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Senderismo Congost de Mont-rebei y Altimiris por klaus -- 14/11/2016
Jornada: (Una) --
(1075 visitas)
  • Zonas: ,
  • Duración sin descansos: 04:00
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Muy facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 1
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 530 metros
  • Desnivel de bajada: 530 metros
  • Distancia: 13500 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


Congost de Mont-rebei y Altimiris  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Dentro del espacio natural del Congost de Mont-rebei existen alternativas de excursión distintas a la muy popular, concurrida, y clásica ruta por el interior del tajo esculpido por el Noguera-Ribagorzana. El tramo del Congosto es uno de los lugares de mayor atractivo de todo el prepirineo, una foz impactante por la estrechez de sus paredes verticales que atraviesa un camino aéreo y vistoso excavado en la roca. Cualquier persona puede visitar el enclave natural porque el paseo es breve y sencillo, siendo normal encontrarse con turistas de todo tipo y condición. Una afluencia de visitantes que en su gran mayoría, o por falta de tiempo o de curiosidad, ignora el resto de caminos señalizados que se adentran por otros lugares de interés del entorno. Es el caso de una excursión circular por la margen izquierda del Noguera, de media jornada, que permite descubrir rincones de gran encanto forestal como el bosque de la Obaga Gran y el yacimiento arqueológico de Altimiris. Y con la oportunidad de acabar también por dentro del Congosto cuya visita es siempre una tentación.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio, aparcamiento del Congost de Mont-rebei, a 530 metros.
-duración, de 4 a 4:30h, en total.
-desnivel, 600 metros de subidas y bajadas.

DESCRIPCIÓN:
de Puente de Montañana una carretera estrecha con algún que otro desvío lleva al aparcamiento del Congost. Muchas indicaciones y paneles de información, ademas de un centro de visitantes que en este Lunes de mediados de Noviembre permanecía cerrado. No fue una sorpresa tener a primera hora de la mañana todo el aparcamiento entero a mi disposición, aunque de vuelta por la tarde me llamó la atención la cantidad de autos estacionados para ser un día laborable; una muestra de lo popular y famoso que es el paseo del Congosto. Los retazos de niebla que campaban sobre la cola del embalse de Canelles pronto se disiparon para dejar una mañana de cielos azules.

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Cada una de las rutas señalizadas por la zona lleva asociada un número entre el 1 y el 4 y son trayectos que vamos a enlazar en nuestro recorrido circular, con el airoso final del camino del Portell, de cuya historia y construcción se revelan datos a leer en un panel cercano al centro de visitantes.

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Un grupo de burros triscaban en un campo electrificado a la vera del camino, cuyo inicio se encuentra adornado con barandas de madera y una pasarela a fin de cruzar un reguero de cauce seco. En la otra orilla del páramo en que se convierte el lecho del Noguera-Ribagorzana cuando escasean las lluvias, se alzan por encima de una muralla rocosa dos edificios relevantes y de silueta destacada: la ermita de la Mare de Déu del Congost y la torre del castillo de Chiriveta, ambas construcciones de estilo románico y de muy recomendable visita desde el pueblo.

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La primera bifurcación del recorrido se halla como todas bien indicada por un poste indicador. Dejamos para la vuelta el camino que va al Congost por la orilla del embalse, si el agua lo permite, para tomar el de les Tarteres que nos conducirá de manera mas directa al inicio del recorrido número 4. Un nuevo puente de madera salva otra barranquera seca.

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Tras una recta larga y en subida, se alcanza el desvío que nos interesa hacia la Plana de Mont-rebei por el barranco de la Obaga Gran. Nada mas tomarlo aparecen las primeras pinturas de color verdiblanco que harán de guías durante todo el recorrido hasta estar de vuelta en el camino del Portell. Echando la mirada atrás, se observa el puente colgante sobre el barranco de Sant Jaume que cruzaremos de regreso al aparcamiento, y la cara norte del Montsec de Estall, la única de esta alargada cadena montañesa que se encuentra en territorio aragonés, cubierta por un denso arbolado.

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El sendero avanza a media altura ofreciendo una vista frontal de las tupidas laderas del barranco de Sant Jaume, y de la falda norte del Montsec de Ares cayendo sobre la angostura de la Obaga Gran; por esos bosques discurre la continuación de nuestra ruta que enseña rincones de gran belleza forestal.

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Un par de curvas cerradas hacen perder altura de forma rápida, mientras el arbolado de quejigos y carrascas se torna mas denso y cerrado. El barranco de Sant Jaume presenta en su orilla derecha unos pináculos de roca bajo los que pasa nuestro sendero.

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De hacer la ruta en Otoño, a la belleza natural del bosque habrá que sumar las distintas tonalidades de ocre en las hojas marcescentes de los quejigos, árbol predominante en estas umbrías de Mont-rebei.

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El caudal del barranco de Sant Jaume aparecía seco esta mañana, con un par de charcos y con la sorpresa de tener que andar un rato por el angosto lecho, yendo aguas abajo por una superficie de roca pulida y pequeñas marmitas. En seguida el sendero escapa por la otra orilla, con un cable de seguridad a fin de no resbalar por el talud rocoso.

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Una vez cruzado el barranco, viene una cuesta en línea recta entre pies amusgados de boj y quejigos, en un ambiente fresco de verdor que en invierno, dada su exposición, recibe muy pocas horas de luz. Mas arriba, junto al camino y sin ningún tipo de protección, aparece un boquete vertical que semeja la entrada a una sima o cueva, o tal vez un túnel para la construcción del embalse. Vaya usted a saber...

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Dada la espesura del arbolado, el trayecto ofrece pocas ocasiones para divisar el paisaje inmediato a las faldas de los barrancos, o el panorama lejano a las montañas del Pirineo. Momentos para bajar el iso de la cámara y lucir angular.

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Tras un giro a izquierdas de vista despejada, el sendero traza una serie de lazadas en bajada hasta desembocar en el barranco de la Obaga Gran, hermano y tributario del ya conocido de Sant Jaume. El siguiente tramo regala los momentos de mayor belleza forestal de todo el recorrido.

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Líquenes, musgo, oreja de onso, madreselva, yedra, sauces, boj, avellano, quejigos, y un sinfín de especies que sería arduo de nombrar para una de las mejores representaciones de bosque mediterráneo que ha visto quien sus escribe. Foresta de clima mediterráneo húmedo y con influencia continental, un bosque autóctono de ramaje tan enmarañado que a veces parece selva. Si añadimos la carencia de luz en esta Obaga, umbría en catalán, o lo que vendría a ser un Paco en aragonés, se entiende la dificultad de sacar fotografías decentes o claras del paraje. Mejor ir para comprobarlo.

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A pesar de la densa vegetación el seguimiento del camino no presenta dificultades, siempre en línea recta por el fondo de la vaguada donde el agua brilla por su ausencia. Las pinturas verdes y blancas, junto a balizas de madera, ayudan a salir del barranco por su margen izquierda orográfica. El fin del paseo forestal y el inicio de las cuestas venideras.

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El quejigar no cesa y tampoco lo hace la pendiente sostenida que cobra altura a base de lazadas. Unos 250 metros de desnivel positivo en corta distancia para sudar a gusto, hasta alcanzar un cruce señalizado por los indicadores típicos del prepirineo catalán.

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Al planificar la ruta en casa, contemplé la opción de empezar en el pueblo de Alsamora con idea de ir por el camino que lo une con el Congost de Mont-rebei para después efectuar el recorrido circular entre el barranco de la Obaga y Altimiris. La sorpresa fue ver la duración del trayecto entre el cruce y el pueblo según refleja el poste indicador: 3 horas y 25 minutos de caminata que en nada concuerda con la poca distancia que nos separa del pueblo. Supongo que la estimación estará equivocada a no ser que el camino de cincuenta mil vueltas por los contornos de Alsamora. En cualquier caso nos podemos acercar a la Plana de Mont-rebei, a 10 minutos del cruce como indica el cartel. Uno esperaba una plana, una pradera abierta de grandes vistas; incluso algunos mapas señalan un mirador en la zona, pero en realidad es una altiplanicie cubierta de sabinas y quejigos, y con muchos postes de madera anunciando el camino hacia Alsamora. El mirador parece ser un pequeño claro en el que se despeja el panorama al Norte.

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Después de dar un garbeo por el supuesto mirador y plana de Mont-rebei, regresamos al cruce de caminos para tomar la dirección al Congosto por Altimiris, a poco más de una hora según un cálculo, ahora sí, bien ajustado a la realidad. Un breve tramo en descenso con vista diáfana hacia la comarca natural de la Terreta, con la muralla de la sierra de Sant Gervás elevándose sobre los campos de cultivo, para atravesar un portillo estrecho entre rocas y llegar al antiguo asentamiento tardoromano de Altimiris.

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Del antiguo poblado, el elemento más destacable a la vista son los cimientos del templo religioso, de nave única orientada al este y ábside en la cabecera del altar. Desde el año 2004 se están realizando trabajos de investigación arqueológica en el yacimiento, como se comprueba viendo el material esparcido por los alrededores y un profundo agujero excavado junto a la iglesia. A día de hoy la zona parece en obras y es de desear que los trabajos concluyan para adecentar este presunto monasterio de época visigótica.

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Si los restos del poblado de Altimiris estimulan la curiosidad por saber cómo vivían nuestros antepasados, el entorno ofrece un par de balcones para ensanchar la mirada, tanto al Pirineo gracias a un otero evidente, como al desfiladero del Congosto si nos abrimos paso entre las carrascas que bordean el yacimiento por el sur.

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El camino inicia un prolongado descenso desde la iglesia de Altimiris, bien indicado por las pinturas y balizas de madera, a través de un bosque denso de carrascas. La traza describe numerosos giros para hacer llevadera la pendiente, con alguna oportunidad de divisar el paisaje entre el follaje del arbolado, en concreto al pasar junto a un crestón de caliza al que encaramase con cuidado.

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La senda enlaza con la pista del Congosto en un cruce bien señalizado. Dada la cercanía al camino que atraviesa el Portell entre las paredes de la Garganta, su visita resulta el mejor cierre para nuestra ruta, admirando la verticalidad del tajo desde la repisa estrecha y aérea que recorre el Congost a lo largo. La sirga anclada a la pared del camino dará confianza a la gente propensa al vértigo, y también ayuda en los momentos donde las personas que van se encuentran con las que vuelven en un espacio estrecho que invita al acercamiento mas que a la caída al precipicio.

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Sea cual fuere de largo el recorrido por dentro del Congost, un mero paseo o un trayecto mas extenso para ver las murallas al Sur de la Garganta, llamadas la pared de Cataluña y la de Aragón, se vuelve por el mismo camino hasta la atracción del puente colgante sobre el barranco de Sant Jaume. Un cartel advierte de no hacer el saltimbanqui durante el trayecto por la pasarela, ni de cargarla con el peso de mucha gente, pues la estructura metálica ya se cimbrea con facilidad sin necesidad de hacer el ganso.

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Justo después de atravesar el puente bamboleante, aparece la bifurcación entre el camino de les Tarteres y el que avanza mas pegado al embalse. Esta última opción fue la escogida para regresar al aparcamiento, por un carril ancho que mantiene altura y muestra en la distancia postales de la entrada al Congost.

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