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Huascaran 97
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Día 23(20 de Agosto) - Selva

Estamos esperando hasta las 3:00 en el aeropuerto. Por fin volamos hasta Iquitos donde no aterrizamos hasta las 5:00. En le vuelo hemos ido bastante dormidos, aunque el 737-200 se movía bastante.

Otra vez, en el aeropuerto nos asaltan con las agencias para ir a la selva. Le pedimos a un personaje que nos lleve a la que nos recomendaron los de Esplugas. Como era de esperar está cerrada, pues son las 5:30.
Nos dicen que conocen a un tal Moises que es muy bueno. Decidimos ir a visitarlo aunque sea alguien particular y no oficial. De la agencia a casa de Moises vamos en unas trimotos que caben tres detrás y llevan un toldo.
La casa de Moises da un poco de miedo. No tiene nada. Un frigorífico en la sala de entrada y una mesa. También hay un cachorro de perro y unas gatas con sus cachorro. Leemos el libro de Moises y nos enseña otros con fotos.
El precio final es de 90$ por persona (ósea 30 por día).

Ahora los dos personajes del aeropuerto que nos están acompañando, nos llevan a un hotel céntrico llamado Escelsior. Allí nos dejan una habitación para cambiarnos y dejar lo que no nos haga falta.
El precio está a 35 soles la habitación doble. Todo huele a humedad y es que desde que hemos bajado del avión la sensación de humedad es increíble.

Quedamos con Moises a las 9:00 en el Hotel y nosotros nos vamos a desayunar por la plaza. Encontramos menús de esos guarros pero pasamos de ellos. Encontramos una hamburguesería así en plan internacional.
Desayunamos por 4 soles/persona y pagamos con la VISA.
De vuelta al hotel nos quedamos dormidos en recpción esperando a Moises.

Sobre las 8:50 nos despertamos. Nos ponemos nerviosos pues Moises no viene. Viene otro señor que también se dice llamar Moises y que afirma que hay gente que también afirma llamarse así y que estafa a los demás.
Nos empezamos a sentir engañados pues a las 9:20 aun no ha aparecido. Parece ser que el segundo hombre Moises es padre del primero y afirma que vendrá dentro de un rato. Los nervios est´n a flor de piel, pero al final aparece Moises. Uff!!.

Vamos al puerto para hacer las últimas compras y nos dice que también nos va a acompañar un francés por un día. Allí en el puerto nos lo presenta. Se llama Regis y es un poco raro. Va con unos pantalones anchos y de colorines y unas chanclas.
Le decimos a Moises que nos queremos comprar unos machetes. El machete de unos 80 cm nos cuesta 6.50 soles y compramos cuatro.
la embarcación que viene a recogernos es una pequeña lancha con un toldo en medio.

El Amazonas es impresionante. Es gigante. Sus únicas fronteras son los árboles que se ven lejos a las orillas del río. La inmensidad del Amazonas nos impresiona realmente.

Cargamos todo en la lancha y a tirar millas. Hansi y yo vamos sentados delante fuera. El viaje dura unos 40' y desembarcamos en una de las orillas junto a una rampa de tierra con unos escalones de madera.
Hay dos gallinas vivas que son para llevar al campamento. Juanete coge una de las patas y la llevamos.

El campamento resulta estar a tan sólo un par de minutos del embarcadero. El campamento es una casa de maderas levantada a 1 metros50 cm del suelo y sin paredes. Tiene una pasarela a otra casa que resulta ser la cocina. La casa tiene un par de mesas donde comeremos.
Del embarcadero a la casa ya hemos visto un platanero con plátanos, aunque nos han dicho que están verdes.

Son las 11:00 y ya nos morimos de ganas de meternos en la selva y estrenar nuestros machetes. Por fin salimos a la selva a dar una vuelta para estar a la hora de comer de vuelta. Con nosotros van Moises guía, otro moises y Hector cocinero.
Pasamos numerosos troncos que hacen de puentes a aguas estancadas pobladas por boas y anguilas eléctricas. También vemos muchas plantas de "invernadero".
El bochorno es insoportable. Toda nuestra camiseta está llena de sudor y los pantalones también. Los panatalones se nos llenan de barro hasta casi las rodillas.
Aprendemos trucos de la selva sobre animales y plantas.

El sudor constante nos chafa totalmente y cuando llevamos sobre 2h 30' andando estamos deseando volver al campamento.
A las 14:00 comemos. La comida es a base de pescado llamado PAICHE con cebolla frita y arroz. También nos ponen pepino y tomate. Para el final la leche con café y azúcar. El pan que no falte.
Después de tantos días sin dormir la siesta es casi sagrada.

Nos tiramos durmiendo hasta las 16;45 en unas hamacas colgadas de las bigas. A pesar de la rareza de la postura, dormimos como troncos, pues llevamos tres noches sin dormir bien.
A la que nos levantamos y nos desperezamos vamos al pueblo de Cabo Pantoja que está a unos 20'.

El pueblo está distribuido alrededor de un campo de futbol de hierbas gruesas que en época de lluvias lo utilizan de piscina municipal. Las casas como las de nuestro campamento pero con paredes de madera.
Moises empleado nos lleva a casa de un amigo que tiene un oso perezoso. Es un animal de unos 50 cm con unas patas acabadas en tres uñas largas. Nos lo abrazamos.

Después sobre las 18:30 vamos a un bar. Lo de bar es un decir claro. Es una casa que venden algo y tiene una mesa.
la niña está haciendo los deberes tumbada en su hamaca.
Después volvemos al campamento a cenar. Para cenar otra vez PAICHI con YUCA. La yuca es el tronco de esta misma planta. Sabe muy parecido a la patata pero es bastante más seca. De postre hay piña. Muy buena. Tan buena que se puede comer hasta el propio corazón.

Sobre las 20:30 nos vamos a la pequeña laguna que hay a 2' del campamento a ver a los caimanes.
Aquí como todos los caminos tienen barro tienen unos troncos para caminar encima.
El sonido de la selva por la noche es increíble. una mezcla de sonidos diferentes y nuevos. Los caimanes no se ven muchos pero si los alumbra a la superficie de la laguna y se hace un barrido se pueden ver unos puntos rojos. La luna llena a través de las palmeras es también muy espectacular. Se refleja en la superficie.

Por la noche se irá el francés y nos dejará de agobiar con sus dos flautas. Las hamacas ahora están recubiertas de unas mosquiteras rectangulares. Se accede a ellas através de una cremallera y es como si entrases en una habitación pequeña.
Nos quedamos dormidos pronto. El francés se queda en una hamaca sin mosquitera. Que no le pase nada.
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