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Senderismo Bara - Miz - Alastrué - Bibán - Bara por klaus -- 04/05/2017
Jornada: (Una) --
(2825 visitas)
  • Zonas: Prepirineo de Jaca — Serrablo — Guara — Riglos,
  • Duración sin descansos: 05:30
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 2
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 700 metros
  • Desnivel de bajada: 700 metros
  • Distancia: 18800 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


Bara - Miz - Alastrué - Bibán - Bara  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
A Bara debe peregrinar quien guste de hacer excursiones por lugares apartados y solitarios. Si en temporada vacacional y fines de semana la zona es tranquila y recibe pocos visitantes, en el resto de los días se convierte en un desierto de gente que deja todo el monte para disfrute de uno. Rara será la ocasión de saludar a alguien, tal vez a un jabalí o al cazador que va detrás de él, quizás a un vecino de la Francia interesado en descubrir los secretos de Guara, igual a algún aficionado a la práctica de la bicicleta de montaña, y poco más. A cambio, la red de senderos que el caminante tiene a su disposición para planificar su salida es multitud. Bien señalizados, de trazado limpio, comunican las distintas aldeas despobladas de este rincón del Sobrabe, con la oportunidad de hacer recorridos circulares. Uno de ellos es el aquí descrito, que visita los pueblos abandonados de Miz, Alastrué, y Bibán, pudiendo meter como añadido el ascenso a un vértice geodésico tan desconocido como generoso en las vistas, o acercarse a conocer una poza grande y oronda en el curso del río Alcanadre.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio, en Bara a 930 metros de altitud.
-duración, 5:30h en total.
-desnivel, 700 metros de subidas y bajadas, en función de los añadidos.

DESCRIPCIÓN:
a medida que el viajero se adentra en el interior del valle de Nocito, la sensación de alejarse de la civilización crece a cada kilómetro que avanzamos por la carretera. Una calzada, ahora de asfalto porque durante mucho tiempo fue de pista de tierra, que se estrecha mientras pasa por pueblos de vecindad avenida aunque con pocos bares donde echar la partida. Es raro cruzarse con otro vehículo y mas sencillo tropezar con un obstáculo en forma de piedra o zaborro grande, como un deslizamiento de piedras que en esta primavera del 2017 cubre mitad de la anchura de la carretera, ya en el tramo final de acceso a Bara, a unos tres kilómetros del pueblo. De momento a las autoridades, eso de limpiar la calzada se les pasa un poco por el forro de los cojones; a ver si es cuestión de pregonar el abandono o llorar des-con-so-la-da-men-te, a fin de asistir a su arreglo y reparación. De todas formas, como se puede pasar por un lado, ajustando la carrocería a los bloques de piedras, pues adelante. Hasta un mini autobús me encontré este día en el aparcamiento de entrada a Bara, con matrícula francesa que es casi la habitual por estos lares. Mucho debe Guara a Francia.

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En Bara, a falta de vecinos a quienes preguntar por el camino que nos interesa, aparecen paneles de información y señales sobre el recorrido circular entre Bibán y Binueste. Lo seguiremos en este primer tramo que sube a la iglesia dedicada a San Pedro, de construcción sobria y sin mucha filigrana como es norma en tierras del Sobrarbe. Desde la pila bautismal, en la campa herbosa del portal del templo, Bara muestra un aspecto cuidado de casas reformadas y bordas multiuso, por el que se aconseja dar un paseo al terminar la excursión. Algún escudo nobiliario, más bellos ejemplos de tapiales de piedras y fachadas típicas, armonizan bien con el silencio y el paisaje serrano dominado por la abrupta caída del Cabezo de Guara.

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En invierno Bara permanece inmóvil y sin vida aparente, congelado como están las aguas del cercano Alcanadre, o sumergido en la niebla para volverlo mas invisible. Pero al llegar la primavera se nota una actividad y movimiento infrecuentes en las afueras del pueblo. No con forma humana: ni risas de niños, ni voces del pastor ausente; el rebaño de ovejas y la manada de caballos se cuidan de pastar en los campos sin mostrar demasiada sorpresa por ver a un desconocido. Hay una empresa afincada en el pueblo que se decida al turismo ecuestre y da también alojamiento, la yeguada de la Flor de la Cardonera. Bienvenida sea porque si algo sobra en los alrededores es espacio libre para el disfrute de todos.

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El camino marcha junto al cauce del Alcanadre en esta parte inicial de la excursión, por la margen derecha orográfica, y llegando a una badina de aguas verdosas que servirá de refresco si estamos en plena canícula. Una manguera de buen grosor acompaña al sendero, cuya traza se encuentra indicada con unas balizas de color verde que asoman de vez en cuando durante todo el recorrido. Se pasa al lado de muro de tapial lindante con una pradera donde gustan de pastar los caballos.

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Aguas arriba de la poza, un poste de madera señala el desvío al pueblo de Miz. Aquí comienza la ruta circular en sentido estricto y en el sentido mas apropiado para nuestros gustos. Quien sus escribe prefiere dejar para la vuelta el sendero de bajada desde Bibán a fin de disfrutar a mediodía o por la tarde con las badinas y saltos del río Alcanadre. Así que ahora toca cruzar a la otra orilla gracias a una pasadera de altas piedras y brincos seguros.

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En la otra margen del Alcanadre, la senda llanea dando vista a los edificios del Molino de Bara por los que pasaremos en el trayecto de vuelta. Una placa lisa de roca, frecuentes en la geografía de la zona, marca el comienzo de la subida por dentro del pinar.

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El vadeo del torrente de Miz no reviste dificultades salvo en época de crecidas. Más adelante tendremos vistas hacia el citado barranco, cuyo curso vamos a seguir en altura hasta dar entrada al pueblo. El pinar y los bojes adornan a un camino que asciende por varias rampas de roca pulida.

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Del camino de subida a Miz, que desde Bara cuesta poco más de una hora, destaca un tramo vistoso que avanza por una repisa horizontal, ofreciendo un paisaje amplio sobre las laderas del barranco y al perfil de la sierra entre el Cabezo de Guara y la Punta Este del Tozal. Se adivina el abismo que se precipita a las Gorgas Negras desde las alturas del Cabezo.

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Una serie de quejigos de gran porte más la singular alineación de unos chopos lombardos marcan la llegada al despoblado de Miz. No hará falta cruzar el lecho del barranco que se aproxima por la derecha del camino. El caudal del torrente es variable en esta parte de su curso, sirviendo de manantial a una fuente cercana aunque oculta, pero bajando seco ya en estos comienzos del mes de Mayo.

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Lo parco y corto del nombre, Miz, ya es indicio de la reducida extensión del pueblo. Cuatro casas abandonadas a su suerte que es la ruina y el olvido, aunque nuestro paso fugaz sirva para devolverle vida y mantenerlo en el recuerdo. Una calle alargada muestra las grietas y los cachos de fachada que están por derrumbarse, hasta llegar al edificio situado mas al norte, la iglesia de nave única y abierta al cielo, con su torre robusta y de escasa alzada, a la que se accede subiendo por el tapial del cementerio. El lugar es el summun de la tranquilidad.

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A la salida de Miz se llega a una de las numerosas bifurcaciones del recorrido. El camino a Bibán supone una alternativa a contemplar en futuras excursiones, porque ahora nuestro rumbo prosigue hacia Nasarre y Alastrué. Los tiempos que aparecen inscritos en los postes indicadores son algo cortos a mi entender, poco adecuados con objeto de mantener una marcha tranquila y sosegada, a fin de atender a todas las beldades del camino. Como el paisaje a disfrutar tras superar una serie de gradas rocosas, una vasta extensión de terreno en la que Miz era el único asentamiento humano.

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El siguiente objetivo de la ruta consiste en alcanzar un collado situado en la cabecera del barranco de Miz. Mediante una cornisa de roca, de vista agradecida, trazamos una curva amplia que atraviesa una zona de antiguos campos, con sus tapiales de piedras y un reguero de agua procedente de una charca aledaña.

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El paso por un alero estrecho sobre una pared vertical de seis u siete metros, donde tener precaución si el piso está húmedo, precede a las rampas finales de acceso al collado. Un nuevo poste indicador sirve de referencia.

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El desvío a Nasarre será objeto de otra salida montañera porque la ruta de hoy prosigue rumbo a Alastrué. La vegetación habitual de erizones y boj cubre en las partes altas y despejadas de la sierra, en una alfombra densa de matorral que nos va a acompañar en el siguiente tramo de la excursión.

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Los mojones de piedras y las balizas de madera atraviesan una zona surcada por un torrente de cauce escaso, sin agua en temporada de verano, cuyo lecho cruzamos para ascender a un nuevo collado abierto al norte. El pinar aparece y parece bastante perjudicado por las bolsas de la procesionaria, mas numerosas de un tiempo a esta parte en amplios sectores del prepirineo, y también pirineo de Huesca. Es de esperar que sea una afección ligada a un ciclo de varias temporadas, y no sea permanente.

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En este segundo collado abierto a las montañas del Sobrarbe, a Peña Montañesa y macizo de Cotiella, surge la oportunidad de añadir un suplemento a la vuelta circular propuesta. Se trata de ampliar horizontes con la subida al cercano vértice del Baivals o Balluals, contando con sumar 40 ó 50 minutos más de tiempo entre el ascenso, la contemplación del panorama, y la posterior bajada. No hay camino definido en una ladera atravesada por gradas horizontales de roca y matorral de erizones, así como tampoco existe una línea de mojones para marcar una vía de ascenso. Se trata de superar el desnivel, unos 130 metros desde el collado, sorteando los escarpes mas inclinados y las zonas de mayor vegetación, entre cuestas y terrazas horizontales. Como referencia puede servir un peñasco con dos bolos prominentes bajo los que se debe pasar, muy cerca de alcanzar el borde superior de la Peña Balluals.

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Un hito de piedras marca la salida a la campa herbosa que corona la Peña de Baivals. Desde el vértice geodésico se contempla una porción amplia del Pirineo, de Monte Perdido, Cotiella, Peña Montañesa, y otras sierras menores en altura y más próximas, como la de Canciás y de Aineto. A destacar el balcón extraordinario de esta atalaya hacia las soledades norteñas de Guara, en un territorio casi despoblado en el que la naturaleza crece a su libre albedrío.

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Hoy el día viene con nubes que enturbian el cielo y el horizonte pirenaico, así que regreso sin demora al collado de la Peña Balluals. El camino a Alastrué desciende bajo un suelo de planchas de roca, teniendo delante un contrafuerte desprendido de la Peña, hasta internarse en una de las frondas de bosque mas interesantes de la jornada. Allí encontré a una cuadrilla de operarios en tareas de limpieza y mantenimiento del camino, con sus podadoras eléctricas metiendo un ruido inusual por estos parajes, pero de estrépito conveniente a fin de mantener vivos los senderos.

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La senda se adentra en un quejigar abrigado y acogedor, que sin contar con ejemplares de gran tamaño y corpulencia, sí acoge a caxicos jóvenes y adultos formando un bosque compacto, monoespecífico, y de una umbría deliciosa para el caminar.

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La umbría concedida por el follaje de los caxicos es propicia para el crecimiento de plantas adosadas a la roca, como la peculiar oreja de onso, ya florecida. El desvío a la Pardina Ballabriga concede otra posibilidad de esparcimiento andarín por el entorno. Vaya lujo tener semejante red de senderos.

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Pasado el sendero a Pardina Ballabriga, una subida breve nos lleva a cruzar el barranco de San Lázaro que aguas abajo se precipita en una cascada. Poca agua lleva el torrente en esta fecha. Luego tocará subir mediante un par de lazadas, y a través de un pasillo herboso flanqueado de tapiales, llegar al siguiente pueblo deshabitado de la ruta, Alastrué.

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Las casas del pueblo se apiñan en un espacio reducido que parece haber sufrido un bombardeo aéreo. Una planicie herbosa por la que se desparrama la ruina cuando en otro tiempo, incluso en el presente, sería el lugar soñado para establecer el hogar y afincarse en solitario o con la familia. Aquí llega un camino procedente de Matidero y arranca la pista de tierra por donde proseguimos viaje hacia Bibán, con los cruces debidamente indicados como es norma.

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El carril arranca en subida y cruzando un par de regueros de caudal escaso. Tras una serie de curvas desemboca en una pradera o plana herbosa, pero antes de llegar a la misma, fijar la mirada en un mojón de piedras y posterior baliza verde que salen de la pista por la derecha. Una de las habituales panzas de roca lisa queda justo encima de este nuevo sendero.

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Una alambrada cruza por en medio de la plancha de roca en un lugar en el que el camino parece desaparecer. Se trata de bajar por la derecha, una vez cruzada la valla de alambre, a través de la superficie lisa en busca de un pasillo que se interna en la vegetación. Los hitos y balizas de inmediato confirman la buena dirección, en un trayecto donde se alternan los tramos de sendero con otros por carril ancho.

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Por una loma despejada de arbolado, en compañía de bojes y erizón, la senda desciende a la vista de las casas del pueblo con el paisaje de la sierra como decorado de fondo.

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La entrada al pueblo coincide con el arranque del camino hacia Matidero, uno de los muchos que salen de Bibán, todos bien señalizados, y que en esta ocasión marca una hora de trayecto hasta la aldea del Sobrarbe. Hay una charca cercana donde se oye el croar de las ranas, en esta primera agrupación de casas o barrio de los dos en que se divide Bibán. El situado más abajo presenta algún edificio arreglado como cuadras para el ganado, en un conjunto bastante grande en comparación al resto de aldeas deshabitadas de la redolada, o al menos de los que hemos visitado durante la jornada. También hay otro poste indicador para enseñar el camino que marcha a Miz.

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La ruta continúa hacia la última parte del recorrido circular, en el regreso a Bara siguiendo el curso del Alcanadre, pero antes surge la oportunidad de visitar una de las mejores pozas que regala este río a los senderistas y veraneantes. Se trata de bajar durante diez o quince minutos por el camino a Binueste, en un tramo donde se pierden más de cien metros de desnivel que a la vuelta habrá que acumular en subida. Esfuerzo liviano, ya que por suerte el trayecto se realiza en su mayor parte bajo la umbría del pinar, y en caso de apretar el calor, qué ocasión para zambullirse en esta badina de proporciones olímpicas, circular y profunda, con una playa de roca amplia para tumbarse a la bartola.

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El no bajar a la anterior poza tampoco supone una pérdida irreparable o dejar atrás la postrera opción de baño. Durante el trayecto de bajada a Bara serán muchas las ocasiones de darse un chapuzón o refrescarse en las badinas del Alcanadre. De momento, la senda desciende entre tapiales y quegigos, hasta vadear el cauce del barranco de Baivals, y llegar mas adelante a la altura de una fuente señalizada. Este desvío conduce rápido al lecho del río sin distinguir un manantial de agua por ningún lado.

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El bosque de pinar que habita en la margen del río, convierte este tramo de bajada en un paseo delicioso y agradable, con el tapiz del musgo sobre las rocas y el rumor cantarín del Alcanadre como música de fondo. Abedules de fuste alto y matas de acebo también se dejan ver por esta umbría.

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El sonido del río constituye la mejor referencia para adivinar la presencia de una badina. El follaje del arbolado tapa en muchas ocasiones el curso del Alcanadre, y en función del ruido, se trata de adentrarse por la espesura en busca de los rincones con mayor caudal. Hasta existen senderos medio escondidos entre el boj, que te llevan a descubrir pozas sugerentes con cascada incluida.

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Las incursiones en busca de pozas en el Alcanadre puede ser un motivo de divertimento, aunque en algunos tramos el camino muestra claramente el curso del río con sus saltos y badinas.

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La senda avanza siempre por la margen izquierda orográfica del río, unas veces cerca del barranco y en otras alejada del cauce, sin oír su rumor y con ligeras subidas por dentro del pinar. Aparece algún poste para confirmar la buena dirección, pasando por breves tramos de roca lisa, hasta descender mediante un giro pronunciado a la orilla del Alcanadre. Es el momento de vadear las aguas que según su caudal, obligan a descalzarse o sólo a probar la membrana impermeable de las botas.

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En la otra orilla, avanzamos un trecho en paralelo al río, en un llaneo que mas adelante se interna en el pinar y alcanza la bifurcación con el camino a Binueste, poste indicador. Luego viene el cruce del barranco de Pallaruelo, con su lámina de agua cubierta por una superficie verdosa de algas.

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La parte final de la excursión discurre junto al río Alcanadre, con la oportunidad de acercarse a su cauce para descubrir nuevas badinas, como la formada tras una pequeña represa adornada de carrizos. Otras pozas requieren de un acceso mas laborioso aunque resultan muy tentadoras para descansar de las fatigas de la excursión.

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Sólo queda la visita al molino restaurado de Bara para concluir la vuelta circular de la excursión. El edificio se halla cerrado pero un panel informa sobre los usos y construcción del molino, pudiendo observar el antiguo rodete en la bóveda del cárcavo que con sus giros conseguía moler el trigo.

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El desvío a Miz tomado a la mañana nos devuelve a terreno ya pisado, a las afueras de Bara que como pueblo tiene una carencia importante, además de ser la única pega o inconveniente de la excursión. La ausencia de bar para tomarse unas cervecitas al solecito de la tarde. Privaciones que comporta el aislamiento rural. No se puede tener todo en esta vida.

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