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Senderismo San Martín del Alcanadre por klaus -- 15/12/2015
Jornada: (Una) --
(4491 visitas)
  • Zonas: Prepirineo de Jaca — Serrablo — Guara — Riglos,
  • Duración sin descansos: 06:00
  • Meteorología: Sol
  • Dificultad: Facil
  • Días: 1
  • Num. Personas: 1
  • Tipo: Senderismo
  • Desnivel de subida: 900 metros
  • Desnivel de bajada: 900 metros
  • Distancia: 16000 metros
  • Agua:
  • Observaciones:
  • Gps: Sin fichero GPS


San Martín del Alcanadre  
Croquis Sui Generis
Croquis Sui Generis
Desde el pueblo oscense de Morrano se puede planificar una salida para conocer tres lugares de gran atractivo, a saber: el castillo de Naya, la ermita rupestre de San Martín del Alcanadre, y el huevo. Según las ganas y el tiempo es posible la visita de cada uno por separado, combinar dos, e incluso hacer un recorrido mas largo que permita ver los tres. Aquí se propone esta última opción, mas completa, pero con un desnivel de subidas y bajadas a tener en cuenta. Estamos en la zona sur del parque de Guara y los muchos barrancos que surcan su geografía exigen esfuerzo en las cuestas, y también en los descensos. En la ruta se alternan tramos de pista con otros por sendero, en general bien señalizados y sin mucho problema de orientación. La mejor época para realizar la excursión es cualquiera sin que haga demasiado calor; el baño en las pozas aledañas a la ermita de San Martín aliviarían poco de la chicharrina en el resto de la jornada.

DATOS TÉCNICOS:
-inicio, en Morrano a 660 metros de altitud.
-duración, en torno a las 6 horas en total.
-desnivel, 900 metros de subidas y bajadas.

DESCRIPCIÓN:
el auto se puede dejar al comienzo de la pista que parte de las inmediaciones de Morrano. Un conjunto de paneles informan al visitante sobre el descenso del barranco de la Peonera, accesible desde la pista por donde echamos a andar en dirección Norte.

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Al poco de caminar una señal avisa de que está prohibido entrar con vehículos de locomoción a la pista. De frente vemos la loma que será necesario remontar en la primera parte de la ruta y una marcada trocha por donde bajaremos. Ahora la pista avanza entre campos de labranza, alguno con una torreta de maderos como puesto de caza, y un poco mas adelante se pasa una barrera que por lo general está subida.

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En ligera bajada la pista deja un primer ramal a mano izquierda que supongo se dirige hacia el barranco de Tresuns, un circo rocoso por donde cae un cascada de 45 metros de altura que es difícil de ver con agua. No pongo foto de este cruce pues la foto me salió muy movida. Un poco mas adelante, sale también por la izquierda un marcado sendero que ahora sí tomamos. Hay un poste indicador con la inscripción de barranco de la Peonera. La senda se halla bastante cerrada de matorral bajo, coscojas, y pronto cruza el lecho seco del barranco.

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Como se ve en las imágenes, la vegetación amenaza con tragarse la senda en varios tramos donde se aconseja el uso del pantalón largo. Aun así, la traza del camino se intuye bien en un terreno en el que crece el boj, la aliaga, el enebro, romero, erizón, la clásica flora del clima mediterráneo con exposición solanera. A base de lazadas iremos ganando altura.

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Algún mojón de piedras, mas bien pocos, aparecen para dar confianza a nuestros pasos mientras subimos por una ladera pedregosa, un terreno áspero que es frecuente hallar en el parque de Guara. La traza del camino se difumina un poco en varios lugares, con otras veredas que salen entre el matorral, pero la intuición nos llevará por el buen rumbo hasta un objetivo claro, al pie de un saliente rocoso de paredes anaranjadas. La altura ganada nos abre un paisaje amplio al pinar de Morrano, del que sobresale un peñón altivo, el huevo.

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Al pie del resalte de roca se aconseja tomar un camino que sale recto hacia los Tozales anaranjados situados delante. La traza del sendero desaparece pronto aunque es fácil seguir hasta una oquedad en la base de la pared. Parece la entrada a una cueva; en algunos mapas aparece una en esta zona con el nombre de los Curas. Desconozco si será esta u acaso otra. En todo caso se trata de bordear la muralla, a media ladera por trochas de ganado, hasta obtener una vista diáfana del barranco de Trensus, un circo de tozales y paredones digno de verse y que bien merece salirnos un poco de la ruta prevista.

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De nuevo en el camino principal, la senda asciende por la base de la pared y vuelve a un terreno infestado de matorral bajo, coscoja, aliaga, brezo, y algún pequeño grupo de carrascas. Por ese manto de vegetación pinchuda se abre paso una senda de trazado incierto, es la loma del Paco Naya donde el estrecho camino se orienta hacia el este en busca de la pista. Es un tramo difuso en el que estar atento a no perder la traza entre los arbustos. En la conexión con la pista de tierra no hay, o al menos no había en este día, señal alguna que marcara este desvío.

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Una vez en la pista hay que continuar hacia el Norte, por la izquierda. Nos hemos incorporado al camino natural del Somontano de Barbastro, muy bien señalizado por balizas de madera y mojones que indican cada kilómetro del recorrido. Delante se extiende la llanura del valle de Rodellar, surcada por el río Alcanadre entre la sierra de Arangol al oeste y la de Balced al otro lado. Un paisaje de campos, bordas, pocos pueblos y el telón de fondo del barranco de Mascún y las tres Sorores.

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Por desgracia la pista del camino natural presenta un tramo en descenso pronunciado que será necesario subir a la vuelta. Una pérdida cercana a los 200 metros de desnivel durante la que asoma el Tozal que alberga el Castillo de Naya. Un panel de información en la linde de la pista explica la historia de esta fortificación natural, enclave militar para defender el reino de la cristiandad contra los moros, del que ahora pocos restos quedan. En 1000 años hemos pasado de usar el relieve de la sierra como bastión de guerra a enseñarlo como atracción turística; no está mal.

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Una serie de indicadores nos conducen hasta un ramal de la pista a mano izquierda, por allí subiremos hasta la base del Castillo. En el inicio de este carril destacan dos ejemplares magníficos de caxico, roble aragonés, con un tronco grueso y extensa copa formada por ramas corpulentas. Cerca se encuentra una paridera medio abandonada que aparece en algún mapa con el nombre de la Pastora. Hay pequeños campos en bancal que se despliegan por la falda del Castillo, ahora al parecer sin provecho.

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Tras la paridera sale un ramal a la derecha que nos deja junto a varios campos en terraza. Se trata de ir por el borde superior del campo más cercano al Castillo, junto al límite del carrascal hasta su esquina. Por allí asciende una trocha con varios mojones de piedras hasta la base del Tozal. Un pequeño resalte rocoso nos dejará al lado de la pared donde se ubican varios corrales para las cabras, defendidos por tapiales de piedras.

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Las repisas del Castillo se ofrecen como lugar idóneo para echar el almuerzo, al calorcico del Sol que pega sobre las paredes. Una tenue senda permite el acceso a un colladete que separa los dos tozales del Castillo de Naya, así podemos dar la vuelta al peñasco por un camino limpio de vegetación que bordea la pared. De la misma florecen unas cuantas plantas que cuelgan de la roca y cuyo nombre desconozco, aunque son muy numerosas. La forma de ascender a la parte alta del Castillo es por un resalte vertical de unos 5 metros de altura, casi imposible de superar, y arriesgado sin llevar ayuda de cuerdas o equipo de escalada. Hay unos tornillos anclados a la pared pero no sirven de nada sin otro material.

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Bajo la pared del segundo Tozal hay más corrales de piedras, con abrigos en el interior de la muralla, y un curioso pilar a modo de pozo que recoge las gotas de agua que caen por los intersticios de la roca. Ignoro si este depósito es de construcción moderna o corresponde a la época original del Castillo, pero todavía cumple con su función de guardar agua en el interior. También es interesante curiosear un rato por el entorno, si las zarzas nos dejan, para ver por ejemplo una hiedra que repta por una roca grande.

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Tras la visita al castillo toca regresar a la pista y afrontar la dura cuesta que habíamos bajado a la ida. Pasaremos por el desvío al sendero del barranco de Trensus, quedando poco para alcanzar el alto de la loma de Paco Naya. A partir de allí todo es en bajada, unas curvas cerradas nos llevan a un par de bancos de madera con sendos miradores y paneles descriptivos del paisaje, unos adornos que son frecuentes en este camino natural del Somontano, como más tarde comprobaremos.

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Bajando por la pista, a poca distancia de los bancos, se encuentra el cruce con el camino de descenso al río Alcanadre y a la ermita de San Martín. Al comienzo es una senda estrecha que llanea entre coscojas y romero, por terreno de roca caliza, que se acerca a los acantilados de la orilla derecha del barranco de la Peonera. Prestar atención a cuando el sendero gira a la izquierda porque desde un saliente de roca blanquecina se obtiene una vista aérea del tajo sobre el río Alcanadre, una vista de las que quitan el hipo. Asomarse con precaución pues la caída de 200 metros al vacío no tendría remedio.

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La visión de la ermita justo en la vertical acongoja e impresiona al mismo tiempo. Sin duda es el paisaje mas espectacular de la excursión. Apenas nos separan 150 metros de la ermita de San Martín, pero el salto no sería una forma saludable de llegar a la misma. La alternativa es un sendero que permite el descenso al río a través de la conocida como faja de Martín Juan, un camino de fuerte pendiente que baja entre gleras y encinas hasta el cauce. No tiene pasos comprometidos o difíciles, sólo algún tramo más inclinado donde ir despacio.

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Serán 200 metros de desnivel en acusado descenso, con un piso pedregoso donde poner atención para no resbalar. Cuando la vegetación de carrascas y bojes lo permita se abren buenas vistas hacia el tajo que el Alcanadre ha labrado por el barranco de la Peonera, altivos cantiles horadados por la erosión fluvial con un relieve de formas caprichoso y fascinante de observar. En el tramo final una serie de lazadas nos dejan junto a la orilla, al lado de un poste indicador.

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Quedarse con el lugar exacto por donde hemos llegado al río a fin de acertar a la vuelta. De la ermita nos separa un corto trecho en el que será necesario vadear las aguas en varias ocasiones, las orillas tienen bastante vegetación y se anda mejor por el lecho del barranco. No hay mayor inconveniente que descalzarse en los vadeos o llevar calzado de río si hacemos la excursión en verano o primavera. Es uno de los atractivos de la jornada, buscar rincones por el interior del barranco o badinas para el baño. El tramo final, siempre aguas abajo, se realiza por el margen derecho del río hasta alcanzar la pasarela metálica sobre la badina Caxico.

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Junto a la pasarela y su caxico, parte el sendero que sube al eremitorio rupestre de San Martín. Una cuesta fuerte de suelo pedregoso nos conduce hasta la base de la enorme pared que hace un rato veíamos desde arriba. Un rincón insospechado para ubicar cualquier edificio por muy dedicado al Señor que esté. Tiene un encanto natural evidente pero tal vez no sea el lugar acogedor que uno desea como hogar. Se puede entrar al interior que guarda unas pinturas murales del S.XVII restauradas. Parece que el origen de la ermita, desconocido, es bastante mas antiguo que la fecha de ese siglo.

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Se está bien en la repisa de la ermita, admirando las angosturas del barranco y el vuelo de los buitres, bajo la gran pared donde pega el Sol por la mañana y al mediodía, pero toca volver. Desde la pasarela tenemos la opción andarina de salir del barranco por la otra margen, a la carretera de Rodellar y Las Almunias, a través de la faja del Ordio o del camino de los Gradones. Esto no interesa a nuestra ruta prevista, pero son caminos a apuntar para futuras salidas y planear otros recorridos. Ahora debemos regresar por el curso conocido del Alcanadre hasta la salida del camino de la Costera, y tomar aire, porque sabemos la cuestaza que hace falta superar para salir de nuevo a la pista.

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Será difícil resistir la tentación de asomarse otra vez al mirador de vértigo sobre el barranco, antes de empalmar con la pista del Paco Naya. Por ella descendemos en un tramo de fuerte inclinación, sin sombra alguna, y con las indicaciones del camino natural del Somontano. Mas abajo nos espera la umbría el pinar de Morrano, con una caseta de piedra ruinosa en la margen izquierda de la pista, cerca ya de enlazar con el carril principal en un cruce señalizado.

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De ir faltos de tiempo o de ganas, se puede tomar la pista por la derecha y regresar al aparcamiento del coche con mayor rapidez, pero el conocimiento del Huevo es merecedor de alargar un poco la vuelta, primero a través del pinar de Morrano en un agradable paseo forestal, donde se deja un desvío indicado al barranco de la Peonera. Luego el carril finaliza en una anchura por la que se inicia el camino de subida al Huevo.

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El sendero nos deja en un colladete con una vista excelente a la torre del Huevo y a la prolongación de su circo rocoso. Es un lugar habitual para que los buitres aniden, así que su avistamiento está casi asegurado.

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Durante la mayor parte del recorrido por la base del circo hay instalada una baranda de madera; la existencia de la misma escapa a mi comprensión, porque resulta fea y perjudica el entorno natural del Huevo con adornos urbanitas fuera de lugar. Pero allí está, y la seguiremos hasta el desvío señalizado a la fuente de la Tamara. Desde luego sería una forma estupenda de rematar la jornada, con la visita a la badina de la fuente y al estrecho de los Fornazos, pero habría que contar con una hora más en total para la ida y la vuelta.

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Tras el cruce con el camino de la Tamara sigue un tramo en subida, un corto repecho que nos lleva hasta una explanada que atraviesa una pista perpendicular. Continuar recto por un carril cementado entre campos que en 5 minutos conecta con la carretera, justo enfrente del pueblo de Morrano. Ya sólo queda regresar por el margen del asfalto hasta el aparcamiento donde iniciamos esta entretenida ruta por los encantos de Morrano y el río Alcanadre.

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