino avanza en paralelo a un carril que atraviesa una campera donde este día pacían unos caballos. Al parecer existe en el pueblo una empresa dedicada al turismo ecuestre, con la posibilidad de contratar paseos por la zona y que llevan el nombre de Flor de la Cardonera. Una forma diferente de conocer y promocionar este rincón tan apartado de la sierra. Hoy los equinos van por por libre como será lo habitual fuera de los días de trabajo. Junto al camino, una manguera de riego acompaña el trazado, mientras un cartel señala el desvío al pueblo deshabitado de Miz que cruza el barranco mediante una hilera de piedras.

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Antes del desvío a Miz, el barranco de Alcanadre forma una badina amplia conocida con el nombre de Estañero, muy apropiada para un último baño cuando estemos acabando la excursión. Ahora el camino llega al molino de Bara, un par de construcciones que hace poco fueron rehabilitadas y ahora se encuentran cerradas con sendas puertas.

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Dejamos atrás el antiguo molino para avanzar por un camino a media ladera, por encima del barranco y por su margen derecha orográfica. Luego viene el primero de los muchos tramos forestales que tiene el recorrido, con abundante sombra para protegerse del Sol. Un bosque de pinos en cuyo extremo se encuentra la bifurcación principal de la ruta.

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En el panel de información sobre la ruta, a la salida en Bara, se recomienda hacer la ida en dirección a Bibán para luego regresar por Binueste. Como los desniveles en subida no son muy acusados y son asequibles para cualquier senderista, en esta ocasión hice la vuelta al revés, con idea de disfrutar de las numerosas pozas del barranco a mediodía y así mitigar el intenso calor que se esperaba para este día de primeros de Septiembre. En todo caso, el trayecto circular está bien trazado y aparecen numerosos hitos de piedra en el camino, así que dependerá del gusto del excursionista realizar la vuelta en uno u otro sentido.
Yendo a Binueste, la senda dibuja varias lazadas para ganar altura, por un terreno de lajas grandes de roca donde atender a los mojones de piedras. Muchas veces durante el recorrido, donde el camino traza curvas, una hilera de rocas marca la línea a seguir para resolver dudas.

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Se alternan tramos mas abiertos con otros por la foresta, con ejemplares de quejigo entre la presencia dominante del pino. Es una zona solanera en la que esta mañana aparecen ramas secas en los árboles a causa de la escasez de lluvias sufrida durante el verano. Aún así, el rocío de la madrugada aporta un mínimo de humedad para la subsistencia de la vegetación, boj, enebro, erizón, arbustos que se adaptan bien a los rigores de un clima con una variedad de temperaturas muy acusada según la estación y acostumbrados a largos periodos de sequía.

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El camino gana en pendiente y sombra, salvando una cuesta más pronunciada a base de cortas lazadas bajo el pinar. Después sigue un corto llaneo hasta el lugar con mejores vistas del recorrido, el mirador de la Predicadera de Guara.

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Desde el borde superior del acantilado rocoso se disfruta de un vasto panorama hacia la zona norte de la sierra de Guara, de la entrada al barranco de las Gorgas Negras bajo el Cabezo, a la larga cuerda hasta el Tozal, a un meandro que dibuja el Alcanadre a nuestros pies, y a una extensión de monte agreste sin rastro de humanidad.

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Después de contemplar el paisaje desde el mirador, en una ubicación adecuada para el almuerzo y para recuperar las fuerzas, sigue una de las partes de mejor ambiente forestal del recorrido. Un bosque de pinos altos, con musgo en las rocas y bojes en el lindero del camino, con unos ejemplares de quejigo de tronco robusto y ramas que alcanzan una gran amplitud.

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El camino baja de manera constante desde la salida del mirador, por este bosque de pino silvestre y ambiente fresco, hasta cruzar un barranco que en esta fecha se encontraba seco. Un poste en la otra orilla indica la presencia de una fuente de agua no tratada, en el supuesto de que mane un chorro de la misma.

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Salimos a una zona más despejada fuera del bosque por donde la senda llanea y asoman balizas de color verde. El cruce del barranco de Binueste no entraña dificultad debido a su caudal escaso, aunque en primavera o tras periodos de lluvias bajará con mas fuerza.

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El sendero acompaña al arroyo de Binueste durante un corto tramo, aguas arriba de su curso en el que forma badinas aptas para el baño, aunque a finales de verano el agua se halla estancada y no invita al chapuzón. Luego cobramos altura a la vez que aparecen tapiales de piedra flanqueando el camino, señal de la inminente llegada al pueblo.

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Binueste nunca fue una población numerosa e importante, al igual que otras pequeñas aldeas que se asentaban en la zona, pero en la actualidad su ruina y derrumbe simbolizan la muerte de un estilo de vida rural que tal vez nunca volverá a existir. En alguna de estas aldeas abandonadas se ven casas recuperadas por sus dueños o personas con ánimo de pasar su tiempo de vacaciones en plena naturaleza, fuera del ajetreo de las ciudades y disfrutando del silencio, pero vivir gracias a las labores del campo en parajes tan aislados y crudos como el de Binueste está fuera del alcance de eremitas modernos o sectas neorrurales.

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La contrapartida a esa emigración y abandono del medio rural en pueblos como Binueste es que sus ruinas ahora constituyen un elemento más de la naturaleza, se integran en el paisaje como si las fachadas brotaran del suelo al mismo tiempo que la yedra trepa por la pared. Una armonía con el medio natural esperada y hasta buscada por excursionistas que se espantarían al ver un hotelito con encanto y su piscina incorporada en un lugar tan apartado como éste. Donde unos ven desolación, otros ven tranquilidad.

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El siguiente tramo del camino, tras abandonar nosotros también el pueblo, avanza entre tapiales y alguna borda aislada en ruina. Luego el trazado pierde definición al transitar por un espolón rocoso o ralla, donde atender a los hitos que ascienden hacia un collado evidente.

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Una inscripción sobre la roca señala el siguiente objetivo de la ruta, el pueblo de Bibán, aunque antes se pasará por un caserío aislado que lleva el nombre de la Pardineta. Esta parte de la ruta entre las dos aldeas deshabitadas se desarrolla por un terreno abierto, de solanera, con menos sombra para protegerse del Sol. Tras alcanzar el collado viene una bajada que se prolongará hasta el cruce del río Alcanadre.

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Antes de que la senda gire a la derecha para entrar en la Pardineta de Bibán, un indicador señala el desvío al pueblo de Matidero, en casi dos horas de trayecto según reza el cartel. Lo más relevante de la Pardineta es su torre señorial, de origen incierto y posible asentamiento de un monasterio románico. Su fachada presenta un estado decente de conservación, sin grietas en los muros de mampostería, aunque el interior no lo visité al estar ocupado por los dueños actuales de la hacienda.

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El camino prosigue en bajada mientras de fondo ya se escucha el rumor caudaloso del río Alcanadre, uno de los pocos sonidos que rompen el silencio reinante en esta zona norte del parque de Guara. Antes de vadear el cauce del barranco, se divisa una poza de grandes dimensiones, con una corriente de agua continua y bastante profunda. La salvación ante un día de calor y un lugar privilegiado para gozar y recrearse sin multitudes.

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La badina, una de las mejores que ha visto quien sus escribe, está un poco más arriba del lugar por donde la senda cruza el río. El volumen de agua que contiene la poza es considerable a pesar de la fuerte sequía de todo el verano, así que la posibilidad del baño está asegurada en cualquier época y estación. Tal vez en invierno el agua baje fría, pero en primavera será gozoso ver la badina rebosante con sus cascadas a pleno rendimiento.

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Tumbados a la sombra o repitiendo chapuzones, el tiempo a la orilla de la badina pasa demasiado aprisa y nunca llega el momento de la partida. Pero todavía resta un trecho largo de camino para regresar a Bara. Para empezar, una cuesta nos saca del barranco por el camino balizado de hitos y estacas verdes. Es un repecho corto bajo el pinar que alcanza un claro de vista despejada, con un poste indicador y muy cerca de las primeras casas de Bibán.

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Los primeros habitantes de Bibán escogieron un lugar adecuado para levantar su pueblo. En un altozano que recibe muchas horas de luz solar, con la proximidad del río, y una vista amplia de los contornos. Medidas previsoras e inteligentes que en nada auguraban el triste final del pueblo.

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En el extremo norte de Bibán parte un camino hacia Matidero en una hora de caminata según indica el cartel, y desde el mismo punto otra senda conduce al despoblado de Alastrué en 45 minutos.

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La aldea parece que estaba dividida en dos barrios, porque tras dejar las casas de la zona alta todavía aparecen bordas y edificios en ruina junto al camino de regreso a Bara. Una prueba más de la gran cantidad de opciones senderistas que ofrece la zona, es otro desvío que nos llevaría a Miz en hora y cuarenta y cinco minutos. Rutas a considerar para futuras excursiones con la oportunidad de planear recorridos circulares.

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Si el camino de subida a Binueste tiene como mayores virtudes el entorno forestal y las vistas excelentes al valle del Alcanadre, la bajada por el sendero de vuelta ofrece tramos agradables de umbría por el bosque, y momentos para internarse por dentro del barranco a fin de descubrir nuevas pozas y saltos en el curso del río. La senda, limitada por tapiales de piedras, abandona Bibán en un fuerte descenso que más adelante nos lleva a vadear un afluente del Alcanadre. Otro poste indica la presencia cercana de una fuente, desde un lugar en el que sale un atajo al río.

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El sendero avanza cerca del barranco, y la humedad se nace notar en el verdor del musgo sobre las rocas y de los líquenes sobre el tronco de los pinos. También crecen quejigos de un porte tan monumental somo sus hermanos de la otra orilla, los vistos en el camino de subida a Binueste. Un bosque acogedor al que sumar la tarea, a veces provechosa y otras sin premio, de buscar rincones en el curso del Alcanadre donde pasar el rato o admirar sus encantos, que son muchos.

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Entra las muchas veredas que descienden al río, más o menos cubiertas de vegetación, hay una muy evidente y señalizada con varios hitos de piedras, que en menos de un minuto lleva a una poza envidiable, de aguas verdosas y con cascada incluida. Una pocholada.

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Hacer la ruta en el sentido propuesto alivia de los calores si el calor aprieta; entre la sombra del bosque y la proximidad el río, el frescor está garantizado. Además resulta un entretenimiento muy adictivo el salirse del camino para investigar el lecho del río, aunque hay partes en las que la traza del sendero se distancia del cauce.

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Con un recambio de calzado para meterse en el agua, surgiría la posibilidad de bajar este tramo por el lecho del barranco, siempre que la fuerza del caudal lo permitiera y sorteando las dificultades impuestas por la vegetación y los accidentes el terreno. En todo caso, el avance por el camino es claro y sencillo, con vistas al bosque de ribera que cubre las orillas el Alcanadre.

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En llegado el momento habrá que vadear el cauce del río sin ayuda de pasadera o hilera de piedras. Este día no hubo inconveniente para cambiar de orilla ante el poco caudal del río, pero en otras ocasiones quizás haga falta descalzarse o lucir pantorrilla.

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Ya sólo queda un tramo de llaneo en compañía del río hasta llegar a la bifurcación con el camino de Binueste. El regreso a Bara pasando junto al Molino lo conocemos de la ida, pero la luz de la tarde revela otros detalles del paisaje y tal vez la badina de Estañero sea el escenario de un último chapuzón.
¡Qué pena no vivir en Bara!

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