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Senderismo Muarra - Gargantas del Calcón por klaus -- 20/09/2017
Jornada: (Una) --
(566 visitas)
  • Zonas: Prepirineo de Jaca — Serrablo — Guara — Riglos,
  • Duración sin descansos: 06:00
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 1
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 900 metros
  • Desnivel de bajada: 900 metros
  • Distancia: 16200 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


Muarra - Gargantas del Calcón  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Como alternativa a la ruta clásica de ascenso al Tozal de Guara desde la Tejería, la que atraviesa la garganta de la Fabana o del Calcón, existe también el camino llamado de la Muarra. Esta vía accede a la cima de la montaña por la canal de Abadejo, un tobogán inclinado, cubierto por una pedrera rápida y deslizante de bajar pero sufridora y causante de penurias si la afrontamos en subida. El inconveniente de emprender el descenso por esta ruta no es tanto el resbalar por las piedras como encontrar el camino que prosigue barranco abajo, está muy perdido y atraviesa un terreno vestido de matorral bajo y pinchudo por el que sacar números para hacer el jabalí. Dependerá de cada uno el asumir estos inconvenientes a la hora de planificar su itinerario por la zona. Aquí se describe la excursión circular de subida por Abadejo hasta la base de las pedreras, para luego conectar con el camino mas habitual y marcado procedente del Raso de los Hongos y las Gargantas del Calcón. Esta vez, como ha sucedido en tantas ocasiones, no se culminó con el ascenso a la cima del Tozal, y a cambió visité la desapercibida y menuda cumbre del pico de la Ronera.

DATOS TÉCNICOS:
-la Tejería a 915 metros de altitud.
-duración, de 6h a 6:30h en total.
-desnivel, 900 metros de subidas y bajadas.
.pico norte de la Ronera a 1636m.

DESCRIPCIÓN:
antes de llegar a Aguas viniendo desde Coscullano sale el desvío hacia el embalse de Calcón y la ermita de San Cosme y San Damián. Hasta las casas del pantano la carretera está asfaltada y atraviesa campos de almendros, luego en la rotonda se deja el ramal que va a la presa para seguir por la pista de tierra. El firme se halla en buen estado para conducir sin contratiempos, pasando junto a la casa de Estebañón y llegando al fin del tramo rodado en el aparcamiento de la Tejería. Hay seis plazas habilitadas para dejar coches, espacio pequeño al que sumar cuatro o cinco sitios improvisados en los aledaños, sin que molesten al acceso de las pistas restringidas que parten desde la explanada. Varios indicadores marcan la dirección al embalse de Vadiello, y otros al ramal que marcha hacia el Tozal de Guara y otros destinos.

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Después de atravesar una ladera con terraplén en caída, el sendero se adentra en el bosque de pinar. Es un llaneo cómodo y suave para entrenar las piernas, a través de un pasillo asombrado por las copas de los árboles, cuyos troncos aparecen dispuestos en largas hileras a los lados del camino.

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La primera media hora hasta llegar a la ermita de la Fabana discurre sin apenas tramos en subida, bajo la umbría del pinar y cruzando un afluente pedregoso del río Calcón, seco en este día. Hay algún promontorio junto a la senda para otear el paisaje verde de fronda, con el azul del embalse destacando bajo las paredes del Tozal de Verdolo.

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En aquella mañana de mediados de Septiembre, a la vuelta, descubrí en esta parte del camino a una serpiente que de seguro se apercibió antes de la mía presencia, quedándose paralizada, en actitud defensiva, con la oportunidad de sacarle varias fotos como si estuviera posando. Por supuesto tiré de zoom no fuera a darle por reaccionar cual famoso airado por invadir su intimidad, y sacará el veneno que pudiera llevar dentro. Mas adelante no vi a mas reptiles de esta clase a pesar de que la ruta pasa por el llamado Raso de las Víboras; sólo atisbé a un sarrio rápido y esquivo a mi cámara que salió escopeteado.

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Antes de llegar a la ermita de la Fabana, me asomé a un saliente con paisaje despejado hacia la vertiente sur del Tozal de Guara. En la imagen superior se distingue el marcado surco que deja la pedriza de la Canal de Abadejo, y el barranco situado justo debajo y enmarcado por los escarpes rocosos. También se ve el edificio de la ermita, integrado con otras construcciones mas modernas, en franca y galopante ruina que amenaza con derrumbe si no se pone remedio. Entrar ahora mismo a su interior es jugarse el físico ante lo endeble y frágil de su estructura. Una pena porque la ermita tiene detalles hermosos de su origen románico, como el ábside y un ventanal geminado en la torre que por sí mismos merecerían cuidados, a parte de ser lugar de paso y referencia en esta zona sur de la sierra de Guara.

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El camino se transforma en pista al dejar atrás la ermita, en un tramo en bajada que a la vuelta se convertirá en repecho postrero y penoso, hasta desembocar junto a la orilla del río Calcón. Varios postes señalan la continuación de la ruta hacia las Gargantas y el collado de Petreñales, en lo que será nuestro camino de regreso, y otro indicador anima a vadear el cauce del barranco, para salir de inmediato por el sendero llamado de la Muarra.

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Ignoro el significado o la razón de llamar así, Muarra, a este sendero que se adentra en el barranco de Abadejo, rodeado desde el primer momento por una vegetación densa que a ratos invade la traza del camino. Por este motivo y frondas venideras se aconseja el uso del pantalón largo a fin de evitar los pinchazos del matorral mas hiriente, compuesto de zarzas, erizones y aliagas. Ante tal espesura no hay mucha ocasión para equivocar el rumbo, a pesar de lo exiguo de la senda.

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Es de esperar que si el camino está señalizado las autoridades del parque natural lo cuiden de vez en cuando para mantenerlo practicable; incluso sería de agradecer los trabajos para afianzar y marcar un trazado claro en la cabecera superior del barranco, antes de llegar a la pedrera, porque a día de hoy la ruta se encuentra muy perdida por esa zona. De momento, en el curso inferior del barranco de Abadejo, la senda se dibuja clara entre el matorral, en compañía de pinos y carrascas, atravesando una foz ancha enmarcada por escarpes verticales. En una de esas murallas, en la otra margen del torrente, y formando parte de las Peñas de los Castellones, veremos una oquedad grande en lo que parece la entrada a una cueva.

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Dejada atrás una rampa pedregosa con vista frontal hacia las pedreras del Tozal, el sendero torna a la espesura del bosque y llega a un giro donde poner atención. Unas ramas dispuestas de manera transversal y unos mojones de piedras invitan a torcer a la izquierda para emprender una corta bajada hacia el lecho del barranco de Abadejo. El torrente lleva caudal hasta en estos días de sequía post-estival, y será necesario vadearlo en un rincón umbrío donde crece uno de los muchos tejos que tendremos ocasión de ver durante la ruta.

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Si hasta el momento la senda ha mantenido una pendiente liviana de subida, a partir del cruce del barranco la inclinación aumenta mucho en cuestas que no dan respiro. Altos bojes y carrascas adornan el camino para mitigar un pelín los sudores venideros.

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Aquellos peñascos que se veían en la distancia cobran protagonismo al pasar junto a ellos, quedando muy cerca a mano izquierda del camino, y si prestamos atención se vislumbra el perfil de una gárgola gótica sobre el pináculo mas esbelto, familia lejana y reproducción a escala de la Cadireta de Montserrat.

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Mas adelante nos podemos encaramar a un saliente rocoso mediante una trepada corta y fácil, en una atalaya de vista aérea sobre las angosturas del barranco de Abadejo. La vegetación cerrada sigue vistiendo a un camino que parece acabarse por momentos hasta desembocar en el claro del Raso de las Víboras.

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Buen momento y lugar para hacer un alto y tomar un refrigerio. Llevamos dos horas o casi de trayecto y el camino en adelante ofrece pocos instantes de respiro y descanso. Delante asoma toda la larga pedrera de la anchurosa canal a cuya base debemos llegar, el cómo lo dictará el tino y la suerte de acertar con el rumbo menos infestado de matorral. La senda atraviesa el llano y pronto cruza a la otra orilla del torrente, en un vadeo con manantial que es difícil de ver seco. Los mojones de piedras van ser la referencia a seguir en el próximo tramo.

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En medio de la vegetación reinante una cárcava en en el lecho del barranco parece el terreno mas factible y despejado para continuar la marcha. Así lo marcan también los hitos de piedras, en una línea que asciende por la derecha de la depresión hasta meterse de lleno en la muralla de bojes.

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La exigua senda se mete de lleno en la espesura del matorral de bojes y pinar, dando la impresión de que a cada paso la encerrona va en aumento y no va a haber salida, pero la traza del camino todavía aguanta, y a base de los hitos existentes y de otros que sin duda colocaremos en nuestra titubeante marcha, las probabilidades de superar este tramo tan cerrado aumentan.

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Mas arriba la situación se aclara un pelín aunque el terreno se vuelve mas agreste. Ya no hay arbustos tan altos como para emboscarse, a cambio afloran en superficie las grietas de la roca caliza junto a unas rampas de piedra suelta arduas de remontar. Los mojones se dispersan por la amplia ladera, a veces ocultos por las matas de boj, y dibujan varios rumbos o hileras a seguir.

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Quien sus escribe, a estas alturas, tenía claro que se estaba alejando en demasía de la vaguada central del barranco, y por ende de las pedreras de la Canal de Abadejo que marcaban el destino de la ascensión. Los hitos tiraban recto hacia arriba por la ladera a la derecha del barranco, y era ya momento de trazar una diagonal en busca del vallejo situado bajo la pedrera. Por suerte atisbé con mi vista sagaz el rastro de una trocha que marchaba en esa dirección, y hasta encontré hitos de piedras para confirmar la buena decisión.

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La ladera poblada de un manto compacto de erizón hace engorroso el avance, pero tampoco llega al extremo de agobiar, siempre se encuentra alguna fina trocha que atraviesa el matorral. En la distancia se vislumbra un poste indicador situado en medio de la pedrera, como un faro al que dirigirnos ante la ausencia de un camino definido. Al tomar contacto con el tobogán de piedras se hace patente lo criminal de subir to tieso por la cascajera, por contra de bajada lo normal sería tirar recto hacia abajo sin salirse del canchal pedregoso.

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De emplear la canal y el barranco de Abadejo como vía de descenso desde el Tozal de Guara, habría que asumir el inconveniente de ese tramo montaraz entre el fin de la pedrera y la campa del Raso de los Hongos, supongo que empleando una línea de hitos distinta a la llevada en este día. Una vez junto al poste indicador todo parece mas claro. Un sendero avanza a media ladera y de forma llana hacia el siguiente indicador, en el cruce que viene del collado de Petreñales y asciende por la ruta tradicional a la cima del Puntón de Guara.

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Apenas cinco minutos de trayecto separan las pedreras del camino procedente del collado de Petreñales. Aquí hubiera sido el momento de acometer el ascenso final a la cima de Guara, pero las fuerzas iban justas y preferí un buen descanso en unas campas aledañas para luego bajar con tranquilidad. La cumbre tendrá que esperar a otro día, de los muchos que vendrán. La bajada se halla bien marcada entre la alfombra de erizones, sortea un escarpe rocoso mas inclinado y accede a otro rellano herboso.

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Muy cercana a la plana herbosa que atraviesa el camino se levanta una cota muy modesta a la que se podría denominar como pico norte de la Ronera. A ella me dirigí a través de una ladera vestida de matorral, por supuesto formado por bojes y erizón, vegetación de poco estorbo a fin de alcanzar el hito cimero en escasos cinco minutos desde la campa.

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Esta supuesta Ronera Norte no alcanza a ser una alternativa digna ante el renuncio de ascenso al Tozal de Guara, ni paliativo ni sucedáneo para aquellos que albergan el prurito y la desazón de no haber logrado el objetivo, pero si bajamos nuestras pretensiones será un buen otero para disfrutar de las vistas hacia la cara este del Fragineto y su larga cresta de la Ronera, al bosque que habita en el barranco de las Valles, y a la estética vertiente que ofrece el Tozal de Guara por este lado.

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El corto añadido de la visita a la Ronera Norte sirve para apercibirse de lo quebrado del paisaje de Guara, además de ver un buen tramo del recorrido que vamos a efectuar en la bajada. De nuevo en el camino, un paseo por dentro del pinar conduce hasta la plana del Raso de los Hongos, apacible campa con un peñasco sobresaliente de difícil ascenso.

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Tras cruzar la pradera el sendero se adentra de nuevo en el pinar, en busca del collado de Petreñales del que nos separa un corto desnivel en subida. Sin necesidad de acometer las cuestas y abreviando, sale por la izquierda el atajo conocido con el significativo nombre del Revientachulos. Hay un par de mojones de piedras como señales en el inicio del desvío. Un poco mas allá en dirección Petreñales se halla la fuente del Chinebro, de abrevar complicado pues es surgencia a ras de suelo y salvo en épocas de lluvia mana con poca agua. El árbol que da nombre a la fuente, el enebro, está algo escuálido.

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El alcorce del Revientachulos no es tan fiero ni temible como lo pintan, al menos en bajada. La pendiente se inclina en algunos tramos pero sin llegar a quebrantar nuestra chulería y donaire. Se alternan partes por la umbría del bosque con otros mas abiertos donde observar el valle que nos conducirá a la entrada de las Gargantas del Calcón.

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Viendo algún tejo de tronco recio, de los muchos que salpican el bosque, la senda se interna en un barranco umbrío y musgoso que no tarda en empalmar con el camino de Petreñales, en un cruce con poste indicador.

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La traza del nuevo camino está mejor marcada que el atajo anterior del Revientachulos, no en vano es la ruta habitual de subida a Guara por su veritiente sur. Un descenso cómodo y suave bajo el follaje de distintas especies, como el pino silvestre, tejos, acebo, tilos, y encinas en la parte baja y mas soleada del barranco de las Valles.

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La bajada puede resultar demasiado larga y tendida si venimos desde la cima del Tozal, pero hoy al reducir la jornada se transforma en un paseo agradecido por el bosque, atravesando pequeños claros con vista a las agujas del Fragineto y al cuello de Lizana. Precisamente un nuevo indicador señala el desvío a ese collado, ya en las inmediaciones del portal de entada a las Gargantas de la Fabana.

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Antes de llegar al desvío de Lizana ya habremos cruzado por vez primera el cauce del río Calcón, aunque será unos metros mas allá cuando se entra de lleno entre las altas paredes de la Garganta. El tajo resulta espectacular por su ambiente rupícola y salvaje, con el fluir del río y su lecho haciendo de camino. Durante varios tramos será necesario andar sobre las aguas, y en función del caudal que baje por el Calcón habrá que chapotear con soltura o mojarse hasta la pantorrilla.

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A finales de un verano tan seco como este del 2017 el cauce del río presenta una aspecto triste, sin nada de agua en muchos tramos de su curso, lo que por contra facilita la tarea de avanzar por el interior de la Garganta. En otros días habrá que poner mas cuidado, en especial tras un periodo de lluvias o en primavera, cuando el torrente baja con fuerza y obliga a descalzarse o tomar otras medidas para mantener en seco las botas y calcetines. Servidor recuerda ocasiones pasadas de llegar a la Garganta de la Fabana y pegar la vuelta, ante la bravura de una corriente que oponía demasiada resistencia. En este caso, siendo el recorrido de la excursión circular, no queda otra que atravesar el tajo y asumir los riesgos de la atracción acuática.

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Inmersos en la vegetación rupícola y acuática del estrecho, entre altos torreones de piedra y cruzando en numeras ocasiones el cauce del torrente, la senda abandona el ámbito de la Garganta bajo la sombra de las carrascas. Mas adelante se convertirá en una pista, que en suave descenso nos llevará hasta el cruce visto a la mañana, en el desvío al camino de la Muarra. Sólo restará volver a la ermita de la Fabana y al apacramiento de la Tejería para concluir este entretenida ruta por las profundidades de Guara.

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